Mar de olivos de Jaén

Mar de olivos de JaéniStock

El pueblo de Jaén donde apareció una pista clave para entender el origen del aceite de oliva en España

Un hallazgo arqueológico en varios yacimientos del Alto Guadalquivir sitúa hace más de dos mil años algunas de las primeras evidencias del cultivo del olivo en la provincia

Hoy resulta imposible imaginar Jaén sin olivos. Millones de árboles cubren sus campos y convierten a la provincia en uno de los grandes referentes mundiales de la producción de aceite. Sin embargo, durante décadas los investigadores han tratado de determinar cuándo comenzó realmente la expansión del cultivo que acabaría transformando para siempre el paisaje jiennense.

Ahora, el análisis de restos arqueológicos localizados en distintos enclaves del Alto Guadalquivir ha permitido fechar algunas de las evidencias más antiguas conocidas del olivar cultivado en la provincia. Los trabajos, en los que han participado especialistas en arqueología y arqueobotánica, sitúan estos vestigios en torno al siglo I antes de Cristo y ayudan a reconstruir los orígenes de una actividad que sigue siendo la principal seña de identidad económica y cultural de Jaén.

Cuando el olivar comenzó a extenderse

Las evidencias han sido localizadas en yacimientos situados en La Higuera y en el entorno de Puente del Obispo, dos enclaves que permiten conocer mejor cómo se desarrolló la agricultura en el Alto Guadalquivir durante los últimos años de la presencia íbera y los primeros tiempos de dominio romano.

Gracias a técnicas de datación científica, los investigadores han podido determinar que estos restos pertenecen a aceitunas cultivadas y no simplemente recolectadas de ejemplares silvestres, lo que supone un paso importante para comprender la evolución de la agricultura en la provincia.

El hallazgo permite además establecer una cronología más precisa sobre la llegada y consolidación del olivo en una tierra que siglos después acabaría convirtiéndose en el mayor productor mundial de aceite de oliva.

La huella romana detrás

Los resultados apuntan a que la expansión del olivar estuvo estrechamente relacionada con la organización económica impulsada por Roma en el sur de Hispania.

A medida que avanzaba la ocupación romana y se desarrollaban nuevas infraestructuras, el cultivo del olivo fue ganando protagonismo en el territorio. Aquella transformación acabaría convirtiendo al Alto Guadalquivir en una de las principales zonas productoras de aceite del Imperio.

Las primeras pruebas directas de producción aceitera aparecen ya durante el siglo I después de Cristo en importantes asentamientos romanos de la provincia, entre ellos la antigua ciudad de Cástulo, uno de los grandes centros urbanos de la época.

Aquellos primeros olivares fueron el origen de una actividad económica que ha sobrevivido durante más de veinte siglos y que sigue definiendo la identidad de buena parte de Andalucía.

Los agricultores de hace dos mil años

La investigación también ha permitido conocer mejor cómo se cultivaban aquellos primeros olivos.

Los análisis realizados muestran que gran parte de las explotaciones funcionaban bajo condiciones similares a las del olivar tradicional de secano actual, dependiendo de una disponibilidad de agua limitada y de las condiciones climáticas de cada época.

Sin embargo, los investigadores han detectado periodos históricos en los que existió una mayor disponibilidad hídrica, coincidiendo con fases de expansión agrícola y crecimiento económico.

Además, los resultados sugieren que los agricultores ya utilizaban sistemas de abonado orgánico para mantener la productividad de los cultivos. Se trata de una práctica que demuestra el elevado conocimiento agrícola existente en la zona mucho antes de la Edad Media.

Más de dos mil años después, aquellos pequeños huesos de aceituna encontrados en la provincia ayudan a explicar cómo comenzó la historia del inmenso mar de olivos que hoy caracteriza a Jaén y que ha convertido a esta tierra en una referencia mundial del aceite de oliva.

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