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Fotomontaje de Maria Jesús Montero y Juanma Moreno

Fotomontaje de Maria Jesús Montero y Juanma Moreno

De lunes a lunes  La amarga victoria del PP tras el «Despeñapedro» andaluz

El gran éxito cosechado ayer por el PP deja un inevitable sabor amargo que, además, le obliga a tener que entenderse con Vox después de que Moreno lo hubiera planteado como un plebiscito para evitar que los de Abascal supeditaran su gobernación

Cuando uno pedalea contra sus expectativas como Juanma Moreno en Andalucía corre el serio riesgo de alzar los brazos antes de atravesar la línea de meta dejándose unos segundos que pueden ser determinantes para cumplir el objetivo perseguido. Esto explica que el gran éxito cosechado ayer por el PP deje un inevitable sabor amargo que, además, le obliga a tener que entenderse con Vox después de que Moreno lo hubiera planteado como un plebiscito para evitar que los de Abascal supeditaran su gobernación.

Pero ha vuelto a chocarse con la tozuda realidad de que los populares -como antes en Extremadura, Aragón y Castilla y León- están condenados a entenderse con Abascal para gobernar esas autonomías y también el Gobierno de España en un Parlamento tan fragmentado. Tratando de que Vox «dejara de joder con la pelota», como en la canción de Serrat, ahora Juanma Moreno tendrá que buscar un acuerdo -como tras las elecciones de 2018- con una fuerza política cuya apelación a la «prioridad nacional» le ha servido de tabla de surf con el que sortear la mayoría absoluta de un PP que lo tildó de factor desestabilizador.

Abascal, en la sede de Vox este domingo electoral del 17-M

Abascal, en la sede de Vox este domingo electoral del 17-M

Pero, al margen del designio del reparto final de escaños que hace cuatro años favoreció al PP, a Juanma Moreno le ha penalizado una campaña demasiado templada en el que ha dejado que cundiera la impresión de que era el Chaves del PP y de ser tibio contra la corrupción sanchista tratando de atraerse votantes socialistas cuando fue capaz, en su día, de plantarse ante el antiguo club de alterne Don Ángelo para denunciar donde el PSOE destinaba el dinero de los parados andaluces, mientras ahora ha tocado esos asuntos -habiendo crecido- de soslayo. Por eso, deberá tener a Vox como mosca cojonera.

Al haber evitado Vox esa nueva mayoría absoluta del PP en Andalucía, ese será el clavo ardiendo al que se agarrará Sánchez tras su batacazo andaluz al haber hundido nuevamente el suelo andaluz socavando los 30 escaños de hace un cuatrienio. Por eso, después de su «Despeñaperro» de este domingo en el que el PSOE ha sido vapuleado como corolario de un vía crucis iniciado en Extremadura antes de Navidades y clausurado este florido mayo en Andalucía tras hacer estación en Aragón y en Castilla y León, el presidente del Gobierno se enajenará de esa cascada de fracasos como si su dedazo no hubiera designado a todos los «morituri» cabeza de cártel en estas autonomías que rondan la mitad del electorado español. Aun así, se bunkerizará en La Moncloa con un Consejo de ministros roto, sin estabilidad parlamentaria como para aprobar Presupuestos y con la Justicia acorralando tanto a su partido como a su familia y, por ende, a quien observa a su mujer y a su hermano rumbo al banquillo.

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, en el último acto de campaña

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, en el último acto de campañaEFE

A este respecto, seguirá impávido como un ave disecada tras despedir a Marisu Montero con un cierre de campaña en Sevilla que fue un homenaje a la corrupción con una primera fila que parecía un banquillo -con los expresidentes de los ERE, Chaves y Griñán, en ese lugar preferente- bajo el cartelón de «Vota en defensa de lo público» (para perseverar en el latrocinio). El lema retrotraía al «Cien años de honradez», al que entonces dirigente comunista, Ramón Tamames, apostilló «y cuarenta de vacaciones».

Concluido este ciclo con la amarga victoria de Juanma Moreno, Sánchez no anticipará urnas como cabría en un gobernante demócrata, pero no en quien personifica cómo los regímenes liberales pueden ser devastados desde dentro por quienes supeditan sus reglas a su voluntad al encaramarse sobre la leyes y colonizar los órganos de fiscalización laminando contrapesos. Hasta las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2027, sin autocrítica por su parte, Sánchez asistirá -como en 2023- inmolará a los suyos jactándose de que ahí se las den todas.

Merced a la servidumbre voluntaria de su dirigencia y militancia, quien se ha autoerigido en elector único de un partido-secta que practica el culto a la personalidad a su «Puto amo», se obrará un ominoso mutismo -más allá de algún jeribeque del «tocapelotas» de Page- sin que nadie osé reprobarle como a Starmer en el Reino Unido a raíz del descalabro laborista en las municipales o plantear un relevo ordenado como los liberales canadienses con un achicharrado con Justin Trudeau en favor de Mark Carney, un aristocrático economista, que le dio la vuelta a las encuestas a falta de seis meses para las elecciones derrotando al conservador Pierre Poilievre que era el favorito de lejos.

Si los cabezas de huevo monclovitas -para preservar su integridad física a fin de que el déspota no les arroje a la cabeza el primer objeto a su alcance- discurren que sus abstencionistas se levantarán del sofá -como señaló la portavoz socialista Montse Mínguez- para votar a Sánchez en las generales, yerran de medio a medio. El batacazo de Montero es un sufragio de castigo a Sánchez al ser indisociable del presidente al llevar un quinquenio retratado a su lado con sus ridículos mohines y sus compulsivos palmoteos, amén de estar pegada a su corrupción al haber tapado las anomalías fiscales de su hermano David y favorecido los enjuagues de su cónyuge desde el Ministerio y desde la SEPI.

HUELVA, 05/05/2026.- El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y la candidata socialista a la Presidencia de la Junta de Andalucía y secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, en el acto electoral este martes en el edificio Jacobo del Barco del Campus del Carmen de la Universidad de Huelva. EFE/Alberto Díaz

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y la candidata socialista a la Presidencia de la Junta de Andalucía y secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, en un acto electoralEFE/Alberto Díaz

De ahí que, siendo trianera de pura cepa, haya sido percibida como una cunera o paracaidista de un Sánchez que, amén de su talismán Zapatero, la ha arropado en media docena de mítines. Blandir los 579.000 votos más que el presidente cosechó en las generales de 2023 respecto a Juan Espadas en las andaluzas de 2022, con el peor registro del PSOE hasta este 17 de mayo, no deja de ser la expresión de un deseo de quien pronto comentará de Montero «conoces a gente durante años que, de pronto, son como extraños en tu cocina».

Pero es que el PSOE, en estos ocho años de mandato que acaba de revalidar Juanma Moreno, ha dejado de ser el partido natural de los andaluces que fue cuasi 40 años y que, incluido con mayorías absolutas del PP con Aznar y con Rajoy, mantuvo el 40% de los votos, mientras hoy raya los niveles de la Coalición Popular de Hernández Mancha (28 en 1986), y podría ver el fondo de las urnas con la fortaleza de una Izquierda Unida como la de Julio Anguita (19 en 1986) o Luis Carlos Rejón (20 en 1994), en vez de esta otra cómplice con la pudrición socialista con Yolanda Diaz escudando la honradez de Sánchez desde el escaño. Frente al mejunje de IU, Podemos y Sumar bajo la marca «Por Andalucía», la otra candidatura de la izquierda radical «Adelante Andalucía», sin esa hipoteca, ha volado alto agitando el agravio andaluz tras aunar el comunismo libertario, el nacionalismo musulmán y el populismo latinoamericano.

Así, el PSOE andaluz, tenido por el partido por excelencia de los andaluces desde que Felipe González lo refundó en Suresnes, es hoy una franquicia de una organización personalista que sólo reporta a un PSC criptonacionalista. Sometido al separatismo, la antaño casa matriz ha de vender retales que no son del gusto de los andaluces como se constatará este lunes al finiquitarse el tiempo muerto que Sánchez se había dado con sus socios para intentar paliar los daños electorales. Conociendo el paño de primera mano como titular de Hacienda, Montero ha conservado el acta de diputada en Cortes tras agarrarse al sillón de vicepresidenta hasta última hora presumiendo de su sacrificio por Andalucía al tenerse por la mujer más poderosa de España.

Los carteles reivindicativos de Susana Díaz que han aparecido en algunas ciudades andaluzas

Los carteles reivindicativos de Susana Díaz que han aparecido en algunas ciudades andaluzasEl Debate

Cuando en la serie «House of cards», el presidente Underwood, luego de remover a un vicepresidente y a un presidente para arrellanarse en la Casa Blanca sin pasar por las urnas y luego es reelegido tras suspender las votaciones en dos Estados adversos fabricando una amenaza terrorista, confiesa en voz alta: «Si imagináis lo difícil que ha sido llegar hasta aquí, imaginaros lo que estoy dispuesto a hacer para quedarme». De ahí que Sánchez y su escudera Montero se atrincheren frente a un PP que debe imprimir un cambio real que desmonte los restos del régimen clientelar que aún subsiste.

Ese debe ser el reto de un líder que ha destronado al PSOE como partido natural del Mediodía español y que arrebató en diciembre de 2018 la Presidencia de la Junta a Susana Díaz, quien dos años antes lo había ridiculizado en el Parlamento comparándolo con aquel torero de los 70 que inspiró aquello de «darle más oportunidades que a “Platanito». Al cabo de ocho años, aquel del que inclusive la prensa conservadora sevillana se burlaba escarneciéndole como Moreno «Nocilla» para hacer una merendilla con él, mientras Rajoy le aconsejaba que mejor leyera el «Marca», ha satisfecho el sueño de su padre, Juan Moreno Conejo, antiguo emigrante en Cataluña de la que retornó en 1970 a su Málaga natal para abrir una droguería, quien le sermoneaba: «Mira que me muero, Juanma, y mandarán los socialistas en Andalucía». Cada vez que se lo oía trataba de inculcar a su progenitor de que más pronto que tarde se lograría, si bien sonaba a «falsa realidad», como el nombre de su grupo pop-rock. Nunca columbró que ese milagro se obraría con él franqueando el umbral del Palacio de San Telmo por tres legislaturas, si bien -cumpliéndose su presagio- no lo verían los ojos de quien falleció en enero de 2014 de un cáncer de colon sin cribar, pese a lo prometido por la consejera de Sanidad, María Jesús Montero, quien haría uso del fallo de los cribados de mama contra el hijo que zanjó 36 años de eternización del PSOE Andalucía.

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