África Pipio, cuarta por la izquierda, junto a otros fans antes de entrar en Neverland invitados por Michael Jackson en agosto de 2003
Una experiencia «mágica»
La sevillana a la que Michael Jackson abrió las puertas de Neverland: «Todo parecía un sueño»
África Pipio Abad relata para El Debate cómo el rey del pop la invitó personalmente a entrar en su mítico rancho de California durante su cumpleaños de 2003
Michael Jackson ha vuelto al centro de la cultura mundial. El estreno de Michael, el biopic protagonizado por su sobrino Jaafar Jackson, ha provocado un nuevo fenómeno global alrededor del rey del pop, convirtiéndose en uno de los grandes acontecimientos cinematográficos del año y en uno de los biopics musicales más exitosos de los últimos tiempos.
La película ha reactivado el interés internacional por el artista y también ha disparado de nuevo sus cifras en plataformas como Spotify, donde ha llegado incluso a superar en escuchas a fenómenos contemporáneos de masas como Bad Bunny, un vuelco generacional inédito en las métricas del consumo digital.
Y junto a ese regreso ha vuelto también la fascinación por Neverland, el mítico rancho situado en Santa Bárbara, California, donde Michael Jackson vivió durante años. Concebido casi como un universo paralelo entre parque de atracciones y refugio privado, Neverland contaba con trenes, jardines, cine, zoológico y espacios diseñados alrededor de la fantasía y la infancia.
Michael Jackson vivió allí desde finales de los años 80 hasta 2005, cuando abandonó definitivamente la propiedad tras el polémico registro policial realizado en noviembre de 2003 durante la investigación judicial por presuntos abusos sexuales, causa de la que terminó siendo absuelto de todos los cargos. El cantante aseguró entonces que ya no sentía el rancho como su hogar después de que decenas de agentes registraran minuciosamente la finca. Para él, aquel lugar había dejado de ser el refugio privado y casi infantil que había construido durante años para escapar de la presión mediática y del mundo exterior.
Muy pocos españoles llegaron a cruzar aquellas puertas. Y todavía menos andaluces. Una de esas personas fue África Pipio Abad, una sevillana que actualmente reside en Estados Unidos desde hace doce años y medio y que ahora ha relatado para El Debate cómo fue entrar en el lugar más misterioso del universo Michael Jackson.
El día en que Jackson salió a recibirlos
Todo ocurrió en agosto de 2003. África viajó desde España junto a un grupo de amigos hasta Los Ángeles para asistir a la celebración del cumpleaños del cantante organizada por un club de fans estadounidense en el Orpheum Theatre.
Un día después decidieron conducir desde Hollywood hasta Santa Bárbara para acercarse a Neverland. «Llegamos el 28 de agosto y, justo el 29 de agosto, el día del cumpleaños de Michael, condujimos desde Hollywood hasta Santa Bárbara, donde se encuentra el rancho Neverland; fueron aproximadamente tres horas de camino», recuerda.
Al llegar encontraron decenas de seguidores esperando frente a la propiedad desde primera hora de la mañana. Entregaron varios regalos al personal de seguridad con la esperanza de que pudieran llegar hasta Michael Jackson.
Lo que ocurrió después todavía hoy le cuesta asumir. «Unos veinte minutos después, Michael salió personalmente a agradecernos los regalos y nos invitó a entrar». La sevillana ya había visto al cantante años antes durante el History Tour celebrado en Valladolid en 1997. Pero aquello fue completamente distinto.
«Recuerdo repetirme constantemente: «¿Esto está pasando de verdad? ¿Yo estoy aquí?», explica. «Fue una mezcla de emoción, felicidad y de no poder dar crédito a lo que estaba viviendo. Todo se sentía muy surrealista, como si estuviera viviendo un sueño».
Antes de acceder al rancho tuvieron que firmar acuerdos de confidencialidad y dejar todas las cámaras. «Una vez dentro, pudimos disfrutar del rancho y vivir una experiencia increíble. Fue una experiencia realmente maravillosa e inolvidable».
«Neverland olía a dulce y flores»
Lo primero que impactó a África fue la atmósfera del lugar: «Neverland era mucho más mágico y especial de lo que imaginaba. Había una sensación de tranquilidad y felicidad muy difícil de describir».
Pero hay un recuerdo concreto que todavía conserva intacto más de veinte años después: el olor. «El olor de Neverland era una mezcla de dulce con flores. Y cada vez que vuelvo a encontrar ese olor en algún sitio, automáticamente me transporta allí».
El cine privado del rancho fue una de las zonas que más le impresionó. «Lo que más me sorprendió fue el cine, que aunque había visto fotos y vídeos antes, en persona se sentía completamente diferente. Tenía unas camas para niños con discapacidades para que pudieran disfrutar de la película. Es increíble lo detallado que lo tenía todo».
Dentro de aquella sala se encontraba incluso el auténtico E.T. en una urna de cristal. «Recuerdo que los baños del cine, al entrar, las luces se encendían automáticamente y se escuchaba música Disney».
Durante horas recorrieron atracciones, vieron conciertos y vídeos del cantante y probaron dulces y helados repartidos por distintas zonas del recinto.
«Todo estaba pensado para que la gente se sintiera feliz y disfrutara como un niño», explica. «Recuerdo que la señora que estaba en el lobby del cine empezó a llenarnos bolsas de dulces, gomitas y chocolates. Aún guardo cajas de aquellos dulces». Más allá del espectáculo visual, África recuerda sobre todo la sensación humana que transmitía el lugar.
«Había personas de muchos países compartiendo la misma emoción. Parecía un sitio donde por unas horas podías olvidarte completamente del mundo exterior».
Algunos de los regalos que los fans llevaron a Michael Jackson por su cumpleaños ese día
El hombre detrás del mito
África recuerda a Michael Jackson desplazándose por Neverland en un pequeño cochecito de golf, siempre con una actitud tranquila y cercana hacia los fans.
«Transmitía una energía muy cálida. Se notaba el cariño y el aprecio que tenía hacia las personas que estábamos allí. Era alguien muy sensible, con un aura limpia y llena de positividad». La escena final quedó grabada para siempre en su memoria.
«Al irnos del rancho íbamos en el tren de vuelta a la puerta de entrada y nos pidieron, al pasar por la casa principal de Michael, que le cantáramos el 'cumpleaños feliz' porque él estaba escuchándonos. Fue muy emotivo y especial».
Más de veinte años después, África sigue convencida de que el mundo conoció a Michael Jackson como icono global y como artista irrepetible, pero no necesariamente como persona.
El grupo justo después de la visita en Neverland
«El mundo conoció a Michael Jackson como artista y como una figura enorme, pero muy pocas personas pudieron conocer al ser humano detrás de todo eso», reflexiona. «Muchas veces las personas ven al personaje y olvidan que detrás había alguien con sentimientos como cualquier otra persona».
Y quizá ahí siga residiendo parte del misterio de Neverland: no solo en las atracciones o en la leyenda que rodeó al rancho, sino en la sensación de haber sido durante años el refugio imposible de alguien que intentó construir, lejos del mundo, un lugar donde la realidad pareciera un poco más amable.
Porque más allá de las polémicas, del personaje gigantesco o del mito irrepetible, Michael Jackson sigue siendo para millones de personas el artista que logró unir a varias generaciones a través de la música. Un icono global cuya obra continúa emocionando incluso a jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando él murió y que hoy y gracias a su sobrino Jaafar, siguen descubriendo sus canciones, imitándolo y convirtiéndose en nuevos fans.
Y quizá por eso canciones como Heal the World siguen teniendo hoy tanto sentido. Porque detrás del espectáculo, de Neverland y del mayor icono pop del planeta, también había alguien obsesionado con la idea de intentar hacer un mundo mejor.