El eclipse de Ximo Puig
Hay pufos que llevan el apellido del expresidente y, aun así, la izquierda le reza como a una vaca sagrada antes de ponerse las gafas
El eclipse es lo mejor que le ha pasado al periodismo en plena temporada de serpientes de verano. «Agosto es un mes flojo», se repite como un mantra en cada redacción. En estos días estivales, al periodista ya no le basta con narrar la actualidad: tiene que ser el guionista de la hipótesis. El aparejador de noticias metido a arquitecto del relato, levantando torres de humo antes de que se desplome la agenda.
Este año, entre especiales dignos de «Cuarto Milenio» y astrólogos saliendo de debajo de las piedras, a los redactores les han servido la portada en bandeja. Toca hablar del fenómeno, de las gafas homologadas y de la comparativa entre la lente especial y las gafas de moda. La gran industria del relleno estival huele exactamente a plató de Hollywood: a aceite refrito.
El problema es que las serpientes de verano han dejado de ser estacionales en España para convertirse en fauna autóctona todo el año. Nos fascina un eclipse como si aquí no lleváramos un sol ensombrecido desde hace tiempo. ¿A santo de qué tanto alboroto con las gafas si deberíamos llevarlas puestas de serie, como las mascarillas en pandemia? Vivimos en una neblina permanente diseñada para que olvidemos lo importante.
El otro día, un informativo nacional despachaba de refilón la posibilidad de que se repita una DANA como la de Valencia, dando paso a unos afectados cuya vida quedó sepultada por la riada. A nadie parece importarle el riesgo ni el estado real de la reconstrucción tras aquel octubre de 2024. Quizá confiemos en que, tras el eclipse, la luna devuelva el agua a su cauce y repare mágicamente las grietas vitales y estructurales de la región.
Todo nos irá mejor a todos tras el fenómeno solar. A Ximo Puig también. Y a su sobrino político mucho mejor, que estrena un chollo de trabajo eclipsado, cómo no, por la estrellaza mediática del tío. Hay pufos que llevan el apellido Puig y, aun así, la izquierda le reza como a una vaca sagrada antes de ponerse las gafas. Normal: es nuestro San Pancracio pagano.
Mientras miramos al cielo, la realidad en la calle sigue su curso. Se convocan protestas por la presión migratoria en Alicante y apenas acuden quinientas personas. Debió de coincidir la hora con un dos por uno en lentes homologadas. Así que nada: mire hacia arriba, disfrute de la penumbra y no se preocupe. Cuando la luna y el sol vuelvan a su sitio, todo seguirá exactamente igual de oscuro.