Mar de olivos de JaéniStock

Por qué los olivares de Jaén parecen volverse plateados cuando sopla el viento

El característico cambio de tonalidad que puede observarse en los campos jiennenses tiene una explicación en las propias hojas del olivo, cuyo reverso es mucho más claro que la parte superior

Quien atraviese en verano alguno de los inmensos campos de olivos de Jaén puede encontrarse con un curioso fenómeno. Basta una racha de viento para que el verde habitual de las copas comience a transformarse y grandes extensiones del paisaje adquieran durante unos instantes una tonalidad grisácea o plateada.

No es un efecto de la distancia ni un cambio de color provocado por el Sol. La explicación está en las propias hojas del olivo y en una característica que resulta especialmente útil para que el árbol pueda desenvolverse en ambientes mediterráneos marcados por el calor y los periodos de escasez de agua.

El secreto está en observar las dos caras de una hoja. Mientras su parte superior presenta el conocido verde del olivo, el reverso es considerablemente más claro. Cuando el viento agita miles de ramas simultáneamente y deja expuesta esa cara inferior, el paisaje parece cambiar de color.

Dos caras muy diferentes

Las hojas del olivo son estrechas, alargadas y persistentes, lo que permite al árbol mantenerlas durante varias temporadas. Su superficie superior, denominada haz, presenta un tono verde más oscuro. En el lado contrario se encuentra el envés, de aspecto mucho más pálido y gris plateado.

Esta diferencia no es únicamente estética. El envés presenta una densa cobertura de pequeñas estructuras semejantes a pelos, conocidas como tricomas, que le proporcionan ese aspecto blanquecino tan característico.

Se trata de una adaptación relacionada con las condiciones en las que tradicionalmente crece el olivo. Estas estructuras ayudan a proteger la hoja y están vinculadas a la regulación de la pérdida de agua, algo especialmente importante para una especie acostumbrada a soportar elevada radiación solar, temperaturas altas y largos periodos secos.

Por eso, cuando el árbol permanece prácticamente inmóvil predomina visualmente el verde de la parte superior de sus hojas. El viento altera momentáneamente esa disposición.

Cuando el olivar cambia de color

El efecto se vuelve especialmente llamativo en una provincia como Jaén por una cuestión de escala. Una única rama movida por el viento apenas llama la atención, pero cuando el mismo fenómeno ocurre simultáneamente en miles de olivos, el resultado puede apreciarse sobre laderas y campos enteros.

Las ráfagas hacen girar y agitar las hojas, exponiendo alternativamente el haz verde y el envés plateado. Desde cierta distancia, el movimiento se percibe como una especie de oleaje que recorre las copas y modifica por momentos la tonalidad del paisaje.

La luz también interviene en la percepción. Dependiendo de la posición del Sol y del observador, el contraste entre ambas caras puede hacerse más evidente. De ahí que un mismo olivar pueda ofrecer tonalidades distintas según la hora del día, las condiciones de iluminación y la intensidad del viento.

No significa, por tanto, que el árbol esté cambiando realmente de color. Lo que cambia es qué cara de millones de hojas queda expuesta a la vista en cada momento.

Una adaptación visible en todo Jaén

Este pequeño detalle botánico adquiere una dimensión especial en Jaén, donde el olivar domina buena parte del horizonte y ha creado uno de los paisajes agrícolas más reconocibles de España.

Durante los meses de verano, además, las características de la hoja resultan fundamentales para afrontar unas condiciones especialmente exigentes. El olivo está adaptado al clima mediterráneo y dispone de diferentes mecanismos para limitar la pérdida de agua y resistir los periodos secos.

Una de esas adaptaciones es precisamente la que proporciona el característico aspecto claro del envés de sus hojas y, de manera indirecta, permite contemplar uno de los efectos visuales más curiosos del campo jiennense.

Así, la próxima vez que una ráfaga atraviese un olivar y parezca convertir el verde en plata, la explicación estará mucho más cerca de lo que parece: en el movimiento simultáneo de millones de pequeñas hojas mostrando durante unos segundos su cara oculta.