Puerta de Elvira
La enorme necrópolis islámica que se esconde bajo el centro de Granada
Bajo el entorno del Triunfo, el Hospital Real y varias calles próximas a Puerta de Elvira permanecen las huellas del principal cementerio musulmán de la ciudad, utilizado durante siglos
Miles de personas atraviesan cada día el entorno de los Jardines del Triunfo, la Avenida de la Constitución o el Hospital Real sin sospechar que bajo sus pies se extendió durante siglos uno de los espacios más importantes de la Granada islámica. No era un palacio, una fortaleza ni un barrio residencial. Era una enorme necrópolis situada a las puertas de la ciudad.
Conocida como la maqbara de Sahl ibn Malik o necrópolis de Puerta de Elvira, ocupaba un amplio terreno extramuros, al norte de la antigua medina.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en diferentes puntos han permitido seguir su rastro desde el entorno de Bab Ilbira –la actual Puerta de Elvira– hacia el Triunfo, Hospital Real, San Juan de Dios y sectores próximos a Cartuja.
No se trata, por tanto, de un pequeño cementerio escondido exactamente bajo los actuales jardines, sino de un gran paisaje funerario medieval sobre el que terminó creciendo la Granada moderna.
El cementerio de la capital zirí
Las investigaciones sitúan sus primeros enterramientos alrededor del siglo XI, coincidiendo aproximadamente con la consolidación de Granada como capital del reino zirí. El recinto fue creciendo con la ciudad y alcanzó una gran extensión durante la etapa nazarí, manteniéndose en funcionamiento hasta finales del siglo XV y con indicios posteriores en determinados sectores.
Su ubicación tampoco era casual. En las ciudades islámicas era habitual instalar los cementerios fuera de las murallas y junto a las principales puertas y caminos. Puerta Elvira era uno de los grandes accesos a Granada desde la Vega, por lo que aquel espacio quedó reservado durante generaciones para los muertos.
Las investigaciones arqueológicas incluso apuntan a que la necrópolis estuvo protegida en algunos puntos por una cerca con accesos flanqueados por torres.
Enterrados mirando hacia La Meca
Las tumbas permiten conocer también cómo despedían a sus muertos los habitantes de la Granada andalusí. Los enterramientos solían ser sencillos y respondían a unas pautas religiosas muy definidas.
Los fallecidos eran depositados generalmente sobre el costado derecho y orientados de forma que el rostro mirase hacia La Meca. No era habitual introducir objetos personales o grandes ajuares junto al cadáver. En algunos casos la sepultura quedaba señalada mediante estelas o elementos de piedra y ladrillo, pero el componente religioso tendía a reducir las diferencias visibles entre unos enterramientos y otros.
Las excavaciones realizadas en lugares tan cotidianos hoy como el aparcamiento del Triunfo han permitido documentar amplios sectores de aquella necrópolis. También han aparecido enterramientos en el Hospital Real, San Juan de Dios y solares situados más al norte, demostrando hasta dónde llegó a extenderse.
La ciudad creció sobre sus muertos
La conquista cristiana cambió por completo el paisaje. El antiguo espacio funerario fue perdiendo su función y sobre aquellos terrenos comenzaron a levantarse edificios, conventos, calles y otras construcciones. El Hospital Real fue uno de los grandes complejos que acabaron ocupando parte de la zona.
Siglos después llegaron nuevas transformaciones. En el entorno del actual Triunfo hubo incluso instalaciones taurinas antes de que la urbanización contemporánea terminara por modificar buena parte del subsuelo. Algunas obras destruyeron enterramientos, mientras que otras intervenciones arqueológicas han permitido conservar y estudiar lo que permanecía intacto.
Por eso, lo que hoy parece simplemente uno de los grandes ejes urbanos de Granada es también un enorme archivo bajo tierra.
Entre Puerta Elvira y el entorno del Triunfo descansaron durante cerca de cinco siglos generaciones enteras de granadinos musulmanes.
Una parte de la historia de Granada no se contempla desde un mirador ni aparece sobre el perfil de la Alhambra. Permanece varios metros por debajo de las calles por las que la ciudad continúa pasando cada día.