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Las gestoras dudan de que las recompras del Tesoro de EE.UU. puedan contener el rendimiento de los bonos
Apuntan a la guerra en Irán, el gasto en IA y el elevado endeudamiento del país como lastres para una bajada sostenida de los tipos a largo plazo
Las gestoras de inversión internacionales dudan de que el anuncio del Tesoro de Estados Unidos (EEUU) de duplicar sus operaciones de recompra de bonos del Estado hasta superar los 4.000 millones de dólares, entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre, pueda contener el alza de los rendimientos de las obligaciones del país norteamericano.
Es cierto que tras la noticia del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, el yield a 30 años bajó hasta el 5,18 %, lo que supone una caída de 15 puntos básicos (pb) sobre el máximo del pasado 18 de agosto -5,33 %-, mientras que el de 10 años se contuvo hasta el 4,64 %, 10 pb menos respecto a la cota más elevada. Por su parte, la renta variable recibió un impulso, mientras que el oro se recuperó hasta ubicarse en el entorno de los 4.500 dólares la onza, tras más de dos meses en el rango de los 4.000 y 4.200 billetes verdes.
Dada la urgencia del movimiento, inesperado por los inversores, desde Robeco aseguran que el objetivo principal pasa por enviar el mensaje de que al Tesoro de EE.UU. «le importa el nivel de los rendimientos a largo plazo y está dispuesto a intervenir para limitar su subida».
No obstante, la medida acarrea una serie de limitaciones. La firma de inversión reconoce que el Tesoro deberá financiar estas compras de alguna manera, y adelanta que lo más probable es que sea mediante la emisión adicional de letras del Tesoro, una estrategia que la institución sigue desde 2023.
Además, pese a que la medida conllevó un cierto respiro en los rendimientos, este viernes los yields ya volvían a repuntar hasta el 5,25 % en el caso del de 30 años y hasta el 4,7 % en el de 10 años. En este sentido, el gestor de carteras de Twenty Four AM (boutique de Vontobel), Eoin Walsh, defiende que aunque esta medida ha supuesto «cierto alivio» para los inversores alcistas en bonos del Tesoro, los factores que podrían impulsar una caída significativa de los rendimientos a partir de ahora son «limitados».
Composición de la deuda
Parte de la preocupación de las gestoras radica en la composición de la deuda. Así, los analistas de Robeco sugieren un reajuste de la misma para contener el alza de los rendimientos a largo plazo. «El Tesoro determina cuánta deuda gubernamental se emite en diferentes vencimientos y podría reducir la oferta de bonos a más largo plazo. Cualquier cambio de este tipo podría anunciarse cuando actualice sus planes de emisión en la refinanciación trimestral de noviembre», atestiguan los expertos de la firma.
Sin embargo, acortar la madurez promedio de su financiamiento tendría un coste, puesto que un perfil de madurez más corto haría que los pagos de intereses del Tesoro sean «más sensibles» a las políticas de tasas de la Reserva Federal, lo que podría percibirse como una presión adicional para que la autoridad monetaria del dólar acometiese nuevos recortes de tipos.
Sobre esta posibilidad, el director ejecutivo del sector público y soberano de la agencia de calificación Scope Ratings, Eiko Sievert, critica que si los bonos a largo plazo se sustituyeran cada vez más por instrumentos de deuda a más corto plazo, los costes de financiación «podrían disminuir temporalmente a corto plazo, pero aumentarían el riesgo de refinanciación en el futuro»; por lo tanto, asevera que aunque son útiles para el funcionamiento del mercado, no sustituyen a la consolidación fiscal.
En concreto, la deuda pública de EE.UU. ha superado recientemente los 40 billones de dólares y ya representa el 123 % de su Producto Interior Bruto (PIB), al tiempo que el Gobierno del país mantiene un déficit estimado en el 6,3 % del PIB para el presente 2026, lo que engrosará aún más el pasivo.
Ante esta realidad, el gestor de carteras de Twenty Four AM expone que la vía «más fácil» para que los rendimientos de las obligaciones del Estado de EEUU se contengan -y el país reduzca su coste de financiación- es «un alto el fuego a largo plazo entre Estados Unidos e Irán», hecho que reabriría el estrecho de Ormuz y allanaría el camino para unos precios de la energía más bajos de forma sostenible, lo que a su vez abriría la puerta a nuevas bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal (Fed).
Sin embargo, Walsh apunta que aunque un alto el fuego provocaría un descenso de los yields, «es probable que los rendimientos se mantengan en torno al 4,5 % hasta que hubiera pruebas claras de que la inflación siga una trayectoria descendente», lo que permitiría al banco central flexibilizar la política monetaria.