2.000 profesionales participaron en el dispositivo de ayuda y rescate en Adamuz

2.000 profesionales participaron en el dispositivo de ayuda y rescate en AdamuzGuardia Civil

Córdoba

Adamuz, 94 horas y 2.000 profesionales: así se coordinó el rescate tras el peor accidente de tren en décadas

Más de 2.000 profesionales trabajaron en un dispositivo descrito como un escenario de «caos, muerte y destrucción» que culminó con 45 víctimas mortales

La noche del 18 de enero cambió para siempre la tranquila campiña de Adamuz. Una sucesión de llamadas desesperadas al 112 alertó de una colisión ferroviaria de una gravedad desconocida. En minutos, la normalidad se quebró. Los primeros equipos que llegaron se enfrentaron a una visión dantesca, propia de una zona de conflicto. Restos de vagones, hierros retorcidos y personas heridas gritando en la oscuridad. Arrancaba una pesadilla que duró 94 horas.

El plan de emergencias se activó en un tiempo récord. A las 21.50 horas, la Junta de Andalucía declaró la situación operativa de nivel 1, asumiendo el mando directo. Fue una decisión crucial. «Optamos por mantener el control con nuestros medios, sabiendo que el apoyo del Gobierno central sería máximo», explicó luego un portavoz. Y así fue. El despliegue estatal superó los 1.250 efectivos, pero la coordinación autonómica dirigió la operación desde el principio.

Un mando experimentado frente al caos

Al frente se situó el consejero Antonio Sanz, un veterano con tres décadas gestionando crisis. Su experiencia fue clave. Estableció un puesto de mando avanzado en la estación de Adamuz y no se movió de allí hasta cuatro días después. Desde ese nervio central se coordinó el trabajo de un ejército humanitario: sanitarios, bomberos, Protección Civil, forenses y el Grupo de Emergencias de Andalucía. Todos bajo un mismo objetivo. Entre todos iban alcanzando hasta cerca de 2.000 profesionales al servicio de las víctimas y familiares del accidente.

El éxito del operativo residió en la lealtad política y técnica entre administraciones. El presidente Juanma Moreno, el ministro Óscar Puente y el delegado del Gobierno, Pedro Fernández, mantuvieron una comunicación constante. Evitaron disputas de competencias en el peor momento. «Trabajamos codo con codo y todos a una», destacaron fuentes de la Guardia Civil. Una unidad poco común que facilitó cada acción.

Los primeros minutos fueron de confusión angustiosa. Las llamadas al 112 solo hablaban de un tren, el Iryo. Pero a las 19.55, llegaron alertas desde el Alvia. Se supo entonces que había dos convoyes siniestrados. La gravedad se multiplicaba. A las 20.02, la primera ambulancia, procedente de Adamuz, llegaba al lugar. La carrera contra el tiempo había empezado. Los vecinos fueron los primeros ángeles de la guarda, auxiliando a heridos mientras llegaban los profesionales.

El escenario era de una dureza extrema. De noche y con difícil acceso, los sanitarios priorizaron el tren Iryo, donde había heridos con miembros amputados y hemorragias graves. Minutos después, localizaron el Alvia, en una situación mucho peor. Tres vagones yacían en un terraplén de cuatro metros, convertidos en un amasijo irreconocible. Allí, según las autopsias, muchas víctimas ya habían fallecido. El objetivo pasó a ser salvar a quienes aún respiraban.

En total, se atendió a 125 personas. De ellas, 37 requirieron traslado hospitalario. Doce ingresaron en UCI, aunque su evolución fue positiva. El director asistencial del 061, José María Villariego, reconoció la dificultad inicial: «No sabían la ubicación exacta de los trenes». A pesar del caos, en 40 minutos ya había 39 ambulancias en el lugar. Una movilización sin precedentes.

La verdadera magnitud de la tragedia se fue develando con la luz del lunes. Bajo los vagones destrozados del Alvia comenzó la penosa tarea de recuperar cuerpos. Se desplegaron drones, maquinaria pesada y unidades caninas. La cifra de fallecidos, 24 en las primeras horas, no dejaba de crecer. El presidente Moreno describió el lúgubre hallazgo final: «Los últimos estaban enterrados entre metales y tierra. Hubo que retirar casi piedra a piedra».

El jueves 22, a las 18.01 horas, se desactivó el plan de emergencias. El balance, definitivo: 45 vidas perdidas. Mientras, otro operativo, el del apoyo a las familias, continuaba. Un dispositivo de psicólogos y forenses trabajó para devolver la identidad a las víctimas y ofrecer consuelo, en medio de un dolor que, como los hierros retorcidos, quedará para siempre marcado en la memoria de Andalucía.

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