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La semana económicaJordi Benítez

España merece un modelo económico que no nos lleve a la ruina como el de Sánchez

El balance de los últimos años ha sido desastroso en terrenos como la deuda, los salarios reales, los impuestos o la vivienda. Habrá que ver si quien llegue en diciembre es capaz de hacerlo mejor

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados.Europa Press

No hay más que ver el panorama de los jóvenes para comprender que estamos muy lejos de ir como un cohete. La tasa de emancipación de 16 a 29 años se situó en 2025 en el 14,5 %, el mínimo histórico, según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE).

Apenas 1,07 millones de jóvenes vive fuera del hogar familiar; más de 6,3 millones permanece con sus padres. La edad media de emancipación alcanza los 30,2 años, frente a los 26, 3 de media en la UE.

El alquiler de una vivienda está de media en 1.176 euros mensuales, y el sueldo medio neto de los jóvenes, en 1.191 euros. Así es imposible emanciparse y formar una familia.

No pueden emanciparse porque los precios de la vivienda son prohibitivos. El alquiler de un piso completo estaba de media en 2025 en 1.176 euros mensuales, y el salario medio neto de los jóvenes era de 1.191 euros.

Lo tienen cada vez más difícil para poder alquilar simplemente una habitación. Los 400-475 euros de media que cuestan consumen ya entre el 33 % y el 41 % del salario a nivel nacional y más del 50-55 % en Madrid y Barcelona.

Para más inri, los jóvenes van a ver cada vez más cómo la parte de su sueldo que se destina a la Seguridad Social va a ir destinada a pensionistas que cobran mensualmente más que ellos: mientras que el salario neto modal o mediano de los jóvenes que entran al mercado laboral se sitúa entre los 1.170 y los 1.200 euros mensuales, según el Consejo de la Juventud, la pensión media de jubilación se ubicaba en septiembre en 1.576 euros mensuales (1.735 euros en el Régimen General. Las nuevas altas de jubilación superan ya los 1.711 euros de media.

Algo falla en este sistema que ha consolidado Sánchez, en el que ni los jóvenes tienen un presente ni un futuro prometedor, ni los pensionistas pueden estar del todo tranquilos viendo los números. Ni jóvenes ni pensionistas tienen la culpa ni deberían enfrentarse por esto. Lo hay que hacer son reformas profundas en ambos segmentos para facilitar su bienestar: en el de la vivienda, en el de las pensiones, y en lo que realmente se come gran parte del presupuesto, que son los subsidios incrementados en estos años a modo de captación de votos.

Los jóvenes y quienes trabajan ven cómo 40 de cada 100 euros de su nómina se destinan a pagar impuestos gracias a que Sánchez ha situado España entre los países desarrollados más penalizados fiscalmente.

Y los pensionistas quizá no saben que el déficit contributivo real de la Seguridad Social -la diferencia entre las cotizaciones sociales ingresadas por los trabajadores y el gasto en prestaciones pagadas a jubilados y demás pensionistas-, incluyendo el Régimen de las Clases Pasivas, asciende ya a 56.946 millones de euros, según el Instituto Santalucía. Este desfase ha crecido un 58 % entre los años 2018 y 2025, a pesar de la creación de 2,8 millones de afiliados adicionales en el mismo periodo.

A todo ello hay que sumar que Sánchez ha disparado la deuda pública de España en más de 500.000 millones de euros: de los 1,18-1,20 billones en los que estaba a final de 2017-principio de 2018, antes de llegar él, hasta los 1,7 billones en los que cerró julio, el último dato disponible.

Sánchez nos ha endeudado en más de 500.000 millones de euros desde que llegó al poder

La deuda per cápita ha pasado de entre 25.000 y 28.000 euros antes de que llegara Sánchez a más de 34.000 por habitante. Y ese dinero hay que devolverlo a quienes nos lo prestan: «Los intereses de la deuda ya escalan a niveles de 36.000-42.000 millones de euros anuales. Es una factura que crecerá conforme se refinancie a tipos más altos, y limita severamente el margen para inversión productiva, sanidad, educación o cualquier política de futuro», señala el reciente informe La herencia económica y social del sanchismo, elaborado por la consultora Freemarket Corporate Intelligence, que dirige el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós.

Como país nos endeudamos, y como ciudadanos nos empobrecemos. En España hay unos 12,5 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión, según el indicador AROPE de la Unión Europea. Más de 3,9 millones sufre carencia material y social severa, y el 48,5 % de los hogares declara llegar a final de mes con «mucha dificultad», «dificultad» o «cierta dificultad».

Y los salarios reales caen. La brecha entre el coste salarial nominal por trabajador y el IPC acumulado entre los años 2019 y 2025 -los años de Sánchez en el Gobierno- confirman una pérdida de poder de compra real de entre el 1 % y el 2,5 %, según el deflactor utilizado. «En sectores de bajos salarios y en las rentas medias-bajas la erosión ha sido mayor una vez descontados los impuestos y cotizaciones», se indica en el informe de Freemarket.

El Gobierno pretende solucionarlo todo interviniendo en el mercado, con medidas como el incremento del Salario Mínimo Interprofesional, que está demostrado que frena la creación de empleo, o sus decretos de vivienda, que contribuirán a eliminar aún más oferta de un mercado que ha perdido más de 400.000 pisos de alquiler desde que llegó Sánchez, según Idealista, gracias, entre otras cosas, a su permisividad con la okupación.

Frente a todas estas cuestiones, el Gobierno se refugia diciendo que nuestro PIB crece por encima de la media de la UE. Es verdad en términos nominales, gracias a la población nacida en el extranjero, que ha pasado de 6,2 millones a 9,5 millones y explica el 73,9 % del aumento del PIB entre los años 2018 y 2025, según Freemarket, y también al gasto público, que impulsa de manera artificial la demanda interna y que con Sánchez ha crecido considerablemente: del 41-42 % del PIB que representaba antes de que llegara, al 45 % de la actualidad, «con fuerte peso de prestaciones sociales y consumo público, mientras la inversión productiva sigue bajo mínimos».

Estos dos factores, junto con el turismo, son los que han llevado al Gobierno a presumir de un crecimiento económico que cualquiera que lo estudie ve que está inflado y tiene los pies de barro. Lo mismo pasa con la repetitiva alabanza al crecimiento del empleo, caracterizada por el pluriempleo, el aumento de afiliaciones -no de afiliados- y los 800.000 fijos discontinuos inactivos que no cuentan como parados oficiales. A pesar de ello, seguimos en los puestos de cabeza del desempleo en la Unión Europea, con una tasa del 10 % que rebasa en cuatro puntos a la de la media.

El modelo económico del sanchismo no funciona. Los números globales le dan vistosidad, pero los ciudadanos se empobrecen, y eso lo convierte en fallido. La pregunta es si el próximo Gobierno será capaz de darle la vuelta, con impuestos más bajos, un respeto a las instituciones, las fronteras y a la propiedad privada que nos devuelva la seguridad jurídica, unas infraestructuras -de transporte, energéticas...- que funcionen y facilidades para que los muchos empresarios de talento que hay en España puedan crear puestos de trabajo con salarios mejores.