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Contra el relatoIsabel Durán

¿Quién votó por correo con el móvil sin QR el 23-J en que Sánchez sumó un millón de votos?

Interior camufló en 2023 la mayor novedad tecnológica introducida en la identificación electoral: el carné de conducir del móvil. Su utilización sin QR en el voto por correo del 23-J y en las ocho elecciones posteriores multiplicó exponencialmente la grieta de seguridad sin precedentes

Trabajador de Correos entrega el voto por correo durante las elecciones generales de 2023 en una mesa electoral de MadridEuropa Press

Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en junio de 2018 por la puerta de la moción de censura. Llegaba con experiencia en urnas. Ya en las primarias de 2014, que ganó frente a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, el presidente de una mesa electoral de Los Palacios y Villafranca (Sevilla) denunció por escrito un presunto pucherazo a su favor. Once años después, la Guardia Civil recuperó los mensajes que Santos Cerdán había enviado a Koldo García durante aquella misma jornada: «Cuando termine apuntas como que han votado esos dos que te faltan sin que te vea nadie y metes las dos papeletas». «Ya está», respondió Koldo. Antiguos colaboradores de Madina recordaron entonces lo que llevaban años denunciando: «Nos robaron y lo sabíamos».

En octubre de 2016, durante el Comité Federal que acabó con su dimisión tras intentar celebrar una votación secreta con una urna detrás de una cortina. La acusación de pucherazo fue clamorosa. Y en las primarias de 2017, los partidarios de Susana Díaz cuestionaron parte de los avales de Sánchez, aunque su candidatura fue validada. Años después, la socialista Sara Simón denunció irregularidades en los censos de Guadalajara y otras provincias. De aquellas mismas primarias procede otro mensaje de Koldo García a su entonces pareja: «Mete de los otros cuatro rumanos». Koldo era uno de los tripulantes del célebre Peugeot que, según The Objective, ocultaba un Mercedes de Juanma Serrano. Las acusaciones nacieron dentro de su propio partido, no de la oposición. Quede como recuerdo de juventud.

Veintisiete días después de la moción de censura, Fernando Grande-Marlaska refrendó el real decreto que nombraba a Pere Navarro director general de Tráfico, en lugar de Gregorio Serrano, el de Rajoy. Navarro volvía al despacho que ya ocupó con Zapatero. A finales de ese mismo 2018 la DGT empezó a gestar miDGT, la aplicación que mete el carné de conducir en el teléfono. Salió en marzo de 2020 y hoy suma diez millones de descargas solo en la tienda de Google.

El camuflaje

El carné del móvil lleva un código QR. Es lo que permite comprobar contra los servidores de Tráfico que el documento es auténtico y está en vigor. Sin él, una captura de pantalla y el carné verdadero se parecen como dos gotas de agua. Si es falso, nadie lo puede distinguir.

En febrero de 2023, a tres meses de las municipales y autonómicas del 28 de mayo, el ministerio de Marlaska preguntó a la Junta Electoral Central si el carné de miDGT valía para votar. Camufló su petición dentro del expediente de los manuales de los miembros de mesa, entre maletines para personas con discapacidad visual y el correo certificado de las incidencias. El 16 de febrero la Junta dijo que sí, por tratarse de «un documento oficial que incluye la fotografía del votante». Interior no advirtió que sin QR la propia DGT no lo considera válido. Tres años más tarde, cuando la Junta suspendió el invento digital del Gobierno, Interior remitió un informe de la Policía Nacional que defendía la «plena seguridad» del DNI del móvil gracias a la lectura del código QR. El mismo código que nunca había pedido para las eleccioes. Para qué detenerse en minucias. Pero aún hay más.

Cuando el Gobierno estrenó el carné de conducir digital en plena pandemia, en marzo de 2020, la DGT desplegó toda su propaganda tecnológica: bota de prensa propia, grandes titulares, cifras de descargas y explicaciones sobre la seguridad de la aplicación, incluido el código QR que permitía a los agentes comprobar su autenticidad. Tres años después, cuando Marlaska dio el salto mucho más delicado de convertir aquel carné en documento válido para identificar a los votantes ante las urnas, desapareció el entusiasmo publicitario. La disruptiva novedad quedó discretamente alojada en la mencionada nota de prensa del 20 de marzo de 2023 titulada «Interior regula el funcionamiento de las mesas electorales para garantizar el voto de las personas con discapacidad el 28 de mayo». Ni un titular sobre la primera utilización electoral del carné digital y ni media palabra sobre su verificación. La aplicación que mereció todo el escaparate para los conductores entró en las mesas electorales por un párrafo de una nota dedicada a otra cosa. Y hay una pregunta inevitable: si Interior diseñó el permiso digital con un QR para comprobar su autenticidad, ¿por qué no explicó cómo debían verificarlo los presidentes y vocales de las mesas electorales?

El amigo del presidente abre la tramposa ventanilla de Correos

Pasadas las municipales y autonómicas que consumaron la debacle del PSOE, el presidente de Correos, Juan Manuel Serrano jefe de gabinete de Sánchez desde que se hizo con la secretaría general del partido en 2014 hasta su llegada a La Moncloa, y quien lo paseó en su Mercedes en su recorrido por España para recuperar la secretaría general, planteó a la Junta Electoral Central varias consultas sobre cómo identificar a quien entregaba su voto en las oficinas. El 21 de junio de 2023, a un mes de las generales, la Junta admitió «el permiso de conducir digital en el que no conste la firma del titular si el elector entrega personalmente la documentación en la oficina de Correos». Del QR, ni Pamplona. Serrano está hoy investigado en la Audiencia Nacional en el caso cloacas de su subordinada Leire Díez quien entró bajo su presidencia en la sociedad postal estatal. Aunque esta vez la noticia sí recibió difusión pública considerable, nadie reparó en que no se exigía el QR para comprobar la autenticación del votante, como exigía la propia DGT.

El 23 de julio de 2023 los carteros llevaron a las urnas 2.471.935 votos por correo, récord histórico. En las municipales de mayo se habían registrado 1.082.030 solicitudes. El PSOE pasó de 6.792.199 votos en noviembre de 2019 a 7.821.718, algo más de un millón de papeletas de subida. La utilización de la aplicación móvil sin QR en esos comicios multiplicó exponencialmente la posibilidad de fraude electoral. Después vinieron Galicia, el País Vasco, Cataluña, las europeas, Extremadura, Aragón y Castilla y León. Nueve convocatorias con el carné del móvil sin QR en las mesas, ocho de ellas también en las ventanillas de Correos, hasta que la Junta lo suspendió el 26 de marzo de 2026 tras las investigaciones de El Debate.

¿Cuántos de esos votos se identificaron con el móvil? No lo sabe nadie y nunca podrá saberse. Ni la lista de votantes de las mesas ni las ventanillas de Correos anotan con qué documento se identificó cada elector. El árbitro electoral no exigió llevar un registro de cómo se identifica el elector ante la gran novedad introducida por el Gobierno sencillamente porque ni siquiera se percató de la disrupción tecnológica que acababa de introducir en el sistema electoral español. El camuflaje y el disfraz gubernamental fue impecable. Por eso tampoco hay forma de saber si quien enseñó el móvil era quien decía ser. Nadie puede afirmar que el carné del móvil tenga algo que ver con aquel millón de votos de subida de Sánchez. Descartarlo tampoco, porque no hay rastro donde mirar.

Que nadie se alarme. Para colar después el DNI del móvil, Interior alegó ante la Junta que con miDGT no se había denunciado ni un solo caso de suplantación. ¿Cómo se denuncia lo que no deja huella?