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Imagen de archivo del embalse de Yesa en su parte aragonesaEuropa Press

Aparece un cuerpo descuartizado en el embalse de Yesa por el descenso del agua

Se trataría de un vecino de Pamplona que habría sido asesinado poco antes de ser descubiertos sus restos

El descenso del agua de los embalses españoles, fruto de la sequía que vive España desde finales de la primavera ha hecho que el pasado día 4 de agosto fueran localizados restos humanos a orillas del embalse de Yesa, entre Navarra y Aragón. Este martes se ha sabido que esos restos pertenecen a un vecino de Pamplona que fue asesinado y descuartizado pocos días antes del hallazgo de sus restos.

Los restos fueron hallados el pasado 4 de agosto por una familia que se encontraba paseando por este bonito lugar, cerca del pueblo abandonado de Escó, en el término municipal Sigüés (Zaragoza), muy cerca de la frontera con Navarra. Se trataba al menos de un cráneo y restos de extremidades.

Inmediatamente avisaron a la Guardia Civil que se hizo cargo del caso. El cuerpo no se había descompuesto del todo, por lo que todo apuntaba a que se trataba de una muerte relativamente reciente.

Al hallarse los restos en Aragón, los Juzgados de Ejea de los Caballeros se han hecho cargo de la investigación del caso, pero han contado con la colaboración de la Guardia Civil de Navarra, dada la cercanía del lugar del hallazgo a la Comunidad Foral.

Y esta investigación ha dado sus frutos. Los restos han sido identificados como los de un vecino de Pamplona de mediana edad que habría sido asesinado y descuartizado con una herramienta, es decir, con intención, unos días antes de ser hallados sus restos.

Esta identificación ha reforzado el papel de la Guardia Civil de Navarra en la investigación. De hecho, los agentes se encuentran analizando en las distintas cámaras de seguridad que existen a lo largo del trayecto entre Pamplona y el embalse de Yesa tratando de descubrir quién fue la persona que se acercó hasta el poblado abandonado de Escó con clara intención de que los restos humanos no se descubrieran nunca.

Pero el descenso del caudal del embalse de Yesa provocado por la sequía y el intenso calor que azota este verano a toda España, y especialmente al valle del Ebro, ha provocado que los restos óseos subieran a la superficie.