Tensión en Estados Unidos ante el crecimiento de la presencia china en España, ahora en Ferrol
Al progresivo poder asiático en destacados puertos españoles y en otros sectores, se une ahora su posible llegada a un lugar cercano a importantes activos de la OTAN
El buque de SAIC Motor desembarcando vehículos de su marca MG en Ferrol.
Los americanos han pedido varios informes a consultoras especializadas sobre la creciente presencia china en nuestro país. Como contamos en agosto en El Debate, algunos de los más recientes tuvieron que ver el progresivo control chino de puertos españoles clave, como el de Valencia, que es el cuarto de Europa y el primero de España en tráfico de contenedores, y el de Bilbao que es un enclave estratégico para el comercio de China con la Europa atlántica y está conectado con más de cincuenta puertos chinos.
Ahora el foco se ha puesto sobre el megaproyecto en Ferrol del gigante estatal chino SAIC Motor, a menudo citado junto con la marca MG. Se trata de una planta industrial con una inversión inicial prevista de 200 millones de euros y una producción anual de hasta 120.000 vehículos a partir del año 2028; su primer complejo industrial y logístico para Europa.
El proyecto de SAIC Motor puede ser positivo en empleo, pero presenta varias amenazas que hay que tener en cuenta
En principio, parece un buen proyecto para la región, ya que prevé crear 2.000 empleos directos e indirectos en la comarca. La Xunta de Galicia lo apoya, y el Gobierno central también (el Ministerio de Defensa lo avala). Sin embargo, analistas especializados ven peligros importantes en la operación. Lo que más les preocupa es la vulnerabilidad de la seguridad física y cibernética que podría suponer para activos de la OTAN.
La ría de Ferrol alberga los astilleros de Navantia —en donde se construyen las fragatas F-110 para la Armada Española— y la principal base naval militar del Atlántico. La presencia de una multinacional pública bajo el control directo del Estado chino a pocos metros o kilómetros de instalaciones estratégicas abre brechas de inteligencia e interceptación de comunicaciones.
SAIC no es una empresa privada convencional. Es una corporación estatal vinculada a los planes industriales de Pekín. Su presencia física supone la entrada de un actor estratégico extranjero en suelo europeo que tiene obligaciones normativas ante las leyes de inteligencia y ciberseguridad de la República Popular China.
Por otro lado, la infraestructura de SAIC sugiere, en opinión de algunos expertos, riesgos serios de espionaje o mapeo digital de la infraestructura de defensa gallega. Los vehículos modernos y las cadenas logísticas asociadas tienen cámaras en tiempo real, recogen datos de posicionamiento global, procesan gigabytes de telemetría y cuentan con mapeo LiDAR, una tecnología que utiliza luz láser para medir la distancia a una superficie objetivo. No quiere decir que vayan a espiar, pero técnicamente podrían hacerlo.
La Junta de Inversiones Exteriores debe evaluar aún su impacto para la seguridad nacional
La inversión de SAIC promete empleo inmediato en una zona históricamente castigada, pero quizá no sea realmente tan positiva como parece. Es posible que la planta se limite a montar las piezas importadas directamente desde China, esquivando así los aranceles de la Unión Europea a los vehículos producidos allí, y que no se transfiera ninguna tecnología ni I+D a Galicia. Las inversiones de los gigantes estatales chinos suelen apoyarse en proveedores propios, con lo que asfixian a los locales en lugar de integrarlos.
Por otra parte, las empresas de automoción chinas cuentan con subsidios fuertes del Estado, algo que podría perjudicar la competencia con los proveedores gallegos.
Proyectos como este requieren ser aprobados por el Consejo de Ministros previo paso por la Junta de Inversiones Exteriores para evaluar su impacto en la seguridad nacional. Ya está avalado por el Ministerio de Defensa, y lo que hay que ver es si puede entrar en conflicto con los compromisos de España en la OTAN y en la Brújula Estratégica de la UE. También necesita el permiso de la Autoridad Portuaria Ferrol-San Cibrao, que ha de aprobar la concesión de suelo en Caneliñas, una instalación crítica que forma parte de la red de dársenas de interés general del Estado, para ubicarse en el puerto exterior de Ferrol.
Por otro lado, habría que ver si aceptar proyectos estatales chinos en puertos estratégicos crea un precedente peligroso de vulnerabilidad normativa, y expone a Galicia a posibles sanciones y limitaciones en cuestiones como la captación de fondos de defensa y la tecnología de uso dual europea.
Como se puede ver, la operación puede salir muy bien, pero no está exenta de riesgos importantes que hay que tener en cuenta. Todo ello se gesta en un momento en el que las relaciones entre España y Estados Unidos son muy malas. En agosto ya hablábamos del creciente poder de China en España, que ha ascendido de la mano de protagonistas como el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, los exministros Miguel Ángel Moratinos y Miguel Sebastián, y últimamente con Sánchez.
Por el lado americano, ya hemos visto la reacción de Trump con Sánchez por la que considera insuficiente inversión en defensa, la buena relación que tiene Estados Unidos con Marruecos, y la última amenaza que acaba de hacer el presidente estadounidense a nuestro país: 200.000 dólares a cada buque español que vaya por allí y un veto por importe de unos 3.000 millones de euros a exportaciones españolas, entre las que se incluye el aceite, por prohibir que reposten en nuestro país barcos estadounidenses que se dirigen a Israel a vender armas. El Gobierno ha decidido llevarse mejor con China que con Estados Unidos, y habrá que ver si eso es lo que nos conviene.