Fundado en 1910

Nuestro Gobierno vive en la más absoluta de las confortabilidades sin Presupuestos Generales del Estado, utilizando mecanismos que le permiten aprobar gastos sin debate presupuestario en las Cortes.

Se aprueba, a sí mismo, lo que quiere, cuando quiere y como quiere. La prueba es que es capaz de usar Fondos Next Generation para pagar gastos corrientes, a sabiendas de que, como se explicita en el artículo 5 del Reglamento (UE) 2021/241 del Parlamento Europeo y del Consejo de 12 de febrero de 2021, por el que se establece el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), dispone que «la ayuda del Mecanismo no sustituirá, excepto en casos debidamente justificados, a los gastos presupuestarios nacionales ordinarios”.

Pero no conforme solo con usar Fondos Europeos para pagar gastos corrientes, que en algún momento se verá si eso fue legal o no, lo que también está muy claro es que todas las semanas en el Consejo de Ministros se autoriza al Gobierno a aumentar el uso de créditos extraordinarios que las Cortes, es decir, ni el Congreso, ni el Senado, tienen conocimiento de estos hechos, salvo que acudan al Boletín Oficial del Estado o a los informes de la IGAE, donde se ven, mes a mes, el incremento de créditos o, si se molestan en comparar en con el año anterior, cuánto se llevan en obligaciones reconocidas por programa y capítulos.

Cuando se analiza esta dinámica, se observa cómo, trimestre a trimestre, el gasto ejecutado o el gasto pagado sigue aumentando, apoyándose en la capacidad del Gobierno para aprobar en Consejo de Ministros las modificaciones necesarias para sostener el nivel de gasto sin necesidad de unos nuevos Presupuestos Generales del Estado.

Es como si el Comité de Dirección de una empresa se aprobasen gastos extraordinarios, sin necesidad de pasar por el Consejo de Administración para aprobar gastos extraordinarios. Claro, que en el caso de una empresa el consejero delegado y el presidente podrían ser cesados de forma fulminante y en el caso del Gobierno, solo podría pasar eso por una moción de censura, o por las urnas en un adelanto de elecciones que no va a suceder, o en las próximas elecciones de julio de 2027.

Pero mientras tanto, a pesar de incumplir la Constitución al no haber presentado ni una sola vez los Presupuestos Generales, la forma que ha encontrado este Gobierno es que todas las semanas hace lo que le da la gana y aprueba en Consejo de Ministros lo que realmente quiere. Para que vean que esto funciona así, les voy a mostrar lo que ha pasado a cierre del primer trimestre en 2024, en 2025 y en 2026, que son los tres años sin Presupuestos, todo con datos oficiales de la IGAE:

Así tenemos que al cierre del primer trimestre de 2024, este Gobierno había comprometido gastos por 35.019 millones de euros, en el cierre del primer trimestre de 2025 esa cifra se había incrementado hasta los 40.701 millones de euros, es decir, se incrementaron los gastos en un 16,2 %. Podemos observar que los gastos de personal suben un 4,6 %, los gastos corrientes bajan un 16,1 % de forma sorprendente, lo mismo que los gastos financieros que bajan un 16,8 %, mientras que las transferencias corrientes suben un 16,9 %, la inversiones reales solo suben un 1,6 %, pero las transferencias de capital suben un 135,4 %.

Todo ello solo es posible porque se mueven partidas de gasto de un presupuesto a otro y se aprueban gastos que no estaban presupuestados.

Pero un año después, a cierre del primer trimestre de 2026, resulta que los gastos de personal, que nunca podrían haber subido, lo vuelven a hacer en un 7,2 %; los gastos corrientes suben un 7,1 % pero siguen por debajo de 2024; los gastos financieros se disparan un 48 %: las transferencias corrientes siguen subiendo otro 17,8 %; las inversiones reales crecen un 21,6 %, pero las transferencias de capital bajan un 41,8 %, creciendo la suma total de gastos reconocidos un 12,7 %.

Pero si encima lo comparamos con el primer trimestre de 2024, resulta que en solo dos años todos los gastos han crecido menos los gastos corrientes, todas las partidas se han visto modificadas al alza y el total de gasto se ha visto incrementado en un 31 %.

La Administración General del Estado ha visto crecer las Operaciones No Financieras en un 31 % sin que a Pedro Sánchez se le haya movido ni un solo pelo de su cabeza. Se ha gastado casi 11.000 millones más que en 2024 y lo ha hecho sin que nadie se lo haya consentido ni aprobado.

Ha sido una decisión aprobada por él, sin aprobación de las Cortes y sin control hasta dentro de dos años como mínimo por el Tribunal de Cuentas, que podrá decir o no aquello de que este «Tribunal cuestiona el uso de x miles de millones de euros para financiar gastos, al considerar que los fundamentos jurídicos de dichas operaciones deberían haber quedado mejor justificados».

¿Y qué pasará? Pues lo de siempre, que el dinero de los españoles habrá sido malgastado, que habremos pagados miles de millones de euros en unos impuestos abusivos para no recibir nada a cambio y, que el dictador que nos gobierna, se vaya de rositas sin que le pase nada. Y si le pasa algo a alguien no será a él, será alguien a quien le echará la culpa y dirá que casi ni le conocía.