Lucas posa con todos sus 'tesoros' de cerámica y latón
Reportaje de un coleccionista infatigable
El museo que un coleccionista de cerámica y latón ha creado en su casa de Granada: «Es un pequeño Sacromonte»
Lucas ha convertido su casa en Almuñécar en un museo particular donde el cobre, los peroles centenarios y las tinajas de sus bisabuelos conviven con la memoria de un barrio que llevó en el corazón durante décadas
En la cima de Almuñécar, donde el mar se encuentra con las montañas, hay una casa congelada en el tiempo. Lucas, el dueño de la vivienda, ha estado coleccionando cerámicas, latón y cosas que otros preferirían no tener en su casa. El resultado es un espacio abarrotado de recuerdos que ni siquiera puede poner un alfiler en su casa. «No tengo más espacio», cuenta a El Debate con una risa. El vecindario se refiere a su hogar como el «pequeño Sacromonte».
Un pedazo de Granada en la costa
Lucas no oculta su apego al barrio granadino que definió su vida. «Mis amigos del Sacromonte, en Granada, el mejor barrio del mundo, tengo más cosas que ellos», dice. Su colección, acumulada durante décadas, supera a muchos museos de la capital. «Esto es muy antiguo, tocarlo y está en relieve, este moderno no lo está», asegura, acariciando una de sus obras de arte favoritas.
Interior de la casa de Lucas, no cabe un alfiler entre jarrones, peroles y figuras religiosas
El olor a cobre y a historia impregna cada habitación de la casa. Huele a Granada. «Es el patio de la Alhambra en Almuñécar», dice orgulloso. Las ollas de cobre están entre sus posesiones más preciadas, algunas con más de 120 años de antigüedad. «Esta olla era de mi bisabuela y el cántaro era de mi bisabuelo», dice con verdadera emoción cuando habla de estar en contacto con la memoria viva del patrimonio de su familia. «Fue hecho sobre fuego natural, por eso tiene relieve», relata, señalando las marcas que el tiempo ha dejado en el metal.
Historias que susurran a las paredes
Cada objeto tiene una historia. Las ollas de cobre, dice, fueron hechas por los gitanos en la fragua, comienza a contarme. «Los gitanos hicieron esto en la fragua», dice. Y su casa ha sido bien visitada: «Estas son personas importantes, Enrique Morant o Manolete...», dice. Las paredes están llenas de jarrones y artículos de cerámica que admite «podrían caerse sobre ti». Y bromea: «Si hay un terremoto, estaría enterrado en cerámicas de Granada».
Lucas ha convertido su dormitorio en un museo improvisado. «Me acuesto y lo miro en lugar de ver la televisión, imaginando cómo lo hicieron», confiesa. Y duerme con una imagen del Cautivo de Málaga siempre cerca, como si esa figura fuera el mejor de los amuletos.
Los objetos de colección cuelgan de las peredes y del techo
El legado de la 'media hogaza'
Así que Lucas ha creado su propio universo en la Costa Tropical con ollas, cántaros, recuerdos y más. Su colección es un viaje al pasado, a un Sacromonte que no es solo un barrio de Granada, sino también un rincón de Almuñécar. Donde cada objeto cuenta una historia y los ecos de las fraguas, las risas de los amigos, y la sombra de la Alhambra y el olor salado del Mediterráneo se encuentran.