El régimen iraní da signos de resquebrajamiento
La estructura del poder clerical sigue formalmente intacta, pero la eliminación de altos dirigentes, la competencia entre facciones del aparato de seguridad y el creciente descontento han creado una dinámica imprevisible
Escombros de la escuela infantil de Minab, al sur de Irán
La elección de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo —dictador— de Irán se produce en una situación caótica. La sucesión ocurre en medio de una guerra contra EE.UU. e Israel, frente al alto riesgo de caer en un vacío de poder en la propia cúpula del régimen.
La decisión fue tomada por la Asamblea de Expertos, un órgano compuesto por 88 religiosos. El comunicado oficial afirmó que «la decisión se tomó para garantizar la continuidad del sistema político y la unidad frente a agresiones externas».
La velocidad del nombramiento refleja el temor del régimen a una fractura interna. El líder supremo posee una autoridad total: controla las Fuerzas Armadas, dirige la política exterior, supervisa al poder judicial y tiene la última palabra sobre todas las decisiones estratégicas. El cargo está por encima del presidente y del parlamento.
Se intenta así superar choques entre los diversos centros de poder. La Guardia Revolucionaria Islámica (GR) –el cuerpo militar encargado de proteger el sistema político–, ya estaba ignorando órdenes del triunvirato que sucedió a Jamenei. Aunque nunca ocupó cargos importantes, es considerado el hombre con mayor influencia en el aparato de seguridad y las instituciones religiosas. Analistas lo describen como un intermediario clave entre su padre y los comandantes de la GR.
Apenas después del anuncio oficial, la organización declaró su «plena lealtad al nuevo líder» y afirmó que «obedecerá sus órdenes como brazo armado del liderazgo». Este apoyo es fundamental, ya que el cuerpo controla parte del aparato militar, el programa de misiles y amplios sectores económicos.
Sin embargo, la sucesión ha generado una controversia profunda tanto dentro como fuera de Irán. Uno de los pilares ideológicos de la revolución islámica fue precisamente el rechazo a la monarquía hereditaria anterior. Que el poder pase de padre a hijo se ve como una contradicción con dicho principio y una concentración familiar del poder.
¿Línea aún más dura?
El nuevo 'hombre fuerte' defiende una línea radical, que impide toda negociación. Hereda además una situación interna muy grave. El régimen soporta sanciones económicas, un enorme descontento popular y la creciente competencia entre facciones políticas, militares y religiosas internas. Los reformistas temen que su nombramiento profundice la tensión y reste –si tiene alguna– legitimidad al gobierno teocrático.
Mojtaba creció en el círculo más íntimo del poder. Como muchos miembros de la élite, siguió estudios religiosos en el seminario chiita de Qom, principal centro teológico del país. Su formación estuvo profundamente influenciada por la ideología creada por Jomeini, basada en el principio de «velayat e faqih» (gobierno del experto islámico). La doctrina justifica que un clérigo tenga la autoridad suprema del Estado.
Aunque no posee el prestigio teológico de algunos grandes ayatolás, ha acumulado una enorme influencia política informal. Desde finales de los años noventa comenzó a construir relaciones dentro de la poderosa GR, el Ejército ideológico que protege lealmente al régimen, al estilo de las SS alemanas o el G2 cubano. Es decir, lo integran elementos fanáticos. También estableció conexiones con la milicia paramilitar Basij, responsable de la represión a opositores, que asesinó más de 30.000 civiles hace pocas semanas. Esta tragedia ante el silencio de la ONU y los organismos de derechos humanos.
La guerra contra Irán ha provocado la crisis interna más profunda desde la revolución de 1979
La guerra contra Irán ha provocado la crisis interna más profunda desde la revolución de 1979. Datos obtenidos por medios bien informados como el Jerusalem Post, Axios y Político describen un sistema golpeado por derrotas militares, luchas internas y un creciente malestar social que pone en jaque su propia supervivencia. Los ataques de EE.UU. e Israel, concentrados en instalaciones militares y centros de mando, produjeron una brutal decapitación de la cúpula persa. Entre los muertos se encuentra el jefe del Estado Mayor, Abdolahim Musavi, y el comandante de la GR, Mohamad Pakpour, ambos eliminados en ataques aéreos en Teherán.
Detrás de la estructura formal se desarrolla una intensa lucha de poder. Se enfrentan tres bloques principales: el aparato clerical, la Guardia Revolucionaria, y un sector pragmático ligado al gobierno civil.Cada uno intenta predominar sobre sus rivales por todos los medios.
La ideología de Mojtaba es profundamente conservadora y alineada con el sector más duro del régimen. Su posición se basa en cuatro puntos: defensa absoluta del sistema teocrático (cree que la autoridad religiosa debe prevalecer sobre las instituciones); odio a Occidente; apoyo al eje regional iraní respaldando a grupos terroristas satélites; y fortalecimiento de la Guardia Revolucionaria.
Artesh, el Ejército convencional
Mientras tanto, oficiales del ejército regular –el Artesh– ven en la crisis una oportunidad para recuperar protagonismo frente a la GR, rival histórico dentro del sistema de seguridad. Existe una vieja molestia y envidia por los privilegios que tiene frente al Ejercito nacional. Similar al descontento de la antigua Wehrmacht con las SS, que provocó numerosos complots contra Hitler. El Ejército convencional y sectores pragmáticos venían ya presionando sobre el tema. La guerra interrumpió este proceso, pero las tensiones entre ambos aparatos militares continúan muy presentes.
Además, la crisis económica y las pérdidas humanas han aumentado la indignación popular. Desde las protestas desencadenadas en años anteriores, amplios sectores de la sociedad iraní niegan la legitimidad del régimen, y las sanciones internacionales agravaron la crisis. La combinación de guerra, inflación y represión ha generado un clima explosivo, el mayor desafío interno para el sistema en décadas.
Este escenario genera especulaciones sobre un posible cambio de régimen. Grupos de oposición en el exilio –bien financiados– han aumentado su actividad alrededor del príncipe Reza Pahlevi, que ha prometido una monarquía constitucional al estilo británico o español. Sectores de la diáspora iraní y la oposición interna lo ven como símbolo de una alternativa secular a la teocracia.
El sistema se encuentra pues en una situación muy delicada: la estructura del poder clerical sigue formalmente intacta, pero la eliminación de altos dirigentes, la competencia entre facciones del aparato de seguridad y el creciente descontento han creado una dinámica imprevisible.
Algunos observadores consideran que aún dispone de suficiente fuerza represiva para mantenerse; otros creen que la combinación de guerra externa y fracturas internas provocarán su derrumbe. Además, la prevista intervención militar de grupos étnicos oprimidos, como los kurdos, puede impulsar una nueva oposición armada.
El descontento del Ejército convencional, la preparación de grupos armados para combatir la dictadura, el enorme odio popular y la segura derrota militar podrían conducir a un nuevo Irán. Un Irán democrático.