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La expresión se considera una seña de identidad cultural, un tipo de ingenio agudo que forma parte del ADN granadinoEl Debate

El origen de la malafollá granadina: por qué una palabra define el carácter de toda una ciudad

Lejos de su aparente significado, este término tiene raíces históricas y refleja una forma única de comunicación

Granada tiene formas de hablar que van más allá del lenguaje. Algunas expresiones, transmitidas de generación en generación, han acabado convirtiéndose en parte esencial de la identidad de la ciudad. Entre ellas destaca la «malafollá», un término que ha despertado curiosidad dentro y fuera de Granada y cuyo significado real está lejos de su interpretación más literal.

Origen ligado a los oficios tradicionales

Aunque no existe una explicación única y completamente documentada, la teoría más extendida sitúa el origen de la palabra en el ámbito de los antiguos oficios, especialmente en las fraguas, en los antiguos talleres de herrería del barrio del Albaicín.

El uso del fuelle, fundamental para avivar el fuego, requería precisión y ritmo. De esa práctica surgiría una expresión vinculada a la manera de manejar el aire. Los herreros se dirigían principalmente a sus aprendices cuando estos no hacían bien su trabajo con el fuelle. El maestro le gritaba que tenía «mala follá» (un mal soplido o mala ejecución del fuelle), lo que impedía que el trabajo saliera adelante.

Con el tiempo la palabra evolucionó en el lenguaje popular hasta asociarse a una forma de carácter seca o directa.

Así, el término fue perdiendo su sentido original para convertirse en una expresión ligada al comportamiento y a la forma de comunicarse.

Más ironía que mal carácter

Uno de los aspectos más llamativos de la malafollá es que no implica necesariamente mal humor. En Granada, se entiende como una mezcla de ironía, rapidez mental y cierto tono seco en la respuesta.

Se trata de un estilo comunicativo que puede resultar brusco para quien no está acostumbrado, pero que en el contexto local suele interpretarse con naturalidad e incluso con humor.

Frases breves, respuestas ingeniosas o comentarios aparentemente tajantes forman parte de este rasgo, que muchos granadinos identifican como propio.

Una seña de identidad que sigue viva

A día de hoy, la malafollá sigue siendo uno de los rasgos más reconocibles de Granada. Lejos de desaparecer, se mantiene como una seña propia que distingue a la ciudad y que forma parte de su manera de relacionarse. Más que una palabra, es una actitud que se entiende mejor viviéndola que explicándola.

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