Representación de un incendio en la Edad Media
Andalucía
Antes del Infoca: así combatían los andaluces los incendios cuando solo tenían sus propias manos
Campanas, cubos de agua, ramas verdes y acequias fueron durante siglos las principales herramientas para luchar contra unos incendios que amenazaban bosques, cosechas y pueblos enteros mucho antes de la llegada de los helicópteros y los medios aéreos
Cada verano, los incendios forestales vuelven a poner a prueba a Andalucía. Helicópteros descargando miles de litros de agua, hidroaviones sobrevolando los montes y centenares de efectivos del Plan Infoca forman hoy una imagen habitual cuando las llamas amenazan el patrimonio natural de la comunidad.
Pero durante siglos la realidad fue muy distinta. Mucho antes de que existieran medios aéreos, vehículos todoterreno o brigadas especializadas, combatir un incendio dependía, casi exclusivamente, de la rapidez con la que reaccionaban los vecinos. Bastaban unas campanas repicando desde la iglesia para movilizar a pueblos enteros frente a un enemigo que podía arrasar cosechas, montes e incluso viviendas en apenas unas horas.
Aquella lucha, completamente artesanal, marcó durante generaciones la forma de entender el fuego en Andalucía.
Todo un pueblo contra el fuego
En la Andalucía medieval y moderna no existían los recursos con los que hoy cuentan los servicios de emergencias. Cuando se declaraba un incendio, las primeras personas en intervenir eran los propios vecinos, junto a pastores, agricultores, guardas de montes y autoridades locales.
Las ordenanzas municipales de numerosas localidades ya recogían la obligación de acudir a sofocar las llamas cuando sonaban las campanas de alarma. No hacerlo podía incluso acarrear sanciones, ya que proteger los montes y las tierras de cultivo era considerado una responsabilidad colectiva.
La coordinación era sencilla pero eficaz. Mientras unos trataban de apagar el fuego, otros retiraban animales, protegían viviendas o despejaban caminos para impedir que las llamas avanzaran hacia el núcleo urbano.
Los incendios preocupaban especialmente durante los meses más secos, cuando un pequeño descuido podía provocar pérdidas económicas irreparables en una sociedad que dependía directamente del campo.
Cubos, ramas y acequias
Sin bombas de agua ni mangueras de alta presión, la imaginación y el conocimiento del terreno eran fundamentales.
Los vecinos utilizaban cubos de agua transportados desde pozos, fuentes, albercas o acequias. También era habitual golpear las llamas con ramas verdes para reducir su intensidad o abrir franjas de terreno con azadas y palas para evitar que el fuego encontrara vegetación con la que seguir avanzando.
En muchas zonas agrícolas se aprovechaban las acequias de origen andalusí como barreras naturales, mientras que los cortafuegos se realizaban manualmente eliminando matorral y vegetación seca delante del incendio.
La experiencia transmitida de generación en generación resultaba casi tan importante como las herramientas disponibles. Pastores, carboneros y guardas conocían el comportamiento del viento, la orientación de las laderas o las especies vegetales que ardían con mayor facilidad, conocimientos que ayudaban a tomar decisiones rápidas.
Del hacha al helicóptero
La lucha contra los incendios cambió por completo durante el siglo XX con la progresiva profesionalización de los servicios forestales y, especialmente, con la incorporación de medios mecánicos y aéreos.
Hoy Andalucía cuenta con uno de los dispositivos contra incendios más importantes de Europa. El Plan Infoca moviliza cada verano a miles de profesionales, entre bomberos forestales, técnicos, agentes de medio ambiente, pilotos y personal de apoyo, además de helicópteros, hidroaviones, drones y vehículos especializados capaces de intervenir en cuestión de minutos.
Sin embargo, la filosofía sigue siendo la misma que hace siglos: actuar con rapidez para impedir que un pequeño foco se convierta en una gran tragedia.
La diferencia es que donde antes acudía un pueblo armado con cubos, hachas y ramas verdes, hoy lo hace un operativo altamente especializado que combina tecnología, planificación y décadas de experiencia para proteger uno de los mayores patrimonios naturales de España.