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Los reporteros de El Debate en la manifestación frente al Congreso cuentan el acoso que sufrieron: «No sois bienvenidos»
Dos cosas ocurrían durante la mañana. La primera dentro del Congreso: la votación de los dos real decreto ley de vivienda presentados por el Gobierno; la segunda, en la calle: los acampados de Sol abandonaban sus tiendas en el kilómetro 0 de Madrid para peregrinar hasta el Congreso y darle atisbos de movilización social a la votación.
La primera ha sido retransmitida en directo y sin cortes y las votaciones han sido claras, íntegras e informativas - a viva voz desde el escaño-. Los dos decretos terminaron siendo rechazados por el Congreso.
La segunda, ha sido opaca, violenta y ruidosa. Marcada por la tensión entre los manifestantes y algunos de los periodistas que acudieron a cubrirla.
Hasta Sol y después hasta el Congreso se desplazaron Álvaro Raya-Demidoff, Evelio Jiménez y Hugo Marugán, reporteros de El Debate, para seguir la movilización y recoger las declaraciones de sus participantes. Allí, han sufrido el vilipendio y la censura por ir en nombre de este periódico.
No es la primera vez que profesionales de este y otros periódicos encuentran dificultades para trabajar durante determinadas movilizaciones, pero la escena vuelve a plantear una contradicción difícil de ignorar: una protesta que reivindica el acceso a la vivienda y corea gritos de libertad, no permite ideas discordantes. No hay una posibilidad de debate o disenso, y ante la responsabilidad periodística de preguntar, la respuesta incongruente de la violencia.