Elena, superviviente del accidente de Adamuz, posa con su libro en Huelva

Elena, superviviente del accidente de Adamuz, posa con su libro en HuelvaCedida

Entrevista

Elena, superviviente de Adamuz: «A día de hoy, soy incapaz de mirarme la cicatriz de mi cara en el espejo»

Lo que nació como un diario «terapéutico» donde plasmaba su experiencia y sus recuerdos ha acabado dando forma a un libro que acaba de publicar: Adamuz. El último tren

Elena Fragío atiende la llamada de El Debate desde su domicilio, en Huelva. «Estoy casi todo el día en casa», nos cuenta. «Voy poco a poco. Salgo cuando tengo fisio o psicólogo», suspira. Esta joven onubense de 28 años sobrevivió a la tragedia de Adamuz. Viajaba en el primer vagón del tren Alvia que descarriló y cayó por un talud. Estuvo aguardando a que la sacaran del vagón una hora y media, una espera que se alargó durante cuatro horas hasta que la subieron a una ambulancia. «Mis padres llegaron antes al hospital de Córdoba conduciendo desde Huelva que yo», recuerda.

Ahora, ha plasmado su experiencia y sus recuerdos en Adamuz. El último tren (Niebla Editorial). Escribirlo, asegura, nunca estuvo entre sus pensamientos, pero lo que nació como un ejercicio de terapia «para liberarse», ha acabado dando forma a un libro que espera que sirva también de altavoz para todos los que se vieron involucrados directa o indirectamente en el accidente.

Elena Fragio, autora de 'Adamuz, el último tren'

Elena Fragío, autora de 'Adamuz, el último tren'Cedida

–¿Ha encontrado aquello que buscaba al escribir el libro?

–Por supuesto, escribir me ha servido para soltar lo que pasó aquella noche. No va a borrar el dolor ni lo atempera, pero me sirve para hacer la historia un poco mía.

–Cuando estaba postrada en la cama, ¿cómo lo escribiste? ¿le ayudó alguien?

–Lo hacía desde la cama, con ayuda del ordenador. También fue una forma de entretenerme. Sirvió para hacerme los días un poco menos largos.

–¿En algún momento se detuvo? ¿Quisiste borrar lo que ya llevaba escrito?

–Como mi idea nunca fue publicar un libro, yo lo que estaba escribiendo era como mi diario. Hay veces que escribiéndolo, tienes que parar porque no quieres recordar muchas cosas, pero mi psicóloga me animaba a continuar no para publicar nada, sino para soltar todo lo que llevaba dentro.

No se me olvidarán nunca los gritos y los móviles sonando entre los amasijos

–¿Y cómo ha sido recibido por el resto de las víctimas?

–Mi preocupación era cómo iban a recibirlo ellas. Lo vivieron igual que yo, es algo que nos durará toda la vida. Pero la verdad que la aceptación ha sido total. Esta es mi historia, pero hubo cientos de historias más. Todas son igual de importantes. Yo creo que todas deberían ser contadas.

–¿El nombre del libro lo eligió porque entiende que no volverá a viajar en tren?

–Solo la idea me da una ansiedad terrible.

Elena había acudido a Madrid a presentarse a unas oposiciones, como tantos otros que viajaban en aquel tren, para cumplir su sueño de convertirse en funcionaria de prisiones. Había hecho las pruebas correspondientes en la capital de España y a la tarde de aquel domingo 18 de enero tomó el Alvia que descarriló a la altura de la localidad cordobesa de Adamuz. Ahora, lamenta, ese objetivo ya no podrá conseguirlo, debido a las secuelas médicas que arrastra. «Mis lesiones me impiden pasar las pruebas que exige el puesto. Ya no podré hacerlo».

–¿Qué secuelas le han quedado?

–La pérdida de audición, que no podré recuperar. Tengo cuatro clavos en la cadera, que me limitarán a futuro los movimientos, pero no sabemos en qué grado. Y además, la cicatriz en la cara. A día de hoy soy incapaz de mirarme en el espejo. Es de nueve centímetros, para la cual me tienen que dar 120 puntos en tres capas, porque es muy profunda. Se da la circunstancia que el cirujano que me trata aquí en Huelva fue el médico que me cosió a las 4 de la mañana en Córdoba. Él temía que me fuera a quedar parálisis en la cara porque tuvo que coser nervios, pero afortunadamente no será así.

–¿El mismo?

–Sí, el mismo cirujano. Las casualidades de la vida. En la noche del accidente, la médica que me ve le dice a los enfermeros que ella no me puede coser, porque al ser tan profunda la herida, se necesitaba de un cirujano plástico. Y él vino desde su casa para hacerlo.

–¿Cómo fueron los primeros días ingresada hasta que le operaron?

–Fueron los peores, a causa de los dolores. No he pasado más dolores en mi vida. Eran días interminables, pasaron diez porque no me querían someter a más radiación y a más pruebas. Me tenían que subir a una grúa para lavarme...y lo peor, las noches.

Yo fuí a Madrid a presentarme a las oposiciones de funcionaria de prisiones. Me han quitado mi sueño y me siento muy perdida

–¿Y ahora como es su día a día, aparte de conceder entrevistas?

–Pasar de la cama a la silla y hacer el número de pasos que me mandan. No aguanto más de cuatro minutos de pie, así que tardo mucho. Por lo demás, ir al fisio y al psicólogo y pasar consultas médicas. El día 9 me tienen que operar del codo para extraer unos cristales. Desde que volvimos a casa, no hago otra cosa.

–¿Y ahora qué tal se le pasan los días?

–Siguen siendo largos, aunque ya no tanto como cuando estaba en el hospital.

–¿Ha querido pensar en el futuro?

–Aparte de recuperarme, prefiero no pensarlo. Porque cada vez que me viene esa idea, me frustro. Me han quitado mi sueño y me siento muy perdida.

–¿Qué opinión le merece la respuesta que hubo a nivel institucional?

–Prefiero no hablar de ello. Piensa que me estoy tratando de todas las cosas por el médico privado, y luego hay que pelear con el seguro. Todavía estoy esperando a la cita con la rehabilitación de la Seguridad Social.

–¿Cómo avisó a su familia cuando sucedió todo? ¿Ellos sabían algo?

–A mí me sacan del tren hora y media después del accidente. Evidentemente en casa ya saben lo que ha pasado por las noticias, pero de mí no sabían nada porque mi movil también había salido despedido y no podían contactar conmigo. De hecho no he recuperado aún ni la cartera, ni el DNI ni el bolso que llevaba aquel día. Cuando me sacan, es un señor que había por allí el que nos acerca su propio teléfono a los heridos por si queremos comunicarnos y como recordaba el número de mis padres, ya les llamo. Les digo que estoy bien pero que tengo una pierna rota, pues en ese momento no la sentía. Lo que pasa es que ellos llegaron antes al hospital de Córdoba donde ingresé porque yo pasaría todavía unas cuatro horas en las vías.

–¿Cuatro horas?

–Sí, el accidente sucede a las 19:45 y a mí hasta las 11:45 no me suben a una ambulancia. Es una espera que crees que nunca termina, y que no vas a aguantar. Cuando estaba atrapada, lo que no se me olvidará nunca son los gritos y los móviles sonando entre los amasijos.

–¿Viajaba sola?

–Sí, iba con dos amigas pero estaban en vagones diferentes. A nivel físico ellas están bien, salieron indemnes. A nivel emocional, pues todas estamos peleando.

–Si el libro va bien y le coges el gusto, a lo mejor acabas como escritora. ¿Había escrito antes?

–Me gustaba, recuerdo haber escrito los discursos en las graduaciones, pero más allá del TFG, ya no había vuelto a escribir algo. Lo de ahora ha sido una terapia. Ya veremos en el futuro.

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