Cientos de inmigrantes esperan para ser registrados en Ceuta un mes después de la invasión

Cientos de inmigrantes esperan para ser registrados en Ceuta un mes después de la invasiónEFE

Una granadina destinada en Ceuta denuncia la falta de respuesta del Gobierno: «Estamos siendo olvidados»

Aurora, docente interina destinada en la ciudad autónoma, relata a El Debate cómo la invasión masiva desde Marruecos ha alterado la vida cotidiana, los negocios y la convivencia en distintos barrios

Aurora no habla de miedo. Habla de incertidumbre. Esta maestra interina granadina vive y trabaja en Ceuta y está asistiendo desde dentro a las consecuencias de la entrada masiva de inmigrantes desde Marruecos que desbordó la ciudad a finales de julio. «Yo en sí miedo como tal no tengo. Lo que sí tengo es mucha inseguridad. No sabemos realmente lo que va a pasar», explica a El Debate.

Con el paso de las semanas, esa sensación se ha convertido para ella en algo más: la impresión de que la ciudad sigue esperando respuestas. «Siento que estamos siendo un poco olvidados por parte del Gobierno», asegura.

Su visión contrasta bastante con la que dice el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que asegura que se está trabajando para recuperar la normalidad en Ceuta. El presidente ha planteado además que tanto Ceuta como Melilla deberán prepararse para una «realidad estructural» derivada de su condición fronteriza.

Aurora conoce bien Marruecos porque vivió allí durante un tiempo y sabe de primera mano cómo es el país vecino.

«No es cuestión de adaptarse»

«No es cuestión de adaptarse porque yo he vivido en Marruecos y te digo que lo conozco muy bien, pero la situación que se está viviendo aquí no es una situación normal», asegura.

Ceuta tiene una superficie muy reducida y la presión de miles de personas adicionales no se percibe igual en todos sus barrios. Aurora explica que en la zona en la que reside la rutina apenas parece haber cambiado, pero basta desplazarse a otros puntos para encontrarse con una realidad muy diferente.

«En mi caso donde yo vivo está todo como siempre pero tú sales y te vas a otras barriadas y es cuando te topas con la realidad galopante que está viviendo la ciudad de Ceuta».

Uno de esos lugares es el entorno del Hospital Universitario. Allí, asegura, la falta de capacidad de los recursos habilitados ha terminado trasladando parte del problema a las calles más próximas.

«No veo muy normal que se le ocurran poner un asentamiento enfrente de un hospital público donde no hay cabida para todos. Entonces pues duermen en las calles de los alrededores (y lo que eso conlleva) porque también es una zona residencial donde hay vecinos sin poder descansar y demás».

También menciona la zona del Trampolín, donde la concentración de inmigrantes ha modificado el uso habitual de la playa y sus alrededores. Aurora afirma que «se está formando ahí un gueto» y muestra especial preocupación por las condiciones en las que viven quienes permanecen allí y por los fuegos que hacen los inmigrantes para cocinar.

Sobre los incendios registrados en la zona evita señalar responsables sin pruebas. «Tampoco realmente sabemos si esos incendios han sido por parte de ellos o no», matiza. Sí considera, en cambio, que la acumulación de esos problemas ha convertido el lugar en «un polvorín».

En torno a 13.000 inmigrantes ilegales continúan en Ceuta, según el último balance ofrecido por el presidente de la ciudad, Juan Vivas. Una cifra que ayuda a explicar la presión que describe Aurora en un territorio de dimensiones muy limitadas.

Negocios con menos ventas

La crisis también se ha trasladado al bolsillo. Aurora trabaja como docente y cuenta con la estabilidad de una nómina, pero conoce a autónomos que han visto caer considerablemente su actividad durante estas semanas.

Una de esas personas le trasladó recientemente que su negocio se encontraba «prácticamente a la mitad de las ventas que generalmente solían tener».

Toda esta situación se ha agravado con la suspensión de algunos de los acontecimientos que tradicionalmente generaban más movimiento social y económico en la ciudad. La Feria de agosto fue cancelada después de la entrada masiva y tampoco ha podido celebrarse posteriormente el tradicional Mercado Medieval.

La andaluza recuerda especialmente esta última cita por el ambiente que aportaba a Ceuta. «Venían personas de diferentes puntos de España, a poner sus puestecitos, era un ambiente muy bonito, familiar, donde durante un fin de semana Ceuta tenía otro color u otra 'vibra', y ahora también la han quitado».

El impacto, sin embargo, no se limita a comerciantes, hosteleros o feriantes. Según relata, algunos vecinos han tenido que modificar comportamientos que antes formaban parte de su día a día: las horas a las que salían, determinados desplazamientos o incluso las zonas de playa que frecuentaban.

«Muchas personas lógicamente no pueden tener una vida como siempre han tenido de entrar y salir a cualquier hora. Ahora tienen que cuestionarse si pueden ir o quién va a llevarlas y quién no».

Ese cambio de hábitos es, para Aurora, una de las consecuencias menos visibles de la crisis. No todas las barriadas viven la misma situación, pero la percepción de que hay lugares que han dejado de utilizarse con la misma normalidad ha terminado incorporándose a la rutina de parte de la población caballa.

«¿Qué va a pasar con estas personas?»

Más allá de la situación actual, lo que inquieta especialmente a Aurora es no saber cuál será el siguiente paso. En las últimas semanas se han habilitado espacios, ampliado recursos y preparado nuevas instalaciones, pero la maestra considera que esas actuaciones siguen siendo respuestas provisionales.

«Pienso que se están gastando muchísimo dinero en poner infraestructuras sin dar una solución como tal de qué va a pasar realmente con estas personas», afirma.

Su duda se dirige al destino final de quienes continúan en Ceuta tras la invasión. «Si luego a la larga los tienen que expulsar es como que los están engañando, y si no los van a expulsar, ¿qué va a pasar? Si el resto de comunidades autónomas no se quieren hacer cargo de ellos».

Ahí sitúa el principal problema. No en la ausencia absoluta de recursos, sino en la falta, a su juicio, de un horizonte que permita saber durante cuánto tiempo se mantendrá la situación actual y cómo se resolverá.

Y hay una fecha que comienza a pesar en sus cálculos: la llegada del mal tiempo. Hasta ahora, playas y espacios provisionales han servido como refugio para parte de quienes no tienen otra alternativa, pero el otoño cambiará inevitablemente esas condiciones.

«Mi pregunta, que es la de muchos ceutíes, es qué va a pasar con todo esto cuando llegue el mal tiempo».

Para Aurora, esa incertidumbre resume buena parte de lo que se vive actualmente en Ceuta. No solo qué hacer hoy con miles de personas, sino qué solución existe para los próximos meses y cuándo podrá la ciudad dejar atrás una situación que, más de un mes después, continúa condicionando la vida de sus vecinos.

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