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La cátedra extraordinaria que se impartirá en la Universidad Complutense de Madrid.Instituto de las Mujeres

Sánchez lleva la ideología de género a la universidad: «Deconstruir el discurso patriarcal» y «un lenguaje inclusivo no sexista»

La cátedra extraordinaria «Valores Democráticos y de Género» se impartirá en la Universidad Complutense de Madrid tras la inversión de Igualdad de más de 400.000 euros

El Gobierno de Pedro Sánchez busca impartir sus dogmas y argumentarios en ideología de género en la universidad pública. Lo hace a través de la creación de una cátedra extraordinaria en la Universidad Complutense de Madrid titulada «Valores Democráticos y de Género». Esta cátedra ha sido promovida por el Instituto de las Mujeres, organismo público dependiente del Ministerio de Igualdad que lidera Ana Redondo.

La finalidad de esta materia, según la página web del organismo público, es «defender y difundir los valores democráticos incorporando el conocimiento en materia de género». «El objetivo de la cátedra es desarrollar actividades de análisis, investigación, docencia y formación relativas a valores democráticos, incorporando una visión de género», añade en este sentido. El proyecto ha tenido una inversión de 420.000 euros, según los propios promotores.

«Con una vigencia de cuatro años y una inversión de 420.000 euros, el objetivo del convenio es promover el análisis, la docencia en esta materia, a través del desarrollo de cursos, seminarios y ciclos de conferencias, así como realizar estudios e investigaciones», se explica en la descripción de la cátedra extraordinaria. «Formar en valores democráticos para construir democracia y no presuponerla, es esencial para que las relaciones entre personas tengan el marco del estado de derecho como base fundamental, desde el respeto a las instituciones, procurando su desarrollo democrático. Ello implica necesariamente la inclusión de la perspectiva de género y la revisión de la construcción de la democracia desde la memoria histórica de las mujeres a la actualidad», apostilla.

El Instituto de las Mujeres ofrece además varias guías orientadas al profesorado que vaya a impartir esta materia en las aulas de la Universidad Complutense de Madrid. La primera de ellas es una «guía de buenas prácticas» para ayudar a enseñar la biología «desde una perspectiva de género». En este documento ya se muestra la carga ideológica de este proyecto, puesto que denuncia un «claro sesgo en el papel de las mujeres en la historia de la biología, que han pasado a un segundo plano a pesar de los grandes descubrimientos que se les atribuyen en la actualidad». «Algunos artículos sugieren que el estudio de biografías de científicas en el aula es fundamental para visibilizar el papel de las mujeres y crear referentes, no sólo para las estudiantes sino también para sus compañeros varones», apostilla.

«Debe estar presente, además, desde los primeros pasos del estudiantado en la Universidad, planteando cómo las diferencias de género afectan a los estudios biológicos y sentando las bases en las primeras asignaturas relacionadas con metodología y técnicas de investigación comunes a todas las disciplinas de la biología», argumenta esta guía.

«Usar un lenguaje inclusivo no sexista»

El documento insta a utilizar «un lenguaje inclusivo no sexista». «En todas las interacciones docente-estudiante es necesario el uso de un lenguaje que reconozca la diversidad de género y evite terminología excluyente o estereotipada, visibilizando a las mujeres y evitando que sean consideradas un colectivo cuando son la mayoría de la población mundial», señala.

«Si el profesorado hace hincapié en sus clases sobre la importancia de la perspectiva de género, pero no utiliza un lenguaje no sexista en sus actividades académicas, puede perder credibilidad. Cambiar la mentalidad para modificar un lenguaje que está muy arraigado puede ser una ardua tarea para las y los docentes, pero en la actualidad existen guías muy claras y sencillas para el uso de un lenguaje no sexista», argumenta.

Otra guía práctica que se pone a disposición de los docentes de la universidad aboga por «comunicar con perspectiva feminista». «El objetivo general de los análisis con perspectiva feminista es determinar determinar los mecanismos representativos por los que cualquier mensaje construye la diferencia sexual de forma jerárquica», alega. «Es decir, el proceso por el que la diferencia sexual se transforma en desigualdad. El objetivo prioritario consistiría en generar discursos, relatos, símbolos y metáforas que generen un imaginario colectivo en igualdad. Se trata de romper la estructura jerárquica que coloca a las mujeres en posición de subordinación social», argumenta.

«Deconstruir el discurso patriarcal»

El documento denuncia varios tipos de violencia contra la mujer, como la «violencia epistémica» y la «violencia simbólica». «La violencia epistémica se refiere a las formas de violencia que se ejercen a través del conocimiento y la producción de saberes. En lugar de enfocarse únicamente en la violencia física o directa, la violencia epistémica se centra en las formas en que se establecen y mantienen relaciones de poder a través del control y la dominación de los discursos y conocimientos», describe.

Por su parte, la violencia simbólica sería «una violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento». «Una violencia, que se apoya en relaciones de dominación de los varones sobre las mujeres, a lo que el autor llama la dominación masculina», indica.

También se insta a «deconstruir» el «discurso patriarcal». «La comunicación feminista desafía los discursos y narrativas que refuerzan estereotipos de género, el machismo y la subordinación de las mujeres. Esto implica cuestionar las formas en que los medios representan a las mujeres, tanto en su rol público como privado, y promover narrativas que subviertan los valores patriarcales», explica.

También se pide «evitar la cultura de la violación». «La cultura de la violación, acuñado como concepto en los años 70, vincula la violación y la violencia sexual a la cultura de una sociedad en la que lo habitual es normalizar la violencia sexual, excusar y tolerar al agresor, culpabilizar a la víctima e incluso perdonar la violación. La cultura de la violación está tan arraigada en la sociedad que casi es imperceptible. A fuerza de ser 'tan normal', se ha hecho invisible. Constituye un ejemplo claro de violencia simbólica. Es imprescindible erradicarla del relato», denuncia el documento.

«Repensar la economía desde la perspectiva feminista»

Otra de las guías prácticas demuestran el carácter ideológico de esta cátedra: «Repensar la economía desde la perspectiva feminista». «El argumento central de la economía feminista es, precisamente, que ninguna teoría o política económica es neutral en cuanto al género. En las últimas décadas, ha comenzado a reconocerse la necesidad de 'generizar' la economía, es decir, replantear el análisis económico para que abarque la realidad económica de toda la población y no solamente la de determinados hombres», destaca.

El documento denuncia, entra otras cuestiones, «la división sexual del trabajo» y el «trabajo de cuidados». «Las estructuras de poder basadas en el género, a través de las cuales hombres y mujeres tienen acceso a diferentes niveles de poder económico, social y político, determinan la división sexual del trabajo. De acuerdo a este esquema, los hombres desempeñan trabajos remunerados y las mujeres, trabajos peor retribuidos en el mercado laboral y, además, los trabajos domésticos, no remunerados. El trabajo de cuidados, a menudo invisibilizado en las estadísticas tradicionales, es indispensable para el crecimiento económico y el desarrollo social», señala.

«El impacto de género de las políticas macroeconómicas también es un tema clave en el análisis feminista de la economía. Tanto la macroeconomía ortodoxa como la heterodoxa (la escuela postkeynesiana, la marxista o la institucionalista), a pesar de sus diferencias metodológicas y enfoques, han mostrado una resistencia común a adoptar el género como herramienta analítica. Asumen erróneamente que la mayoría de los agregados económicos y las políticas macroeconómicas son neutrales en cuanto al género», explica en otro apartado.

«Evitar el uso del lenguaje en los estudios estadísticos»

Otra guía de buenas prácticas para los docentes de esta cátedra extraordinaria pide hacer «estudios estadísticos con perspectiva de género». «La perspectiva de género es un enfoque analítico y práctico que busca identificar, cuestionar y transformar las desigualdades de género existentes en la sociedad. Cuando se habla de adoptar o incluir la perspectiva de género en el desarrollo de alguna actividad hablamos de identificar y eliminar de dicha actividad los posibles estereotipos o roles sociales de género que resultan en una discriminación de las mujeres por razón de su sexo biológico», asegura.

Este documento denuncia la «brecha de género» por mostrar «la diferencia entre varones y mujeres en la media o mediana de una variable numérica (normalmente esa diferencia se expresa en porcentaje respecto a la media o mediana de los varones)». Pide además, a la hora de realizar estudios estadísticos «evitar sesgos de selección muestral en la recolección de datos» y «evitar el uso del lenguaje en los estudios estadísticos».

«La política y la guerra son cuestiones exclusivas de hombres»

«Guía básica para docencia e investigación en historia con perspectiva de género», es otro de los documentos que se pone a disposición del profesorado que denuncia la «invisibilidad» de las mujeres a través de la historia. «Conocer la historia es recoger de forma siempre indirecta hechos del pasado e interpretarlos desde el presente. Pero esa búsqueda e interpretación de lo ocurrido a lo largo de los siglos se ha hecho de forma recurrente sobre un sujeto coral limitado y, aunque en los dos últimos siglos esta visión se ha extendido algo más allá de un núcleo eurocéntrico de alto poder económico y político, más de la mitad de la población, la que forman las mujeres, sigue quedándose fuera del foco», asegura.

En este documento se identifican «diez estereotipos de género en la historia» para poder «evitarlos». Serían los siguientes:

  1. Sexo y género son lo mismo.
  2. ​La política y la guerra, cuestiones exclusivas de hombres, son los ejes de la historia.
  3. Ha habido grandes mujeres excepcionales en la historia y ya se las recuerda.
  4. El protagonismo de las mujeres en la historia las llevó a la locura.
  5. La obra anónima pertenece a hombres que no quisieron darse a conocer.
  6. Las mujeres solo se han ocupado de ‘‘cosas de mujeres’’.
  7. Las mujeres no son capaces de decidir libremente y por sí mismas el voto.
  8. Las mujeres no participaron en las guerras, revoluciones ni en las expediciones internacionales.
  9. Ellas son de letras, ellos son de ciencias.
  10. Los roles de género se han mantenido intactos durante milenios.

«Violencias machistas digitales»

Otra materia que se distribuye a los profesores trata de explicar las «violencias machistas digitales» para poder erradicarlas. «Las violencias machistas digitales no son nuevas violencias, si no un nuevo espacio en el que se reproducen las mismas violencias de siempre; es decir, su raíz es la violencia machista, el patriarcado adaptándose a los nuevos tiempos», afirma.

«Algunas particularidades son la posibilidad del anonimato, la capacidad de ejercer violencias por tiempo ilimitado (24/7) o de ejercerlas contra cualquier persona en el mundo, ya que no hay una necesidad expresa de presencia física. Estas suponen un peligro exponencial de este tipo de violencias y permiten, a su vez, la invisibilización (y normalización) tanto de las propias violencias como de los agresores que las cometen, ofreciendo un sentimiento de impunidad al respecto», describe esta guía.

El mismo documento pretende identificar varias violencias machistas digitales, poniendo como ejemplo las aplicaciones que se descargan en el móvil para ligar, la pornografía digital, el uso de la Inteligencia Artificial (IA) la robótico –por ser máquinas con género– o la «validación en las redes sociales».

«El ciberactivismo feminista es primordial para visibilizar las ciberviolencias contra las mujeres y para tejer redes feministas que unan sus protestas en todo el mundo y denuncien violencias estructurales compartidas», apostilla la guía.

«Repensar la educación desde la perspectiva feminista»

Por último, se ofrece a los profesores un documento para «repensar la educación desde la perspectiva feminista». «En un contexto en el que el proceso de socialización es diferencial en función del género, tendríamos que empezar a preguntarnos si la educación también lo es. Las brechas de género en el ámbito educativo vienen a confirmarnos que así es», denuncia.

«En España, el abandono temprano de la educación-formación ha sido siempre superior en los hombres, sin embargo, las mujeres tienen mejor rendimiento académico que sus compañeros; en las carreras STEAM la presencia de mujeres es muy escasa, mientras que ocupan, mayoritariamente, las aulas de estudios universitarios vinculados a la educación, la salud y servicios sociales, las artes y humanidades, etc», describe sobre esta cuestión.

Además, expone un «decálogo de buenas prácticas educativas» para impartir esta cátedra extraordinaria, que sería el siguiente:

  1. El género como elemento central del currículum.
  2. Formación específica y especializada en género del profesorado y de las y los profesionales de la educación.
  3. Revisar materiales didácticos desde una perspectiva feminista. Prestando especial atención a los libros de Historia.
  4. Formación especializada en género de autores/as de libros de texto y materiales didácticos.
  5. Docencia y didáctica con perspectiva de género.
  6. Educación para la vida, pero para la vida de todas las personas.
  7. Repensar los espacios educativos.
  8. Recuperar una genealogía feminista para lograr una educación igualitaria.
  9. Orientación educativa con perspectiva de género feminista.
  10. Establecer un código deontológico para profesionales de la educación desde la perspectiva feminista.