¿Es leer un placer o una tarea para los estudiantes?
Un recorrido por el Metro y las librerías de Madrid demuestra que los jóvenes mantienen vivo el hábito de la lectura de ocio más allá de las aulas
Una mujer lee en el transporte público
A pleno mediodía la estación de Argüelles del Metro de Madrid acoge, entre fuertes pisadas de hule, mochilas que pueden llegar a esconder algo más que apuntes. La atención mayoritaria se deposita rutinariamente sobre las pantallas; entretenimiento asequible que se traduce en la sensación de libertad y descanso frente al resto de ocupaciones que conlleva la vida. Contra esta prisa y el ruido de los pasillos, hay jóvenes que, al iniciar el trayecto a su destino, depositan la mirada en ejemplares que los sumergen en un universo sin límites.
Es el caso de Juan Pablo, que se encontraba en aquel caluroso vagón de la línea 3, vacilando por el movimiento del tren entre el móvil y un libro. Al decidirse por el libro, ya avanzado, se absorbe en la lectura el resto del viaje. El joven de diecinueve años se encontraba leyendo Discursos y Escritos Seleccionados de Epicteto, filósofo estoico de la Antigua Grecia. Lo leía en inglés y en físico. Prefiere este ultimo formato porque considera que el papel en sí hace la experiencia mágica y que los dispositivos, al contrario, generan distracción. Como estudiante de Relaciones Internacionales y Análisis en Negocios su ultima lectura obligatoria fue El mundo de ayer del austríaco Stefan Zweig, escrita en XX. Dicha lectura fue de su total agrado. Para él las lecturas obligatorias no tienen una connotación negativa si se tiene en mente que el leer en sí nutre al lector de conocimiento y porque las temáticas abordadas en el temario de su carrera le apasionan.
Así, el tren para y algunos viajeros se encaminan a la casa del conocimiento; la universidad. ¿Es posible que estos quieran seguir leyendo a pesar de tener ya que hacerlo tanto para clase como para evaluaciones? La respuesta se asoma en los sillones fuera de las aulas, donde Javier suele esperar el inicio de sus clases con un amigo empaginado, hoy se trata de la novela El árbol de la ciencia de Pío Baroja, escritor vasco de la generación del 98. El estudiante de Humanidades y Comunicación Audiovisual adora leer en papel. El contacto físico con las páginas le facilita tomar anotaciones o subrayar, además de darle una sensación de mayor naturalidad y comodidad. Su última lectura obligatoria fue el cantar de gesta medieval Cantar de Mio Cid. Si bien lo considera especial para un público en concreto, le ha parecido interesante, asequible y sobre todo relevante para su grado y para la cultura literaria española. Para Javier, lo que hace que un libro verdaderamente lo atrape es que este enseñe algo y que lo incentive a la reflexión. Mas allá de la narrativa, él piensa que lo esencial es que pueda aprender algo y que se traduzca como un aporte en su vida, además de motivarlo a profundizar y pensar fuera de su rutina.
Cuando las lecciones terminan llega el momento de buscar los ejemplares necesarios para la biblioteca del saber. Es por eso que la librería Casa del Libro se encontraba repleta de lozanía a plena tarde en Gran Vía. Rebuscando entre la sección de Poesía, se encontraba Eugenia, quien tomaba los ejemplares, leía la sinopsis y lo devolvía a su sitio. Ha venido por un libro específico, pero siempre que va a una librería siente la necesidad de explorar las estanterías. La estudiante de Ingeniería Biomédica tiene entre sus brazos Poesía Completa de Alejandra Pizarnik, poetisa y escritora argentina del siglo XX. Prefiere los libros en físico, pero cuando tiene bajo presupuesto también lee en el ordenador en formato PDF. Aún así, si lee un libro en digital y le termina gustando mucho decide ahorrar para comprar el ejemplar. Justo por eso, hoy se llevaba esta colección de versos, con la ilusión de releerlo y anotar sus pensamientos. A Eugenia no le asignan mucha literatura en su temario y por eso le encanta explorar nuevas posibilidades. Su última lectura obligatoria fue Principios de Anatomía y Fisiología de Gerard J. Tortora. El cual encontró útil para sus asignaturas, pero no necesariamente divertido.
El día casi se acaba, pero, aunque cierren las puertas de la librería, los estudiantes siguen y seguirán leyendo. Según el estudio de 'Hábitos de lectura y compra de libros en España' realizado por Conecta en 2025 para la FGEE, los jóvenes de entre 14 y 24 años se sitúan como líderes absolutos en la lectura de ocio con un 76,9 % de lectores por placer, una tasa que asciende al 84,4 % entre quienes cuentan con educación universitaria. Asimismo, se observa la consolidación del entorno digital, reflejada en que el 33,2 % de la población lee habitualmente en soportes electrónicos. Para comprobar estos datos basta con dar un paseo y observar cómo la mirada pérdida de los jóvenes no siempre se encuentra en redes sociales. Incluso saliendo de una librería, el trayecto de vuelta a casa está repleto de rostros longevos que sumergen su mente en las páginas de la posibilidad. No es un mito entonces que los universitarios disfruten la lectura, es una realidad que camina por la calle.