Yo estuve en el Soccer City el 11 de julio de 2010
Sentado junto a los familiares de los jugadores, nadie quería celebrar al principio el gol de Andrés Iniesta
El secreto bien guardado de Xabi Alonso antes de la semifinal contra Alemania en el Mundial 2010
Iker Casillas levanta al cielo de Johannesburgo (Sudáfrica) la Copa del Mundo 2010 que ganó España
Este domingo 19 de julio, España entera se prepara para vivir una noche inolvidable con la segunda final de un Mundial que va a disfrutar nuestro país. Más de 50 millones de corazones se unirán para apoyar a una generación de jugadores que quiere seguir haciendo historia tras la Liga de Naciones del 2023 y la Eurocopa del 2024.
Unos 85.000 mil privilegiados vivirán in situ este momento en el Estadio de Nueva Jersey en Nueva York. Deseando que Rodri Hernández levante la Copa del Mundo como ya lo hiciera Iker Casillas aquel inolvidable 11 de julio de 2010 en el Estadio Soccer City de Johannesburgo.
Ese día yo estuve allí y no como mero espectador. Responsable del IBC de prensa para Telecinco durante todo el Mundial, ese día me asignaron estar en la zona de los familiares en la grada del estadio. Y ahí que me hice un hueco. Sentado a mi lado estaban Perico Alonso y Mikel, padre y hermano de Xabi Alonso. Detrás de mi estaba René Ramos, hermano de Sergio, y la familia de Xavi Hernández y David Silva.
Recuerdo perfectamente uno de los momentos más polémicos cuando De Jong le propinó la patada a Xabi Alonso y como, incomprensiblemente, el colegiado inglés Howard Webb no expulsó al holandés. Nos levantamos todos como un resorte, empezando por su padre y hermano. Enfado mayúsculo y resignación. Y otro momento fue cuando Iker Casillas sacó de manera milagrosa el balón a Robben. La alegría se desbordó entre todos. Yo ya era uno más de la familia.
Y así llegamos a otro momento que nunca se me olvidará. El instante cuando Vicente del Bosque decidió sustituir a Xabi Alonso. Recuerdo perfectamente que no hubo ni un solo reproche ni de su padre ni tampoco su hermano.
Los nervios empezaron a incrementar hasta que llegó aquel minuto 116 ya inolvidable en el Soccer City. Cuando parecía que íbamos a los penaltis, allí apareció Andrés Iniesta para llevar ese balón a la red, el sueño de todos los españoles. En los primeros instantes nadie parecía querer celebrarlo, todos mirábamos al asistente y en fútbol que no tenía VAR. Cuando vimos que los jugadores seguían celebrando el gol, no lo dudamos y explotamos de alegría. ¡Qué momento! ¡Cuánta emoción! Alegría, lágrimas, éxtasis...
Después llegaron los momentos de los nervios pendientes del pitido final de Howard Webb. Después de 40 días de intenso trabajo, de sol a sol en el Centro Internacional de Prensa, estos 120 minutos compensaron todo. Lo llevaré siempre en el corazón como espero que volvamos a hacerlo este domingo en Nueva York.