Mercedes González, directora general de la Guardia Civil
El perfil Mercedes González, aunque la sanchista se vista de verde...
Le dijo al juez Pedraz hace unas semanas, en la Audiencia Nacional, que ella era una de las víctimas de las cloacas de Santos Cerdán
María de las Mercedes González Fernández (Madrid, 51 años), directora de la Guardia Civil y periodista de profesión, está imputada por sus manejos con la fontanera de su partido, Leire Díez. Le dijo al juez Pedraz hace unas semanas, en la Audiencia Nacional, que ella era una de las víctimas de las cloacas de Santos Cerdán. Vestida de rosa vichy, no se sonrojó al mentir -tiene derecho como investigada- sobre algo que los hechos desmienten: tan solo trece días después de que llegara a la máxima responsabilidad en el Instituto Armado, tuvo su primer encuentro con la fontanera-jefa de las cañerías de Ferraz. Siete meses después, tenía sobre su mesa dos «notas de despacho» de la Jefatura de Información de la Benemérita, que lucha contra el terrorismo, y de la UCO en las que ya se recogía el nombre de Díez y se añadía que detrás de esa estrategia, se encontraría Santos Cerdán”. No solo no cesó en su relación con la también imputada, sino que, al menos, volvió a tener otros dos encuentros: «Cafés» o «tes», como eufemísticamente los llama la jefa de la Guardia Civil.
La directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, interviene en su comparecencia, a petición del PP, ante la comisión de Interior
Eso sí, el rosario de embustes comenzó cuando en su comparecencia en el Senado González sostuvo que había informado a los mandos de la UCO de esas citas. No tardó la institución en contestar: dos generales, ambos antiguos jefes de la policía judicial, negaron ante el juez Pedraz que esa información se hubiera producido. De hecho, no solo no fue leal con sus subordinados, sino que la misma mañana del 11 de mayo del año pasado ordenó abrir una investigación interna contra ellos mientras se mensajeaba con su amiga lady Cloacas. Por si acaso, y según los investigadores, se activó en la conversación entre ambas el borrado automático. Esa misma jornada, el DAO de la Benemérita, por orden de González, llamó a un general con el que se citó en la cafetería de la Dirección General para encomendarle una extraña investigación interna contra la unidad que seguía las causas contra el PSOE y la familia de su secretario general.
Una cadena interminable de trampas ha jalonado la actuación de esta sanchista de primera generación en las sentinas de Ferraz. González nunca ha ocultado que su obediencia a Pedro Sánchez está por encima de cualquier galón institucional. En 2021, cuando era delegada del Gobierno en Madrid, mantuvo en público, como ariete de Sánchez para luchar contra el PP, una disputa dialéctica sobre la gestión de la pandemia con el alcalde de la capital, Martínez Almeida. Así que, ante la sorpresa de la prensa, le espetó al regidor de forma muy poco institucional: «Voy a defender al Gobierno cada vez que le des una patada, y ya sabes que yo, cuando me dan, respondo». El rifirrafe definió perfectamente el carácter de González; poseedora de una vehemencia por la que su amigo Pedro Sánchez la situó en la Delegación de Madrid, ya que quería que fuera un contrapeso a la presidenta popular. De hecho, Ayuso fue una obsesión desde entonces. Porque ya en la Benemérita, González dio la orden de que el general jefe de la zona de Madrid, Fernando Mora, no asistiera a la fiesta del 2 de mayo del año pasado como acto de menosprecio a la dirigente popular. La bronca que desencadenó esa consigna política entre Mora y el teniente general Luis del Castillo, tercero en el escalafón de Mercedes, pasará a la historia como uno de los más vergonzosos episodios de intromisión de los mandos políticos en la Benemérita, que es arrastrada por el fango. Tampoco ha permitido que los militares participen en la parada militar que conmemora el levantamiento contra los franceses.
Antes de pasar por la Delegación del Gobierno, González ya había sido concejal socialista durante la Alcaldía de Carmena, contra la que hizo una oposición férrea, a pesar de que su partido sostenía a la expodemita en el Consistorio. Allí fue donde años antes habían fortalecido su relación Pedro y Mercedes, él como edil y ella como asesora del grupo -si bien se conocieron en las Juventudes Socialistas. Luego González le apoyó en las primarias que ganó tras ser defenestrado por los barones, por lo que el presidente siempre quiso recompensar su lealtad.
La directora de la Guardia Civil, Mercedes González
Su vida política ha sido como una montaña rusa. Tan pronto estaba en lo más alto del escalafón madrileño como era cuestionada por sus compañeros por su escaso tirón electoral para ostentar la candidatura municipal. Tanto que, en 2023, dos meses antes de los comicios para los que sonaba como aspirante a alcaldesa, fue nombrada responsable de la Benemérita, tras la dimisión de María Gámez por la imputación de su marido. Cuando dos años antes, el 30 de marzo de 2021, fue designada delegada todo el mundo la vio como la persona capaz de mandar en el páramo del socialismo madrileño. Pero las encuestas fueron su tumba: no tiraba. Así que su amigo la puso a resguardo en el Instituto Armado, para evitarle ser arrasada en las urnas. Cibeles se le escapaba y comenzaba su primera etapa en el Cuerpo.
Pero su azarosa vida daría otro giro de guion. Tan solo dos meses después -de marzo a junio de 2023- dejaba la Benemérita para integrarse en las listas a las elecciones generales que Sánchez adelantó tras la debacle de las municipales en 2023. Tampoco duró mucho en el Congreso: en septiembre de 2024, cuando ya había estallado el caso Koldo, Moncloa la vuelve a nombrar directora del Cuerpo para sustituir a su sustituto, donde tiene rango de subsecretaria y cobra en torno a 140.000 euros, unos 11.500 al mes. En estos últimos años esta licenciada en Periodismo ha sido pasto de los comentarios por su indumentaria. Un día apareció con un atuendo que bien podría ser considerado como un pijama en un acto solemne y es su costumbre vestir de verde en los eventos institucionales: un intento poco exitoso de hacer guiños a sus subordinados, a los que luego traiciona para honrar al one.
La hoy mejor cooperadora necesaria de Ferraz, es militante de su partido desde hace más de diez años; está casada con otro cargo del PSOE de Majadahonda, Javier Vales. En esa localidad del oeste de Madrid vive la pareja, que tiene una niña adolescente. Vales llegó a ser secretario general de la agrupación socialista majariega.
Es a partir de su segunda jefatura de la Benemérita cuando los investigadores apuntan a que González podría haber prestado otro de los grandes servicios a su jefe; este más delicado. La UCO, la unidad de la misma Guardia Civil, cree que pudo dedicarse a desmontar la labor de los propios agentes en sumarios de corrupción socialista. De hecho, hay quien ve intereses ocultos en el segundo nombramiento de González: quizá para dar la última batalla a favor de su mentor y amigo. Batalla en la que también se ha llevado por delante la escasa credibilidad del ministro Marlaska, que negó los encuentros entre «las amigas». Nadie olvida en el cuerpo que Mercedes, hoy imputada, prometió en su toma de posesión hace tres años ser «inflexible» contra la corrupción.