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Cuándo se jodió España

Ves las guerras intestinas en la Guardia Civil, el hundimiento en la credibilidad del CIS y te das cuenta de que todos los problemas tienen un denominador común: la presencia de políticos partiendo el bacalao

Te das una vuelta por los periódicos. Ves que la mujer del presidente del Gobierno va a juicio con jurado popular por delitos de corrupción. Escuchas discutir a dos guardias civiles de alto rango porque uno le ordena al otro que no acuda a los actos del 2 de mayo en Madrid. Lees que a Hacienda se le 'escapó' que el amigo de Zapatero estuvo unos cuatro años sin presentar la Declaración de la Renta. Y terminas carcajeándote al ver que el CIS le da ocho puntos de ventaja al PSOE sobre el PP después de que al ministro de Fomento le metan 24 años de cárcel por delitos cometidos en el ejercicio del cargo.

¿Cuándo se jodió España? Yo no lo sé, pues tampoco he vivido tanto. Pero sí puedo intuir por qué. Ves las guerras intestinas en la Benemérita, la guerra sucia en la Fiscalía, el hundimiento en la credibilidad del CIS y te das cuenta de que todos los problemas tienen un denominador común: la presencia de políticos partiendo el bacalao.

Las cajas de ahorro quebraron porque había políticos. Las tertulias de TVE perdieron interés porque se llenaron de militantes. Red Eléctrica nos llevó al apagón porque al frente hay una exministra de Zapatero. Y así ocurre con casi todo cuanto falla, con el agravante de que esos mismos políticos tienen hoy menos capacidades que sus mayores. No digo más títulos ni diplomas (que a veces ni eso). Me refiero a competencias puras. Habilidades.

Creo que cada vez cuesta más que llegue gente valiosa a la cima de los partidos por la propia naturaleza del negocio. Tanto PP como PSOE tienen juventudes, que lo que hacen es reclutar –en su mayoría– personas dispuestas a sacrificar todo por ser político profesional. No es ningún secreto que hay chavales que meten muchas horas en estas organizaciones por miedo a quedarse fuera de la rueda. Horas que no destinan a formarse como deberían (ya no digo a emprender o probar suerte en la empresa privada). Un ejemplo paradigmático es el de Noelia Núñez, que con 23 añitos recién cumplidos ya era concejal en Fuenlabrada, que tiene la misma población que Cuenca, Segovia y Pontevedra juntas. No es ningún juguete. De ahí pasó a la Asamblea de Madrid y de ahí al Congreso de los Diputados. Muchos nos la vendían como un gran valor joven hasta que descubrieron que no tenía ni la carrera terminada.

Aún recuerdo cuando llegó Marcos de Quinto al Congreso, con más de 35 años cotizados en Coca-Cola y un patrimonio superior a los 40 millones de euros. Esto le convirtió en sospechoso a ojos de esa «nueva política» que quiso convencer a la gente de que no tener nada en el banco era señal inequívoca de honradez (craso error). Me moriré con la duda de saber qué hubiera pasado si alguien como De Quinto, que no necesita de la política para vivir, se hubiera puesto al frente de la cosa pública.

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