El papelón de Carlos Cuerpo en Ceuta evidencia que más allá de la economía, ni pincha ni corta en el Consejo de Ministros
El Gobierno aprobará mañana un paquete extraordinario de 165 millones que podría habernos ahorrado a todos de haber evitado la invasión
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo.
Si hay algo que no se puede decir de Carlos Cuerpo es que sea un hombre carismático. Quienes coinciden con él por primera vez suelen valorar su perfil técnico y moderado, pero también destacan su falta de magnetismo. Y esa impresión, la de «un tipo soso y gris», fue la que trasladó la semana pasada en Ceuta a quienes no le conocían de antes.
Se trataba de una visita difícil, por lo que su gabinete intentó prepararla con mimo. La primera tarea pasaba por adelantar a los medios que Cuerpo llevaría a la ciudad un plan de reactivación económica para paliar las pérdidas millonarias que ya acumulan las empresas locales. Aunque el viaje tenía mucha más enjundia, ya que el extremeño se había reservado los anuncios más esperanzadores para los ceutíes veinticinco días después de la invasión. Su propósito era presentarse como el vicepresidente primero del Gobierno que es y no como un ministro más, después del pésimo sabor de boca que habían dejado los siete que le precedieron.
Carlos Cuerpo aterrizó en Ceuta pensando que triunfaría. Después de casi un mes de abandono por parte del Estado y coincidiendo con el regreso de Pedro Sánchez de La Mareta, parecía que al fin se movía algo. Fue él el encargado de comunicar al Gobierno de la Ciudad la puesta en marcha del mando único que el presidente Vivas venía reclamando desde antes del asalto. Y también anunció que se declararía al día siguiente la situación de interés para la seguridad nacional. Aunque sin levantar mucho la vista del papel para no tener que mirar a los presentes, vendió ambas decisiones como «un punto de inflexión en la gestión de la crisis», justificando la demora con el estúpido argumento de que necesitaban «tiempo para coordinar una respuesta que no fallara».
Pues bien, menos de 24 horas después, el Gobierno aprobaba un Real Decreto que suponía una enmienda a la totalidad de los compromisos adquiridos por Cuerpo, lo que evidencia que más allá de la economía, el vicepresidente primero de Sánchez ni pincha ni corta en el Consejo de Ministros. O ni siquiera eso, vistas las veces que Yolanda Díaz le ha doblado el brazo.
El texto publicado en el BOE el 26 agosto no responde a la gravedad de los hechos acaecidos en Ceuta. Ni garantiza que no volverá a suceder lo que sucedió hace hoy 31 días y que ha sumido a la ciudad en la desesperación y el colapso. «La entrada irregular de personas migrantes los días 30 y 31 de julio ha generado una presión inédita sobre las capacidades de control fronterizo, identificación, atención humanitaria y acogida de las distintas Administraciones Públicas», se limita a señalar el Real Decreto. No habla de invasión ni menciona a Marruecos. Como tampoco hace referencia al caos sanitario, ni a la inseguridad en las calles, ni a las violaciones, ni a nada que se parezca a la pesadilla que están sufriendo los ceutíes.
Y lo peor: lejos de contemplar la expulsión de los 15.000 inmigrantes que entraron en territorio español y europeo de manera ilegal y allí permanecen, el decreto enumera las instalaciones que se utilizarán para realojarles. Entre esos espacios figuraban los polideportivos, donde el flamante mando único, el ministro Ángel Víctor Torres, tuvo que recular por el disparate que suponía. Encima nadie había informado a Juan Vivas, a pesar de que el vicepresidente Cuerpo le prometió que sería una pieza imprescindible del comité de crisis.
La legislatura se ha vuelto demasiado corrosiva para un economista que ni milita en el PSOE ni tiene intención de hacerlo
En cuanto a la economía, el Gobierno aprobará mañana un paquete extraordinario de 165 millones de euros para recuperar la actividad y reforzar los servicios públicos de la ciudad. Una semana después de su visita, el Ministerio de Carlos Cuerpo al fin pone números a la ampliación del Plan Integral de Desarrollo Socioeconómico que anunció. Entre las partidas figuran 35 millones de euros para pymes y autónomos, otros 15 para el comercio y el turismo, y 15 millones más destinados a educación, sanidad y justicia. El resto no ha sido detallado, aunque bien es dinero que los españoles podríamos habernos ahorrado ese dinero si el Ejecutivo hubiera evitado la invasión. Lo mismo que el retorno de los inmigrantes saldría infinitamente más barato que su distribución en asentamientos propios de otras latitudes y conflictos.
Poco imaginaría Cuerpo cuando fue nombrado vicepresidente en marzo, que viajaría a Ceuta con motivo de una situación tan dramática para mis paisanos. Y tan delicada también para los intereses del Gobierno. «¿Qué hace un ‘teco’ cosmopolita como yo en un marrón como este?», tal vez se preguntó el ministro de Economía al dejar la ciudad el otro día.
En su momento, el presidente necesitó un rostro teóricamente moderado como contrapunto de seriedad a un Gobierno sin mayoría y envuelto en mil y un escándalos de corrupción. Alguien que le hiciera de pararrayos ante los poderes económicos y los mercados. Pero cinco meses después, la legislatura se ha vuelto demasiado corrosiva para un economista que ni milita en el PSOE ni tiene intención de hacerlo. Aunque apuntara maneras, eso sí, cuando intentó echar a una consejera del Banco de España para colocar a alguien de su cuerda o cuando se empecinó en frenar la OPA del BBVA al Sabadell recurriendo a todo tipo de artimañas.
A saber cuántos papelones más tendrá que hacer Cuerpo antes de aplicar a un cargo internacional de campanillas. Ahora, que debería andarse con cuidado. La política se ha convertido en un juego demasiado peligroso y a lo mejor le acaba pasando factura el haber sido -sobre el papel al menos-, primer espada del presidente que vendió a Ceuta traicionando a toda España