¿Por qué no hacer una moción de censura?
Si Sánchez se aplaude a sí mismo después de perder una votación que le pide que se marche, ¿qué no haría ganando una que le diga que se quede? Conociendo al personaje, levantarse la camisa mientras corre por el hemiciclo
Ver a Pedro Sánchez aplaudiéndose a sí mismo después de que 177 diputados le digan que se marche podría ser una de las imágenes de esta legislatura nefasta. Sin Presupuestos y sin más programa que la amnistía y las cesiones al separatismo, lo ocurrido ayer es la confirmación televisada de aquello que avanzó en 2024: que estaba decidido a gobernar «con o sin apoyo de la oposición» o «con o sin el concurso» del poder legislativo.
A la vista de esa votación (no vinculante), cabe preguntarse: ¿tiene sentido presentar una moción de censura bajo promesa de un adelanto electoral inmediato? Ahora que hay una mayoría que ha puesto por escrito que quiere a Sánchez fuera, ¿merece la pena intentarlo? El argumentario a favor dirá que sí. Que si se gana es un «golazo». Y que si se pierde, por lo menos obligas a los socios a retratarse, especialmente a aquellos que hoy te han acompañado.
El argumentario a favor de no presentarla –que quizá sea el más próximo al sentido común– dice que presentar una moción de censura sin los votos necesarios solo conduce a la melancolía o, en el mejor de los casos, al entretenimiento. ¿De qué sirvió la que presentó Vox junto a Ramón Tamames, más que para comprobar que cualquier diputado anterior al año 2000 le da mil vueltas intelectual y discursivamente a casi cualquiera de los actuales? Quitando esos ratitos, la realidad es que Sánchez salió de aquel trance ileso y movilizando a su electorado lo suficiente para que, cuatro meses después, ese mismo verano, salvase por los pelos la mayoría interesada que hoy le mantiene.
Si hacemos recuento, o si bajas a la calle a preguntarle a cualquiera que salga por la boca del Metro, ¿cuántas votaciones, más o menos serias, ha ganado Sánchez después de la investidura? Aprobó la amnistía, que era el fin último de todo aquello, y nunca más se supo. ¿De verdad tiene sentido presentar una moción de censura para que Sánchez, por primera vez en muchos meses, gane una votación de cierto calado? ¿De verdad hay que hacerle ese favor a un tipo que nos tiene con unos Presupuestos que no están validados por las Cortes actuales, sino por las que salieron de las elecciones generales de 2019? ¿Hace falta resucitar a este muerto y darle el gusto de hablar tantas veces como quiera y sin límite de tiempo? Para eso ya tuvimos la pandemia, cuando salía por televisión a cada rato a hablarnos de un consejo de expertos que nunca existió mientras Ábalos y sus amigos se forraban con unas mascarillas que, para colmo, tapaban menos que una servilleta de bar.
Volviendo a la imagen del comienzo, si Sánchez se ha aplaudido a sí mismo después de perder una votación que le pide que se marche, ¿qué no haría ganando una que le diga que se quede? Conociendo al personaje, levantarse la camisa mientras corre por el hemiciclo.