La joven se plantea regresar a España ante la incertidumbre de la guerra

La joven se plantea regresar a España ante la incertidumbre de la guerra

Granada

El día a día de una granadina atrapada en Doha que vive con el miedo a salir: «Hoy temblaba toda la casa»

Nuria, residente en Catar, relata para El Debate cómo ha cambiado su vida en plena escalada del conflicto en Oriente Medio: bombardeos diarios, vuelos paralizados y una creciente sensación de inseguridad

El conflicto en Oriente Medio ha escalado en los últimos días con una escalada de ataques entre Estados Unidos e Israel y la respuesta de Irán que ya se extienden a varios puntos de la región. Los bombardeos y el uso de drones se han sucedido de forma continuada, mientras distintos países activan sistemas de defensa y refuerzan sus medidas de seguridad ante el riesgo de una mayor expansión de la guerra. En este escenario de creciente tensión, la incertidumbre se ha instalado en ciudades alejadas del frente directo, como Doha, donde la población vive pendiente de alertas y posibles ataques.

Allí se encuentra Nuria Navarrete, una joven granadina que trabaja en un hotel en Catar y que relata para El Debate cómo está viviendo el conflicto desde dentro. La normalidad, explica, se ha vuelto relativa. «Hoy hemos empezado el día con unos ocho bombardeos y temblaba toda la casa», cuenta. Aunque en Doha no se han producido daños materiales directos, los ataques son constantes. «Al principio parecía que no iba a escalar más, pero no ha parado. Hay bombardeos todos los días y también drones».

Una vida marcada por las alertas

La rutina diaria ha cambiado por completo. Las autoridades envían notificaciones constantes al móvil con instrucciones de seguridad, hasta el punto de modificar incluso el sonido de las alertas para no generar pánico.

«Antes era un sonido muy aterrador, ahora es más suave, pero cuando suena sabes que tienes que estar bajo techo», explica. Esa tensión se traslada también a lo cotidiano: el transporte se detiene, los movimientos se limitan y todo queda condicionado por las alertas del Gobierno.

«Si hay aviso, el autobús no sale hasta que no dicen que se puede retomar la actividad normal», relata.

Aun así, la vida continúa con cierta apariencia de normalidad. La gente sigue yendo a restaurantes o supermercados, aunque con menos afluencia. «Se sale, pero hay menos gente en la calle. Los sitios no están tan llenos y, por ejemplo, los colegios siguen online».

Los que se van y los que se quedan

El impacto del conflicto también se nota en el entorno social y laboral. Nuria describe una división clara entre quienes han decidido marcharse y quienes, como ella, permanecen en el país. «Hay dos tipos de personas: las que se van y las que nos quedamos. Muchos se han ido porque pueden permitírselo o sus empresas se lo han facilitado», explica.

En su caso, la decisión no es sencilla. A pesar del miedo, considera que salir del país puede ser incluso más arriesgado. «Ahora mismo me siento más segura aquí que volando. No me fío de lo que puede pasar en un avión viendo lo que está ocurriendo en otros países».

Sin embargo, reconoce que la situación le está haciendo replantearse su futuro en la región. «Es la segunda vez en pocos meses que pasa algo así. Ya no me siento segura de cara a que esto se repita».

Impacto económico e incertidumbre

El conflicto también está golpeando con fuerza a la economía local. En el sector turístico, donde trabaja Nuria, la caída es evidente. «No hay vuelos, hay gente atrapada fuera y otros que no han podido venir. En el hotel la ocupación es muy baja», señala.

La situación se repite en otros sectores. «Un amigo que trabaja en marketing me decía que su empresa ha perdido más de medio millón de riales catarís (unos 125.000 euros) en contratos desde que empezó todo».

Mientras tanto, el Gobierno mantiene una comunicación constante con la población, informando del número de misiles interceptados y alertando contra la desinformación. «Están insistiendo mucho en no caer en noticias falsas. Incluso están sancionando a quienes difunden bulos».

Una salida todavía incierta

A pesar de todo, Nuria no descarta abandonar el país. Mantiene abiertas distintas opciones, desde rutas terrestres a través de Arabia Saudí hasta un eventual regreso en avión.

«Estoy en grupos de gente que está saliendo y viendo cómo hacerlo. También estoy mirando cómo sacar mis cosas», explica.

Pero la decisión final dependerá de cómo evolucione el conflicto. Mientras tanto, la vida sigue en una especie de pausa tensa, marcada por la incertidumbre y el sonido de las alertas. «Tenemos esperanza de que no vaya a más y que podamos volver a la normalidad», concluye.

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