Imagen del atacante marroquí con el hacha

Imagen del atacante de Montefrío que agredió sin miramientos a varios vecinos del municipio granadinoRedes sociales

Granada

Las secuelas psicológicas tras el ataque con hacha en Montefrío: «A veces pienso que podría no estar aquí»

Claudia, una de las primeras vecinas que se cruzó con el agresor, de origen marroquí, relata en una entrevista para El Debate las secuelas psicológicas y la inseguridad que aún persiste en el municipio

Montefrío trata de recuperar la normalidad tras el ataque con hacha que hace semanas sembró el pánico en este municipio de Granada. Los hechos tuvieron lugar cuando un hombre de origen marroquí atacó a varios vecinos en plena vía pública, dejando varios heridos y generando una fuerte conmoción en la localidad.

Rápidamente se puso en marcha un amplio dispositivo policial para localizar al agresor, que fue detenido poco después en las inmediaciones del municipio. Posteriormente, la autoridad judicial decretó su ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, mientras se le investiga por la presunta comisión de tres delitos de tentativa de homicidio, además de otros relacionados con daños. El suceso provocó momentos de gran tensión entre los vecinos y reavivó el debate sobre la seguridad en el municipio. Desde entonces, el recuerdo sigue muy presente, especialmente entre quienes vivieron la escena en primera persona.

El impacto psicológico del ataque

Claudia fue una de las primeras personas en cruzarse con el agresor. Su testimonio refleja el impacto que todavía arrastra tras lo ocurrido. «Lo que más me ha costado superar es el hecho de pensar que podría no estar aquí», explica. «La mente juega malas pasadas y he tenido que intentar olvidar poco a poco el momento y no repetir esa imagen en mi cabeza».

La vecina recuerda con claridad el instante en el que percibió que la situación podía derivar en algo grave. «Cuando se fue corriendo con el hacha en mano, estando tan alterado, fue lo primero que pensé, que no iba a hacer nada bueno», señala. Fue entonces cuando decidió avisar de inmediato a las fuerzas de seguridad.

Secuelas en el día a día

Aunque ha intentado retomar su rutina, reconoce que el miedo ha dejado huella en su vida cotidiana.

«He intentado que no me condicionase en mi día a día, pero sí es verdad que cada vez que pasaba por el lugar o me desplazaba de un domicilio a otro por mi trabajo, iba avisando a mi marido de que había llegado bien o incluso en llamada telefónica con él mientras iba de un lugar a otro», relata.

Ese estado de alerta se intensifica al pasar por la zona de los hechos. «Cuando pasaba por el lugar, no podía evitar ponerme nerviosa cuando escuchaba algún ruido y tenía que ir mirando hacia atrás para ver que todo estaba bien».

A pesar de ello, ha tratado de enfrentarse a la situación con el paso del tiempo. «Poco a poco, con ayuda psicológica. Realmente, al día siguiente ya estaba trabajando y pasando por el mismo lugar y autoconvenciéndome de que no tenía por qué volver a pasar».

Todo el mundo sabemos quiénes son y no les pasa nada

Un malestar que persiste en el pueblo

Más allá de su experiencia personal, Claudia sostiene que lo ocurrido sigue muy presente entre los vecinos.

«Pienso que a nadie del pueblo se le olvida, pero sí es verdad que la situación se enfría y lo dejamos atrás porque la vida sigue y hay que volver a la normalidad».

Sin embargo, insiste en que el problema de fondo continúa. «El pueblo sigue harto, cansado, enfadado y frustrado, porque pese a la presencia policial sigue habiendo robos, altercados y de todo. Todo el mundo sabemos quiénes son y no les pasa nada».

Como ejemplo, menciona un intento de robo reciente: «Hace dos noches mismamente le intentaron robar a mi marido en el tractor, pero tenemos cámaras y estábamos cenando y lo vimos. Y así todas las noches, si no es uno es otro. Estamos hartos la verdad».

A su juicio, muchas situaciones ya se venían denunciando con anterioridad. «No sé si esa situación se podría haber evitado porque fue de un momento a otro, pero tanto eso como muchas otras situaciones se vienen avisando y denunciando y no se nos hace caso».

También critica la falta de medios de seguridad en el municipio: «No había patrulla de Guardia Civil en Montefrío, no hay vigilancia ni seguridad y tuvo que pasar una desgracia para que se tomaran cartas en el asunto, pero como te digo, da igual, siguen robando y haciendo lo que les da la gana».

El caso continúa su curso judicial mientras el municipio intenta dejar atrás uno de los episodios más tensos vividos en los últimos años. Sin embargo, más allá de la detención del agresor, en Montefrío persiste una sensación de inquietud entre parte de los vecinos, que reclaman mayor seguridad y una respuesta más firme ante situaciones que, según denuncian, no son nuevas en el día a día del pueblo.

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