Ana y Rufo en la Fundación Secretariado Gitano, entidad que colabora con el programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”
Rufo Santiago, el gitano que rompe estigmas: de ser rechazado a jefe de tienda en Cartagena
Dejó el bachillerato por la crisis y sufrió rechazos por ser gitano. Con apoyo de la Fundación Secretariado Gitano y del programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”hoy dirige una tienda y lidera a 18 personas
Rufo Santiago sale de su jornada en una tienda de ropa de Cartagena (Murcia), pero el día no termina al bajar la persiana, en casa aún le esperan los horarios y la organización del equipo. A sus 28 años, es el máximo responsable del establecimiento y maneja indicadores como rentabilidad, productividad o cesta media, aunque insiste en que lo decisivo para que cuadren los números son las personas. «Los números no salen sin un equipo humano», resume, convencido de que un buen ambiente laboral facilita el resto.
La historia de Rufo tiene un punto de inflexión temprano: las dificultades económicas de su familia le obligaron a dejar el bachillerato tras terminar la ESO. Su padre, albañil durante años, cambió el oficio después de la crisis de la construcción de 2008 y empezó a «ir vendiendo» en el mercadillo para «tirar adelante», mientras su madre ha trabajado como limpiadora. Con ese contexto, él tomó la decisión de ponerse a trabajar para «echar un cable» en casa.
Rufo Santiago, usuario del programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa” y responsable de una tienda de ropa en Cartagena
Antes de dar el salto al comercio, Rufo trabajó de camarero, una etapa en la que, según cuenta, chocó con prejuicios por su condición de gitano a la hora de encontrar un empleo estable. Relata rechazos que, en su percepción, no respondían a la experiencia o a la falta de formación, sino a estereotipos que seguían operando en el acceso al trabajo. Y subraya que esa discriminación no se limitaba a lo laboral: recuerda episodios en los que, al ir con familiares a restaurantes, cafeterías o discotecas, les negaron la entrada con excusas como «es un reservado» mientras otras personas sí pasaban.
Jefe de tienda
Hoy, ya como jefe de tienda, describe que esos mismos estereotipos aparecen de formas más sutiles (y a veces directas) en el trato con algunos clientes. Cuenta escenas en las que un cliente pide hablar con «el jefe» y, al salir él, percibe sorpresa e incluso rechazo cuando se identifica como responsable. Para Rufo, que en pleno 2026 siga costando «aceptar a la sociedad gitana» es difícil de entender, aunque reconoce avances «como etnia» y lamenta que aún persistan clichés.
El apoyo que hoy menciona con más claridad tiene nombres y apellidos: la Fundación Secretariado Gitano y el programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”, enfocado a la inserción sociolaboral de personas en riesgo de exclusión. Rufo ya había pasado por programas de refuerzo educativo de la Fundación Secretariado Gitano cuando era niño y sitúa ese acompañamiento como un «refugio» que le ayudó a seguir en el instituto. Años después, cuando las dificultades para trabajar se intensificaron, volvió a acudir a la entidad y encontró en Incorpora un itinerario con formación y opciones para prácticas.
Los números no salen sin un equipo humano
Eligió el comercio por una razón casi biográfica: su contacto con el mercadillo familiar, el trato con la gente y la venta le resultaban naturales desde pequeño. La formación que recibió, explica, le dio herramientas prácticas para entender qué exige una empresa y cómo desenvolverse con clientes y tareas básicas de tienda, de modo que no llegó «de cero» a las prácticas. Esas prácticas se desarrollaron en Kiabi y, tras completarlas, le ofrecieron un primer contrato de tres meses que fue encadenando responsabilidades.
Ana y Rufo en la Fundación Secretariado Gitano, entidad que colabora con el programa Incorpora de la Fundación ”la Caixa”
En ese recorrido aparece la figura de Ana Esther Aliaga, prospectora de empleo de la Fundación Secretariado Gitano en Murcia e integrante de la red de entidades de Incorpora. Aliaga detalla un modelo de acompañamiento individualizado que empieza con la acogida, pasa por orientación para definir preferencias y necesidades formativas, y continúa con formación, búsqueda de empleo o ambas, además de la prospección para localizar empresas y ofertas. También describe barreras persistentes: desde empresarios que preguntan «a ver a quién me vas a mandar» hasta el filtro que, en ocasiones, provocan ciertos apellidos en un currículum. Y añade un matiz especialmente sensible: las mujeres gitanas, dice, afrontan doble discriminación, con preguntas en entrevistas sobre maternidad o edad de matrimonio.
Las mujeres gitanas afrontan doble discriminación, con preguntas en entrevistas sobre maternidad o edad de matrimonio
El desenlace, por ahora, es el que Rufo llama «su propio sueño»: en 2025 fue nombrado líder de tienda en el establecimiento de Cartagena. Desde esa posición dirige un equipo de unas 18 personas y se declara «supercontento» por una oportunidad que antes veía inalcanzable, recordando que entró en la empresa con 19 años. Aun así, no cierra la puerta a seguir creciendo dentro de la compañía, mientras mantiene una idea fija: sin equipo, no hay resultados.