El talento se desarrolla mediante estudio, experiencia y prácticaGetty Images

Nace Talento y Empleo, la nueva sección de El Debate para abordar la formación y las capacidades profesionales

Consideremos tres situaciones habituales. Un recién titulado que envía decenas de candidaturas sin obtener respuesta. Un profesional con dos décadas de experiencia cuya ocupación se transforma y que necesita actualizar sus competencias. Una pyme que mantiene una vacante abierta durante meses sin lograr cubrirla. Son realidades distintas con un mismo fondo: existen personas con capacidades que no llegan a emplearse y empleos que no encuentran las capacidades que requieren.

Desde ese desafío nace Talento y Empleo, la nueva sección de El Debate a iniciativa del Instituto Talento y Futuro de la Universidad CEU San Pablo. Su propósito es analizar cómo se relacionan formación, capacidades y oportunidades profesionales. La tecnología, la productividad y la evolución de las profesiones formarán parte de esta conversación, junto con las decisiones que permiten construir una trayectoria laboral y mejorar la calidad del trabajo.

La elección del nombre expresa ese enfoque. Talento procede del latín talentum y del griego tálanton, términos asociados al peso y al valor monetario, que acabaron designando inteligencia y aptitud. Empleo remite a emplear, llegado del francés antiguo y, en último término, del latín implicāre, entrelazar. Esta raíz permite una lectura sugerente: las capacidades personales encuentran aplicación en una red de relaciones, empresas e instituciones.

Desarrollo del talento

El talento se desarrolla mediante estudio, experiencia y práctica. Su reconocimiento depende también de cómo se selecciona, se evalúa y se organiza el trabajo. Por eso, la empleabilidad incluye tanto la preparación individual como las oportunidades disponibles. Una formación adecuada necesita encontrar organizaciones capaces de aprovecharla, reconocerla y seguir desarrollándola.

Quien busca su primera oportunidad necesita conocer dónde puede aportar y tener ocasión de demostrarlo. Quien lleva años trabajando necesita saber cómo está cambiando su profesión y disponer de tiempo y apoyo para actualizarse. Quien decide emprender necesita valorar cómo convertir sus capacidades en un proyecto viable. En todos estos casos, la orientación ayuda a tomar decisiones con mayor conocimiento de las posibilidades y de sus propias capacidades.

Para las empresas y las administraciones públicas, reconocer el talento exige mirar lo que cada persona puede hacer y llegar a aprender. Los criterios de selección y promoción deben guardar relación con las responsabilidades del puesto. También importa qué sucede después de incorporar a una persona: cómo se comparte el conocimiento, qué margen existe para asumir nuevas tareas y qué posibilidades de crecimiento se ofrecen. Esa atención contribuye, además, a retener a quienes ya forman parte de la organización. En el empleo público, ese desarrollo profesional debe contribuir a mejorar el servicio a los ciudadanos.

La inteligencia artificial hace más urgente esta reflexión porque modifica actividades que parecían estables. Su incorporación obliga a decidir qué trabajo queremos mejorar, cómo preparar a los equipos y quién responde de las decisiones. La inversión tecnológica debe ir acompañada de una organización que permita aprovecharla y de una formación vinculada a las necesidades reales de quienes la utilizan.

Una sociedad que no sabe reconocer, desarrollar y aprovechar el talento de sus ciudadanos está renunciando a una parte esencial de su futuro

Desde esta sección analizaremos esas decisiones a través de casos concretos: el paso de las aulas al primer empleo, la reorientación de una carrera o las condiciones que ayudan a conservar a los profesionales. Cada análisis partirá de una pregunta práctica y se apoyará en la evidencia disponible, con sus límites señalados.

Llevar estas ideas a la práctica requiere responsabilidades compartidas. Para la universidad supone relacionar conocimientos, experiencias y orientación. Para las empresas, anticipar funciones, formar a sus equipos y revisar sus criterios de selección y promoción. Para las instituciones, facilitar transiciones profesionales, apoyar el emprendimiento y ofrecer oportunidades de aprendizaje accesibles.

Magnifica humanitas, la encíclica de León XIV publicada en mayo de 2026, aporta un criterio para valorar esa transformación: considerar sus efectos sobre las personas y el trabajo. La productividad debe examinarse junto con las oportunidades de participación y desarrollo profesional que genera.

Cada jueves contaremos con directores de recursos humanos, académicos nacionales e internacionales, responsables públicos, representantes políticos y referentes empresariales y laborales. Abordaremos selección, liderazgo, formación continua, nuevas profesiones, conciliación y productividad.

Esta sección se dirige a quienes buscan su primera oportunidad, emprenden, trabajan en el sector público o necesitan reorientarse, y a quienes forman, contratan o dirigen equipos. Ofreceremos análisis que ayuden a decidir, con datos contextualizados y preguntas relevantes. El futuro del empleo se construye conectando el talento de las personas con oportunidades reales para desarrollarlo.

Ángel Bartolomé Muñoz de Luna y Sonia Martín Gómez
Universidad CEU San Pablo. Instituto Talento y Futuro.