¿Y si Joan Baldoví lidera Sumar?
Quizá ha llegado el momento de que Compromís empiece a ser útil no sólo para los intereses de los valencianos, sino también para los de todos los españoles
Sumar se ha convertido en un pueblo de España. Los comunistas siempre han sentido especial predilección por la España vacía, por esos inhóspitos rincones que proyectaron la frontera infinita de los hogares republicanos ante el bando nacional en la Guerra Civil. Ojalá fuera por un misticismo de epopeya y no por una casualidad estival: el partido fundado por Yolanda Díaz está concursando en el Grand Prix y enfrentándose a la patata caliente, esa legendaria prueba en la que los concursantes deben responder antes de que estalle un tubérculo plastificado. Sumar también era el Podemos de plástico, y ahora está inmerso en una patata a punto de reventar. Sus dirigentes responden «no» a la propuesta de liderar las siglas antes de que todo salte por los aires.
Han pasado por ahí Pablo Bustinduy, Ernest Urtasun, Sira Rego… Incluso algunos invocaron a Santa Mónica Oltra para que intercediera por la izquierda en un nuevo partido. Eso quedó en un simple brindis al sol, en una liturgia apócrifa sin las bendiciones de las bases. Han sido muchos los llamados y ninguno el elegidos. Cada semana suena un nombre y a las pocas horas el apellido se borra de la lista. Salvo Antonio Maíllo, el que fuera candidato en Andalucía por uno de esos partidos a la izquierda del PSOE de cuyo nombre no quiero acordarme. Tienen todos un timbre de telenovela veraniega: Amar el progreso para siempre, Pasión de gavilanes izquierdistas... Qué nervio. Parece que el pálpito que despertaban sus siglas se les ha dormido a los deseados. Algo curioso, teniendo en cuenta que la formación que más creció en Andalucía fue precisamente progresista. Quizá se han cansado de reformular en el Quimicefa y han desistido.
Entre tanta probeta aguarda Compromís, que tampoco dice mucho. Se lo pueden preguntar a Alberto Ibáñez, a quien, tras su inspiración quijotesca -en la que él veía un villano donde los demás veíamos un héroe-, han metido en la nevera. Sin saberlo, esta podría ser una buena oportunidad para que la formación valencianista dé un paso al frente en la coalición Sumar y, por qué no, pase a liderarla. Se ha hablado mucho durante este deshoje de la margarita sobre si Compromís tendría que emanciparse de casa de sus padres y buscarse un porvenir en solitario. ¿Y si sus valedores putativos ya no estuvieran en la vida política y no les quedara más remedio que heredar el hogar? Es como si tuvieran miedo de ser adultos. Con lo que le gusta hablar a Joan Baldoví y no le hemos escuchado decir una sola palabra sobre la sucesión hereditaria en la izquierda alternativa. Quizá ha llegado el momento de que Compromís empiece a ser útil no sólo para los intereses de los valencianos, sino también para los de todos los españoles.
Su pasotismo respecto a cuanto acontece en el ecosistema político denota cierta procrastinación propia de burgueses burocráticos. ¿Cómo van a preocuparse por los valencianos si ni tan siquiera parece importarles el rumbo de su propia izquierda?