La postiza crisis de Gobierno del 'Aquí no hay quien viva'
Ni Sánchez avanzará elecciones ni Sumar abandonará el Consejo de Ministros, con el primero hecho a vivir en el insomnio y los segundos al «ande yo caliente y ríase la gente» que tan bien versificó Góngora, mientras gobiernan sus días mantequillas y pan tierno
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz
Después del teatrillo de fin de curso escolar que los ministros de Restar –antaño Sumar– protagonizaron el viernes recreando la popular serie televisiva del Aquí no hay quien viva saldada con el previsto estrambote del «adónde vamos que estemos mejor», lo que obligó a demorar el Consejo de Ministros extraordinario, Pedro Sánchez apareció en rueda de prensa fingiendo normalidad luego de darles la perra gorda de un decreto sin viabilidad parlamentaria para que estos ‘novilleros’ se arrogaran ser oposición interna del Gobierno de oposición que se sostiene con la respiración asistida de una mayoría de bloqueo que impide aprobar los Presupuestos desde la pasada legislatura. Tras catalogar de «salseo» el episodio, el tiktoker Sánchez se burló de los periodistas con un «bienvenidos a la política del siglo XXI».
Lo hizo con la impostura del Tartufo de Molière con el que gran comediógrafo francés no quiso tanto retratar a estos truhanes como subrayar la predisposición de los incautos a ser engañados por estos granujas. Así, uno de los personajes inquiere a uno de esos panolis: «¿Queréis […] rendir el mismo honor a la máscara que al rostro, igualar el artificio a la sinceridad, confundir las apariencias con la verdad, estimar al fantasma como a la persona y a la moneda falsa como a la buena?». Dicho lo cual, ¿quién no reconocería el tartufismo de «Noverdad» Sánchez con su careta de presidente intensamente enfadado –como antes se enfundó la de profundamente enamorado tras ser imputada su mujer por corrupción– al dar cuenta de su plan rataplán, plan, plan, contra las secuelas económicas de la guerra de Irán? Como en la mortandad el COVID y en la tercera invasión rusa de Ucrania, se vale de la excepcionalidad para sus desafueros dado que, más que escudos sociales, persigue blindar su impunidad.
Habiendo aplazado tres semanas la adopción de medidas contra el impacto del conflicto bélico desatado por Israel y EE.UU. contra la teocracia asesina de los ayatolás para aprovechar ese lapso para abultar los ingresos del Estado con el incremento del precio de carburantes y alimentos, Sánchez exhibió un copia y pega de parte del programa anticipado fechas atrás por el PP, salvo en lo referido a la bajada del IRPF, más un nuevo decreto con las requisitorias cubanas –con prórrogas de alquileres y antidesahucios– de un Sumar a dos velas como la isla de sus tentaciones castristas.
Siempre que se observe Cuba, no desde las penalidades de sus gentes, sino desde un hotel cinco estrellas como esos brigadistas del ideal –en realidad, jet set comunista– que, como Pablo Iglesias, retornarán con la conciencia de clase bien henchida al rico casoplón al que se mudaron de su vivienda de protección pública de Vallecas que les permitía pensar cómo vivían, según le trasladó en su día a Ana Rosa Quintana en Telecinco, y mortificarse hoy con colegios y sanidad privados para sus pipiolos. Pero, en fin, el comunismo bien entendido empieza por aplicárselo a los demás, mientras su privilegiada nomenclatura (vulgo, casta) explota la idiotez ajena. Como tantas veces, la autodenominada «flotilla de la libertad» fletada a Cuba ni fue flotilla ni abanderó libertad alguna, sino que se asomó para salvaguardar la dictadura castrista. Cúmplase la proclama de Marie-Jeanne Roland de la Placiere, cuando víctima del terror revolucionario caminaba a la guillotina: «¡Oh Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!»
Pero, volviendo al plan de maquillaje de Sánchez, este incurre en los mismos artificios con los que la buscona Frosine trata de camelar al avaro de Molière cuando, encandilado por la joven Mariane, le pregunta si la madre de esta ofrecerá buena dote. «¡Cómo! Es una joven que os aportará doce mil libras de renta», le replica la celestina. Sin embargo, el usurero Harpagon descubre pronto la treta al atribuir a la alcahueta tres mil libras a la frugalidad de la joven en la mesa; cuatro mil a su desdén por alhajas y prendas suntuosas; y otros cinco mil a su aversión al juego en una época de afición común entre las damas acomodadas. «Es una burla —refuta el avariento— pretender que la dote se base en gastos que no hará. No reconoceré como deuda aquello que no reciba. Y será preciso que toque algo». Aunque la corredera esgrime con doblez que, si se casa con la joven, «tocará bastante», este no transige al anteponer su felicidad bien aprovisionada que dejarla al albur de un ahorro por venir.
Otro tanto con los 15.000 millones que Sánchez anunció poner sobre la mesa cuando entrañan una pequeña porción de lo que ingresará de más Hacienda con la inflación. No es que Sánchez, como le afeó Yolanda Díaz, haya comprado la lavadora vieja del PP, sino que se trata de un electrodoméstico averiado al que ha recubierto con un revestimiento ostentoso para que dé el pego como si fuera de última generación. Pero el real decreto de Sánchez es otro trampantojo en su habitual estrategia de servirse de cualquier encrucijada extraordinaria para saltarse la Constitución.
Como esa engañifa de dilatar sine die unas Cuentas Públicas que, constitucionalmente, debían haber entrado en las Cortes antes de finiquitarse 2025 con el ardid postrero de la contienda iraní iniciada este 28 de febrero, esto es, cuando ya debían llevar vigentes dos meses. Excusas de mal pagador cuando, para más inri, la irrupción rusa en Ucrania no ha impedido a Zelenski que la Rada Suprema (Cámara de Representantes) refrendará la primera semana de diciembre de 2025 sus contabilidades para este 2026.
Por contra, Sánchez ni siquiera los ha registrado tras su «somos más» de su «dulce derrota» de julio de 2023 ante Feijóo, contraviniendo abiertamente la Constitución toda esa legislatura, cuando ello obliga en cualquier democracia a anticipar urnas. Claro que ya usó el COVID, siendo reprobado por aquel Tribunal Constitucional, para cerrar las Cortes cuando Churchill afrontó una moción de censura con la aviación nazi bombardeando Londres.
Pero ni Sánchez avanzará elecciones ni Sumar abandonará el Consejo de Ministros, con el primero hecho a vivir en el insomnio y los segundos al «ande yo caliente y ríase la gente» que tan bien versificó Góngora, mientras gobiernan sus días mantequillas y pan tierno. Y a vivir que son dos días que paga el erario público, aunque sepan que Sánchez los ha relegado a una irrelevancia de la que ya no saldrán, prolongando el recreo previo al Consejo de Ministros como Sumar o recreando el dúo Pimpinela con Gabriel Rufián e Irene Montero en una nueva operación cosmética de Pudimos con un separatista fijo discontinuo con más cuento que Calleja.
El drama de los aliados de Sánchez es que este se ha comido sus votantes y, a medida que su declive se hace más acusado, ya no le da siquiera ese fondo de reserva, dejándole sin hálito de esperanza para 2027, salvo que «Nox» sea su cisne negro por mor de su crisis interna derivada del enfrentamiento de Abascal con el resto de fundadores de la organización. Contrariamente a los cálculos hechos en su día por algunos socialistas bien intencionados de que, si el PSOE jugaba a Podemos, la gente optaría por el original en vez de por la copia, un podemizado PSOE ha logrado que la gente prefiera la copia, al igual que ha operado China con los productos europeos hasta arramplar con sus factorías y sus marcas.
Bajo el marchamo de un PSOE dizque socialdemócrata, pero que no es desde Zapatero en adelante, se diría que la extrema izquierda –gobernando el PSOE con neocomunistas o separatistas junto a los filoetarras– es inexistente en España frente a una desmandada extrema derecha que no se circunscribiría a Vox, sino a todo el que pacte Ejecutivos alternativos a los de esa falazmente ficticia (pero real como la vida) ultraizquierda. Así, al mandar lo que oficialmente no existe, a terroristas como la exjefe etarra Amboto se le concede la semilibertad tras cumplir únicamente 15 años en Francia y 6 en España de los 717 a los que fue condenada, como pronto gozará de ese régimen «Txapote» tras votar a un Sánchez al que tanto molestaba esa acusación como esta guerra de Irán con la que sólo procura seguir mandando sin votos saltándose lo que sea menester a la grupa de unos socios que tragarán lo que fuere antes de apearse del coche oficial o dejar lucir palmito en los Oscar como «Yoyolanda» Díaz.
Entre tanto, los del Aquí no hay quien viva distraerán al respetable con sus dimes que te digo como aquellas «peleas en broma» por fandangos de los 70 de Juanito Valderrama y Dolores Abril con las que se ponían como pingajos cantando a dúo: «Yo sé bien que no lo sientes/ Lo que acabas de decir/ Yo sé bien que no lo sientes/ ¿Cómo lo voy a sentir/ Si vivo para quererte».