Sin ruidoJorge Brugos

Cuando el PP valenciano pudo tener a su Ayuso

A diferencia de otros líderes 'populares', de los que no se conoce ni su nombre, todo el mundo sabe quién es ella. Lo mismo le pasaba a Carlos Mazón

Mi tía Esther está obsesionada con Isabel Díaz Ayuso. Estábamos hablando de los madrileños que vienen a Santander (ciudad en la que ella vive) y, sin ton ni son, confiesa no entender por qué huyen de Madrid si en teoría están tan a gusto allí. Acaba de dar un argumento de autoridad política al PSOE: el éxodo veraneante como alegato contra el hastío de la gestión del PP. Si los demás vemos a unos turistas recreativos, ellos ven una deserción del muro de Berlín madrileño. Liberados. El pensamiento de Esther no es descabellado teniendo en cuenta que su casa tiene siempre de fondo las melódicas voces de Javier Ruiz y Jesús Cintora en TVE. Borrell dijo que si él viera TV3 también sería independentista; yo, si viese la televisión pública, el PSOE me parecería de izquierdas moderado.

En un momento de la tarde, mientras ella ve la caja tonta, empieza el NODO gubernamental e ideológico a hablar de cómo Ayuso se ha gastado el dinero de la sanidad en la Fórmula 1. Fernando Alonso compra los coches en Flexicar y la presidenta de la Comunidad de Madrid, también. Al igual que Camps cuando era presidente. Entiendo que tengan ese odio visceral a todo lo que tenga que ver con la capital: la primera palabra que aprende un bebé de izquierdas es «Ayuso». Lleva tiempo siendo un icono. Ha conseguido ser igual de odiada que amada. A diferencia de otros líderes del PP, de los que no se conoce ni su nombre, todo el mundo sabe quién es ella. Lo mismo le pasaba a Carlos Mazón.

El otro día tomé un café con un buen amigo dirigente del PP. Me dijo que Ester Muñoz, portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, había apoyado mucho al expresidente de la Generalitat Valenciana. Conjugaba el verbo en pasado, qué gracia. Los aplausos, abrazos y plegarias a su favor se tornaron en retiradas de manos y blasfemias en su nombre. Pronunciar el nombre de Carlos Mazón era una herejía en sí misma. El alicantino intentó redimirse: incluso en su primera comparecencia en las Cortes Valencianas tras la tragedia, se presentó a una especie de moción de censura contra su gestión pretérita. La perdió y el PP decidió capitular invocando el pretérito pluscuamperfecto a su gestión de la DANA y a su gobierno. No podía más, no podían más. Les pudo la presión mediática. No aguantaron lo que lleva aguantando Isabel Díaz Ayuso con su gestión de las residencias. ¿Que algo hicieron mal en la Comunidad de Madrid respecto a ese asunto? Quizá. ¿Que Carlos Mazón podría haber hecho más en la crisis de la DANA? Quizá. A una la dejaron resurgir como el ave Fénix y al otro lo quemaron en sus propias cenizas.

En lugar de haber dado un voto de confianza a Carlos Mazón a pesar de sus errores humanos, de haber aprovechado el filón de un hombre redimido por sus equivocaciones, hicieron eco a los altavoces mediáticos de la izquierda. Si hubiesen perdonado sus pecados en el purgatorio del funeral de la DANA, ahora tendrían a un redentor redimido como tienen en Madrid con Isabel Díaz Ayuso. Juan Soto Ivars dice que en Génova sólo hacen caso a lo que dice Onda Cero; creo que en realidad sintonizan a Àngels Barceló.

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