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La semana económicaJordi Benítez

El imparable éxito de Nvidia, la empresa tecnológica que vale más en Bolsa que cualquier país, excepto EE.UU. y China

La compañía sigue creciendo amparada en su liderazgo en la inteligencia artificial, aunque tiene algunas amenazas que desafían su camino

El presidente de Nvidia, el ingeniero taiwanés-estadounidense Jensen Huang.DPA vía Europa Press

Nvidia, una de las grandes empresas bandera de la inteligencia artificial en el mundo, ha presentado esta semana de nuevo unos resultados económicos espectaculares: 81.600 millones de dólares de facturación en el trimestre (unos 70.177 millones de euros), 58.321 millones de dólares de beneficio neto (unos 50.139 millones de euros) y un flujo de caja libre en noventa días de 48.000 millones, lo cual es una auténtica barbaridad, solo a la altura de las grandes multinacionales.

Los buenos números se reflejan desde hace tiempo en el valor de la compañía en Bolsa, que asciende a alrededor de 5,5 billones de dólares, más que el PIB de cualquier país del mundo, excepto Estados Unidos y China. El precio de la acción de Nvidia ha subido más de un 1.300 % en los últimos cinco años.

El triunfo de la compañía no ha sido simplemente por suerte, explica Enrique Dans

En opinión de Enrique Dans, experto tecnológico de IE Business School con una larga trayectoria, «Nvidia no es simplemente una compañía que tuvo suerte con la inteligencia artificial, sino una empresa que llevaba casi veinte años construyendo, quizá sin saberlo del todo, la infraestructura perfecta para este momento».

El profesor comenta que su gran acierto fue no solo apostar por las unidades de procesamiento gráfico que realizan cálculos matemáticos a alta velocidad —las GPUs— «incluso cuando estuvieron a punto de quebrar por ello y todos pensaban que era una excentricidad absurda», sino elevarlas para convertirlas en una plataforma. «CUDA, lanzada en 2006, creó un ecosistema de desarrolladores, librerías, código optimizado y conocimiento acumulado que hoy funciona como un foso competitivo enorme. AMD, Intel o los chips propios de Google, Amazon, Microsoft o Tesla pueden competir en piezas concretas, pero no tienen ese ecosistema ni esa inercia», añade Dans.

Tiene unas ventajas competitivas tan claras que algunos analistas la comparan con Apple, ya que Nvidia acaba de anunciar uno de los mayores programas de retribución a los accionistas de la historia: «Existen paralelismos con un anuncio similar de Apple en 2012, cuando el mercado debatía sobre la sostenibilidad del crecimiento del iPhone y si Apple sería la próxima Nokia, lo que se tradujo en un descuento de la valoración del mercado», señala Richard Clade, gestor de cartera de Janus Henderson. «Al transmitir al mercado su convicción de un crecimiento y unos márgenes más duraderos, Apple logró finalmente convencer al mercado de que era una empresa de plataforma con una ventaja competitiva duradera, lo que acabó traduciéndose en una prima de valoración. Nvidia espera emprender un camino similar, al tiempo que recuerda al mercado que cuenta con el balance y la escala de I+D necesarios para situarse a la vanguardia de la innovación reciente en CPU y LPU, así como para estar a la cabeza de una industria de semiconductores que sufre una escasez extrema de suministro en toda la cadena de suministro», añade.

Analistas como Franco Machiavelli, con más de diez años de experiencia, resaltan sobre Nvidia que «una empresa que genera 48.000 millones de flujo de caja libre en solo noventa días, que crece sin China -hay restricciones de exportación desde Estados Unidos-, que entra en mercados nuevos y cuyo consejero delegado negocia geopolítica con los dos presidentes más poderosos del mundo, indica que lo suyo no es un simple ciclo, sino que está construyendo una infraestructura que el mundo necesitará durante décadas».

Su cultura de reinversión le permite ir una generación por delante, pero ya no le va a bastar basar solo su discurso en la IA para que su acción se dispare

Enrique Dans destaca de Nvdia su liderazgo tecnológico, una hoja de ruta muy agresiva, una relación privilegiada con los grandes hiperescaladores -grandes empresas tecnológicas que proporcionan infraestructura de computación en la nube a escala global-, márgenes extraordinarios y una cultura de la reinversión que le permite ir siempre una generación por delante.

También le ve vulnerabilidades importantes: «Depende mucho de TSMC -empresa taiwanesa que fabrica el 92 % de los microchips para la inteligencia artificial-. Está muy expuesta a la frágil geopolítica de Taiwán. Su negocio en China está condicionado por las restricciones de exportación, y sus propios clientes están desarrollando chips alternativos para no depender tanto de ella. Además, cuando una compañía cotiza como si el futuro ya fuese suyo, cualquier decepción pesa mucho más».

Dans estima que Nvidia seguirá siendo absolutamente central en la inteligencia artificial, pero su mercado se fragmentará: «No todo será entrenar grandes modelos en enormes clústeres: habrá más inferencia, edge computing, chips especializados, arquitecturas distintas y presión por reducir costes. Nvidia lo sabe, y está moviéndose en todas esas direcciones, desde Jetson hasta Project Digits o sus capas de software, pero mantener su monopolio de facto será cada vez más difícil».

Todas estas cuestiones afectarán al valor de la compañía en Bolsa, que Dans no estima que se esté viendo afectado por una burbuja, como a veces se comenta: «No diría que es una burbuja clásica, porque hay ingresos reales, demanda real y beneficios reales, pero sí creo que se está quedando atrás la etapa en la que bastaba con la narrativa de la inteligencia artificial para que la acción se disparase. Puede seguir subiendo, porque Nvidia ha demostrado muchas veces que el mercado la infravaloraba incluso cuando parecía carísima, pero a partir de ahora dependerá mucho más de resultados, márgenes, capacidad de suministro, China y del ritmo real de inversión en inteligencia artificial. En resumen: sigue siendo una empresa excepcional, pero ya no puede permitirse ser simplemente buena; tiene que seguir siendo extraordinaria trimestre tras trimestre».