Agentes de la Guardia Civil en el lugar donde ocurrieron los hechos
El asesino de Granada dejó una carta a la Guardia Civil explicando los motivos de su crimen
Los hechos ocurrieron el 10 de septiembre. El autor mató a su vecino y secuestró a la mujer del fallecido. Confesó y fue enviado a prisión provisional
Un disparo. Un muerto. Una mujer secuestrada en su propio pueblo. Ocurrió en Huétor Santillán, concretamente en Prado Negro, provincia de Granada. Un hombre, Pedro, dispara sin piedad a uno de sus vecinos. Un hombre de 61 años. A él y a su esposa los estaba esperando en la puerta de su casa. Les había tendido una emboscada. En cuanto les vio aparecer en un vehículo, pisó el acelerador y les embistió con su coche.
Conmocionados por el inesperado impacto, fueron incapaces de reaccionar cuando Pedro se baja de su Mitsubishi con un arma. Apunta y dispara al hombre delante de su esposa, todavía sentado en el asiento del conductor. Ella chilla aterrada y pide ayuda. Ve la sangre. Sabe que su esposo ha muerto. Pedro la secuestra y se atrinchera en su casa. Está pegada a la de sus vecinos, las víctimas.
Vecinos de Huétor Santillán (Granada), el día del suceso
Antes de encerrarse durante 12 horas deja dentro de su coche sobre el asiento, 16 folios manuscritos con una caratula que dice textualmente: «Guardia Civil, Policía, entregalo, por fabor» (la ortografía es la original). Los agentes de la Benemérita la encuentran después de llamar al atrincherado. Le preguntan si la secuestrada está bien y que por qué lo ha hecho. Él responde que busquen la carta, que ahí encontrarán las razones del crimen.
Los agentes la leen: «Yo, Pedro, por no poder pagar lo básico para poder vivir, ni luz, ni agua, ni casa…». La misiva está llena de rabia contra sus vecinos, el fallecido y su mujer, y contra otras personas. Habla de estafas, extorsiones y señala a medio pueblo, como si se hubiesen confabulado todos contra él: «Cojan los teléfonos de esas personas y se sorprenderán (...). Pero el juez que lo haga a fondo, pues quien la hace la paga (...). Investiguen bien bien todo lo que estoy contando y verás como lo que cuento es verdad. Todos están compinchados».
Un funcionario municipal se dirige a la vivienda donde ocurrieron los hechos
Se trata de un escrito donde explica lo que siente y asegura que todos le arruinaron la vida: «Todas esas personas me arruinaron la vida (...). Yo me iré de este mundo no antes de haber con toda la verdad de todo el daño y estafas que me han hecho. Pero todos los que he citado fueron pegándome puñaladas hasta morir. Que le caiga todo el peso de la ley, para que no sigan haciendo daño ni extorsionando, mintiendo y robando a su propia familia».
El secuestro se resuelve sobre las cinco de la madrugada. Doce horas después de comenzar. La mujer retenida es liberada con vida. Su marido, en un congelador del anatómico forense. Pedro, el autor esposado. Y una carta que intenta explicar lo inexplicable.