Mar de olivos de Jaén

Mar de olivos de JaéniStock

El rincón de Jaén desde donde se exportaba aceite a Roma hace 2.000 años

La Villa Romana de Los Robles albergó una de las mayores almazaras de Hispania y conserva el legado de una actividad que convirtió a la antigua Bética en uno de los grandes graneros del Imperio

Mucho antes de que Jaén fuera reconocida como la capital mundial del aceite de oliva, sus tierras ya abastecían al mayor imperio de la Antigüedad. Hace casi dos mil años, desde la actual capital jiennense salían miles de litros de aceite con destino a Roma, donde este producto era considerado un bien imprescindible para la alimentación, la medicina, la iluminación e incluso algunos rituales religiosos.

Ese pasado permanece oculto bajo la Villa Romana de Los Robles, un yacimiento arqueológico situado en el barrio del Bulevar que conserva los restos de una de las mayores almazaras descubiertas en la antigua Hispania. Su importancia ha llevado a impulsar un centro de interpretación que permitirá acercar a los visitantes la historia de uno de los enclaves oleícolas más relevantes del mundo romano.

Una almazara para Roma

Las excavaciones realizadas en Los Robles han permitido conocer cómo funcionaba una gran explotación agrícola entre los siglos I y V después de Cristo.

La villa disponía de una amplia zona industrial destinada a la producción de aceite, con prensas, espacios para la molienda de la aceituna, depósitos de decantación y almacenes donde se preparaba el producto antes de emprender su viaje por el Mediterráneo.

Los arqueólogos consideran que se trata de una de las instalaciones oleícolas romanas más importantes halladas en la antigua provincia Bética, un territorio que llegó a convertirse en uno de los principales proveedores de aceite del Imperio romano.

No era un producto cualquiera. El aceite se utilizaba para cocinar, iluminar viviendas, elaborar ungüentos medicinales e incluso en ceremonias religiosas, por lo que su demanda era constante en una ciudad como Roma.

El viaje del oro líquido

Una vez elaborado, el aceite era envasado en grandes ánforas de barro que recorrían cientos de kilómetros antes de llegar a Italia.

El transporte combinaba rutas terrestres y fluviales hasta alcanzar los principales puertos, desde donde partían embarcaciones cargadas con miles de recipientes rumbo a la capital del Imperio.

La magnitud de aquel comercio todavía puede apreciarse hoy en el Monte Testaccio, una colina artificial situada en Roma formada por millones de fragmentos de ánforas desechadas, muchas de ellas procedentes de la antigua Bética y utilizadas para transportar aceite elaborado en el sur de Hispania.

Aquella intensa actividad comercial convirtió al aceite andaluz en uno de los productos más valiosos de la economía romana y consolidó una tradición agrícola que continúa siendo el principal motor económico de la provincia de Jaén.

Un legado de 2.000 años

Dos milenios después, la historia vuelve a mirar hacia Los Robles. El Ayuntamiento de Jaén impulsa la creación de un centro de interpretación que permitirá explicar cómo funcionaba aquella gigantesca almazara romana y el papel que desempeñó la ciudad dentro de las rutas comerciales del Mediterráneo.

El proyecto busca poner en valor un yacimiento poco conocido por el gran público, pero de enorme importancia para comprender el origen de la cultura del aceite en Andalucía.

Porque mucho antes de que el aceite de oliva virgen extra de Jaén conquistara mercados internacionales, ya existía un lugar desde el que el llamado oro líquido emprendía un viaje de miles de kilómetros para abastecer a la ciudad más poderosa del mundo.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas