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Un hombre enciende un interruptor con una factura de luz en la mano

Un hombre enciende un interruptor con una factura de luz en la manoEP

España produce energía cada vez más barata, pero la factura de la luz está cada día más cara

La dependencia del gas, la falta de almacenamiento y los costes del sistema impiden trasladar a los hogares buena parte del ahorro de las renovables

La factura de la luz es al ciudadano medio lo que Podemos fue para Pedro Sánchez por un instante: un perturbador del sueño. La demanda de los consumidores, la intensidad de los episodios meteorológicos o las tensiones geopolíticas son alguno de los factores que nos obligan a abrocharnos el cinturón –más si cabe– un mes u otro.

Bajo este contexto y desde finales de febrero, Ormuz marca el paso. El Operador del Mercado Ibérico de la Energía (OMIE) cuantifica en 134,65 €/MWh el precio final medio de la demanda nacional del sistema eléctrico español, un 10 % superior al mes anterior y un 66,1 % superior al del mismo mes del año 2025.

Y es que, aunque la generación renovable ha aumentado significativamente en los últimos años, el gas natural se mantiene como referencia en las horas que más daño hace a nuestros bolsillos; es decir, durante la tarde-noche. También los días de poco viento. Cuando cae el sol o cuando ni sentimos brisa alguna en la cara, el gas sigue manteniendo una fuerte posición de aliado de nuestra vida moderna.

«Podemos tener un mediodía con fotovoltaica a precio casi cero y, seis horas después, un precio que multiplica por cien», explica el especialista en banca de empresas y riesgo de crédito, Iván Escudero. En cifras alcanzadas este verano, esto se traduce en 0,30 €/MWh la hora más barata y en un 189 €/MWh la más cara de un 24 de agosto.

Actualmente, el otoño que se registra hasta fecha de hoy es uno de los más caros de su historia debido al repunte de los ciclos de gas, que amortiguaron la baja producción eólica en pleno crecimiento de la demanda energética. Durante esta estación, el coste medio de la electricidad en el mercado mayorista o pool solo ha sido superado en dos ocasiones desde la puesta en marcha de este particular comercio al por mayor.

«Si el bloqueo se prolonga hacia 2027 (e ICIS ya maneja este escenario) y coincide con un invierno frío y poco ventoso, nos iremos fácilmente a medias de 140-160 €/MWh en diciembre y enero, con días puntuales muy por encima», añade Escudero. No obstante, el verdadero dato relevante es la dispersión y no la media, ya que un hogar sin capacidad para mover su consumo debe hacer frente al precio de la hora punta.

Al respecto de lo anterior, el experto señala que España no tiene un problema de generación renovable (o no solo), sino de flexibilidad, red y demanda. España acumula horas de electricidad limpia a costes mínimos, pero estas apenas se aprecian en la factura de las familias o de la industria. Concretamente, más de 1.200 horas fueron registradas en 2025 a precios por debajo de 20 €/MWh.

«Eso no es un éxito. Se trata de energía que no supimos mover ni almacenar y es exactamente lo que destruye la rentabilidad de la próxima planta que queramos construir. La canibalización de precios es hoy el principal freno a la inversión renovable por encima de cualquier otro trámite», sentencia.

La rebaja fiscal no alcanza al coste oculto de la luz

Escudero es crítico con las ayudas. A su juicio, cualquier alivio fiscal que no venga acompañado de capacidad de mover el consumo es dinero que se evapora: «no tocan la causa y lo paga el conjunto de los contribuyentes». Eso no significa que estén mal –en un pico de precios protegen a quien no puede absorberlo–, pero «conviene llamarlos por su nombre: son una transferencia de renta, no una política energética».

La opinión del experto sobre las rebajas cobra más sentido cuando se observa la creciente brecha entre el pool y el precio final. El mercado mayorista puede marcar una hora barata porque hay abundante producción renovable, pero ese no es el precio completo que termina pagando el consumidor. A posteriori, llegan los gastos necesarios para que el sistema funcione con seguridad: restricciones técnicas, regulación, desvíos, reservas, peajes, cargos e impuestos. Es decir, el recibo no paga únicamente la energía producida, sino todo el andamiaje que permite que esa energía llegue al enchufe sin poner en riesgo la red.

El alivio fiscal puede proteger en un momento de tensión, pero no devuelve coherencia al sistema. Si el pool está a 10 euros por megavatio hora y el ajuste cuesta 30, el problema no se corrige moviendo el IVA arriba o abajo cada trimestre. Se abarata una parte visible del recibo, mientras permanece intacta la factura menos visible: la falta de red, almacenamiento y de demanda flexible capaz de aprovechar las horas baratas. «El ticket sigue asumiendo costes de política energética y déficits históricos que nada tienen que ver con el kWh que consumo», subraya Escudero, quien asegura que cuanto más barata y más renovable es una hora, «más caro sale asegurar esa hora».

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