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José Manuel Cansino

Del estrecho de Ormuz al mar Rojo: la nueva arquitectura para proteger el suministro mundial de crudo

La denominada estrategia «Cero Ormuz» persigue reducir la dependencia de Arabia Saudí y, paralelamente de Emiratos Árabes Unidos respecto al estrecho de Ormuz

La denominada estrategia «Cero Ormuz» persigue reducir la dependencia de Arabia Saudí y, paralelamente, de Emiratos Árabes Unidos respecto al estrecho de Ormuz. El objetivo es que una interrupción total o parcial del estrecho como la actual, no paralice las exportaciones de petróleo del Golfo. Esta estrategia adquiere especial relevancia porque el consumo mundial supera ligeramente los 103 millones de barriles diarios de crudo de petróleo y aproximadamente entre el 60 % y el 70 % del petróleo se transporta por vía marítima.

Para Arabia Saudí, la pieza fundamental es el oleoducto Este-Oeste o Petroline, de más de 1.200 kilómetros, que conecta los campos petrolíferos de la provincia oriental con Yanbu, en el mar Rojo. De esta forma, el petróleo puede trasladarse por tierra desde el este saudí hasta la costa occidental y embarcarse allí hacia los mercados internacionales sin atravesar el Estrecho de Ormuz bajo bloqueo iraní.

El Petroline tiene una capacidad máxima de 7 millones de barriles diarios (6,8 % del mercado mundial diario). Actualmente estaría transportando alrededor de 6 millones de barriles diarios (5,8 %), más del 80 % de su capacidad. Sin embargo, parte de ese petróleo abastece las refinerías del oeste saudí, por lo que quedarían aproximadamente 4,5 millones de barriles diarios para exportación (4,4 % del consumo diario mundial). Esta capacidad es considerable, pero indudablemente insuficiente para sustituir los más de 20 millones de barriles diarios ( más 19,4 % del volumen diario) que normalmente atraviesan Ormuz procedentes del conjunto de productores de la región. El Petroline constituye, por tanto, una válvula estratégica de seguridad, pero no un sustituto completo del estrecho.

Por su parte, Emiratos Árabes Unidos (EAU) desarrolla una estrategia complementaria, aunque orientada hacia el este. El oleoducto ADCOP Habshan-Fujairah, de unos 380 kms, transporta el crudo desde Abu Dabi hasta Fujairah, en el golfo de Omán y ya fuera de Ormuz. Su flujo alcanza 1,8 millones de barriles diarios (1,7 % del mercado mundial). Además, se está desarrollando un segundo proyecto que pretende elevar la capacidad alternativa hasta cuatro millones de barriles diarios, mientras Fujairah se consolida como gran centro de almacenamiento y exportación, con un volumen combinado de crudo procesado de unos 3,6 millones de barriles diarios. Arabia Saudí desarrolla así una salida occidental por el mar Rojo, mientras EAU potencia una salida oriental por el golfo de Omán.

La principal limitación de estas alternativas al tránsito por Ormuz es que estas infraestructuras están concebidas fundamentalmente para petróleo crudo. Los productos refinados –gasóleo, gasolina y otros derivados– presentan mayores dificultades para ser desviados por tierra y requieren capacidad adicional de transporte, almacenamiento y terminales portuarias. La alternativa resulta, por tanto, más compleja y costosa para los derivados del petróleo que para el propio crudo.

La estrategia de rimbombante nombre «Ormuz 0», tiene un doble efecto económico y geoestratégico. Por una parte, reduce el riesgo de que un cierre de Ormuz elimine repentinamente una fracción extraordinariamente elevada de la oferta mundial, moderando potencialmente la prima geopolítica incorporada al precio del petróleo. Por otra, el desvío no elimina la vulnerabilidad, sino que modifica su localización.

«Cero Ormuz» no elimina el riesgo geopolítico; lo reduce y diversifica geográficamente, pero simultáneamente traslada parte de la vulnerabilidad desde Ormuz hacia los oleoductos y los grandes nodos portuarios de Yanbu y Fujairah. El valor estratégico de la política no reside únicamente en disponer de más capacidad de transporte, sino en crear redundancia logística, es decir, cuantos más itinerarios y terminales puedan sustituirse entre sí, menor será el impacto sistémico de la interrupción de uno de ellos.

José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino