Post-itJorge Sanz Casillas

De 0 a 10, ¿cuánto te representa esta España?

Sé que es una ñoñería decir esto con la que está cayendo, pero nuestra selección es la muestra de cuán lejos puede llegar un grupo humano cuando –con sus afinidades y diferencias– decide remar a la vez

Act. 19 jul. 2026 - 10:40

Creo que los seres humanos, si nos pidieran una lista de aquello que ambicionamos nada más nacer, coincidiríamos en el 80 % de nuestras peticiones. Salud, bienestar material, una casa más o menos amplia, una familia donde sentirnos queridos, ocio de calidad… Todas estas cosas le gustan al rico y al pobre. Al conservador y al socialista (especialmente a estos últimos, me atrevería a decir). Al trabajador por cuenta ajena y al autónomo. Al catalán y al gallego. Al zurdo y al diestro.

Por eso no entiendo por qué los partidos contemporáneos desatienden todas estas materias. Apenas se construyen casas, no se mejoran las carreteras, los trenes van más lentos que cuando los Juegos de Barcelona, se estrangula fiscalmente al que intenta ser empresario, como si eso no repercutiera en las nóminas… A cambio, tenemos lenguaje inclusivo, cambio de sexo registral y huelga de juguetes por Navidad para no «cronificar roles de género». La sensación es que llevamos 20 años largos (desde que se consolidó el Estado del bienestar) perdiendo el tiempo.

Por eso ver a la selección española me reconcilia un poquito con lo que somos. Luis de la Fuente cree en Dios, lo dice con voz audible, responde a los abucheos de un grupo de argentinos malencarados con educación. Llamó para el Mundial a 26 jugadores muy distintos. Hay un portero vasco, otro catalán y uno que tuvo que salir al extranjero para ganarse el pan y el sitio. En la defensa hay un francés con más tiros pegados que una tapia siria. Le acompaña un chico de apenas 19 años, pero que lleva en la cara una cicatriz como la de El Juli, sufrida en acto de servicio con el Barcelona. Para los laterales, Luis de la Fuente llamó a un padre de familia ejemplar, criado en azulgrana, pero que jugará a partir de agosto con el Real Madrid. Al otro lado, aunque suplente, hay un chico que cree que nos fumigan y que vive al ritmo del sol, hasta el punto de renegar de los fotoprotectores. Pero todo ello sin imponer a nadie sus gustos ni creencias.

En el centro del campo hay un madrileño que no tiene problema en gritar que Gibraltar es español, así le caiga un partido de sanción. Hace pareja a menudo con un andaluz y, a veces, con un navarro, que remata los centros de un chico que se apellida Yamal y hace ramadán. Si la cosa se pone fea, tenemos un delantero gallego que se pinta las uñas y que viste como un barbero de Malasaña.

Sé que es una ñoñería decir esto con la que está cayendo, pero nuestra selección es la muestra de cuán lejos puede llegar un grupo humano cuando –con sus afinidades y diferencias– decide remar a la vez.

Si a todos nos gusta lo mismo –comer bien, que el tren vaya rápido y que no tarden en hacerme esa resonancia magnética–, ¿qué estamos haciendo entonces?

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