Hotel Miramar visto desde su fachadaHotel Miramar

Málaga

Cien años de leyenda: el edificio de Málaga donde pasaron las estrellas del cine y acogió el ‘caso Malaya’

El emblemático edificio de la ciudad celebra su primer siglo de vida entre anécdotas reales, glamur decadente y una espectacular resurrección

La historia del Gran Hotel Miramar comenzó con tres augurios que hubieran helado la sangre a cualquiera. Dos días antes de su apertura en 1926, una lámpara del 'hall' mató a un operario. El rey Alfonso XIII, en la inauguración, no permitió Primo de Rivera consolidar su régimen. Y al día siguiente, el torero ‘Litri’ moría en La Malagueta. Un trío de hechos que no amilanó a sus impulsores.

El sueño de una Málaga moderna

Aquellos burgueses, encabezados por el marqués de Torrelaguna, soñaban con situar a Málaga en el circuito europeo. El arquitecto Fernando Guerrero Strachan materializó esa visión con un edificio revolucionario. Por primera vez, una fachada señorial se volvía hacia el mar, desafiando el paisaje industrial de la costa. Un gesto audaz que marcaría su destino.

Hotel Miramar haciendo honor a su nombre

Con 240 habitaciones, solo 40 con baño, el hotel se convirtió en el foco social de la época. «El Príncipe de Asturias se convirtió rápidamente en el epicentro social de la Málaga de la época», subraya la historiadora Josefa Carmona. Reyes, aristócratas y la alta burguesía llenaban sus salones, especialmente durante los suaves inviernos.

Sin embargo, los años 30 trajeron vientos de cambio. La proclamación de la República hizo que la simbólica corona de la fachada fuera arrancada y arrojada al mar. El nombre cambió a Hotel Miramar. Pero el golpe definitivo llegó con la Guerra Civil, cuando el edificio se transformó en un hospital de sangre para los heridos del frente.

Regreso del glamour internacional

Reabrió como hotel en 1940, iniciando su etapa dorada. Sus terrazas, piscina y salones recuperaron el brillo. Fue el refugio de estrellas como Ava Gardner, Orson Welles y Lola Flores. Toreros como Dominguín se vestían allí antes de ir a La Malagueta. Incluso Hemingway tenía su rincón favorito bajo tres palmeras del jardín para tomar su whisky.

Fachada antigua del hotel

El declive llegó en 1967, dando paso a dos décadas de abandono y expolio. En 1987, su destino dio un giro inesperado al convertirse en el Palacio de Justicia de Málaga. Durante veinte años, por sus antiguos salones de baile desfilaron togas y pleitos, en una curiosa simbiosis entre el lujo pasado y la solemnidad judicial. Quedará siempre para el recuerdo la simbólica imagen de Jesús Gil abanicándose descamisado tras ser citado por el ‘caso Malaya’.

Jesús Gil asoma descamisado y abanicándose tras un receso del juicio por el `caso MalayaEFE

La resurrección final comenzó en 2008, cuando Hoteles Santos lo adquirió. La rehabilitación, dirigida por el arquitecto José Seguí, fue titánica. «Fue como el trabajo de una bordadora, había que ir remendando los rotos», recuerda. Se vació por completo, conservando solo la fachada y el patio. Un renacer fiel al espíritu original.

Hoy, su lámpara central está formada por nueve piezas de cristal de París, una metáfora perfecta de su historia fragmentada y reunida. La directora, Mariola Valladares, aún recibe ofertas de viejos elementos expoliados. «¡Y claro que no! Lo que tienen que hacer es devolverlas, que son de aquí», afirma con firmeza.

Un siglo después, el Miramar sigue mirando al mar con la misma elegancia. Ha sido hotel de reyes, hospital de guerra, palacio de justicia y, finalmente, ha regresado a su esencia. Sus paredes no solo guardan secretos de glamur, sino la memoria viva de una ciudad que ha crecido y cambiado a su sombra.