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Post-itJorge Sanz Casillas

A Évole no le gusta 'Horizonte'

Mientras uno juntaba en su programa a los mejores periodistas de investigación de este país otro pedía en su columna de 'La Vanguardia' una calle para Santos Cerdán. Que cada palo aguante su vela

Ha circulado estos días un vídeo en el que Jordi Évole –en compañía de Silvia Intxaurrondo, Ignacio Escolar y otros abajofirmantes– muestra su rechazo al programa Horizonte de Iker Jiménez. «No es muy normal que, en este país, el señor que nos explicaba que venían los ovnis, ahora nos esté explicando la corrupción», alega entre las risas cómplices de quien le escucha.

La crítica, más que ideológica, es profesional. Casi personal. Lo que Jordi Évole desliza con esa frase, sin mencionarlo, es que Iker Jiménez está incapacitado para dirigir una tertulia entre periodistas porque antes fue un divulgador de lo paranormal. Es decir, que hay que negarle a Iker Jiménez el derecho a extender sus inquietudes solo porque antes se dedicó a otra cosa. Cabe recordar que Jordi Évole, antes de ser, para muchos, un periodista ejemplar (cosa que podemos discutir), era El Follonero. Y que donde ahora hay un progresista fetén, antes había un humorista que patrullaba Hospitalet con El Yoyas (condenado a casi seis años de cárcel por pegar a su mujer) o que decía en pantalla cosas como: «Vaya tetas tiene Yolanda Ramos». El Follonero era, en definitiva, un personaje al que el Jordi Évole contemporáneo –feminista y políticamente correcto– denostaría. Y lo denostaría especialmente si, además de tener ese comportamiento, se reconociera de derechas o simplemente contrario al «derecho a decidir».

Aquí la pregunta es: ¿quién reparte los carnés de periodista o de comunicador confiable? Porque todos tenemos un pasado y un presente. Hace años Jordi Évole hacía comedia y ahora hace entrevistas. Y alguna de ellas, bastante reciente, tampoco está exenta de crítica. La conversación con el ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz, condenado en firme por la filtración de datos reservados del novio de Ayuso, fue manifiestamente mejorable. El ahora «maestro de periodistas» se dejó al menos dos preguntas importantes por hacer. Se me ocurre: si yo tengo mañana un problema con Hacienda, ¿cuánta gente tiene acceso a mi expediente? ¿10, 50, 200 personas? Y otra: en una escala de 1 a 10, ¿cómo de normal es que Juan Lobato, del PSOE de Madrid, recibiera desde la Moncloa el correo autoinculpatorio del novio de Ayuso? ¿Y que lo recibiera antes incluso de que la Fiscalía publicase su nota de prensa?

A Jordi Évole no le parece normal que Iker Jiménez dirija una tertulia periodística de éxito, pero sí debe parecerle normal lo anterior. Quizá le parezca normal o indiferente el incremento patrimonial de Zapatero, o del propio Santos Cerdán. O la imputación de la directora general de la Guardia Civil, por decir lo más reciente.

El tiempo pondrá las cosas en su lugar, por supuesto, implacable como es. Pero hay una cosa que ya no podrá cambiar: y es que, mientras uno juntaba en su programa a los mejores periodistas de investigación de este país, otro pedía en su columna de La Vanguardia una calle para Santos Cerdán. Que cada palo aguante su vela.

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