Vista desde arriba de una recreación del futuro Palacio de la Ópera de Málaga
Málaga
El Palacio de la Ópera de Málaga: un titán de cerámica azul para la lírica de 1.900 asientos y alta tecnología
El proyecto estrella de la legislatura en materia cultural, cuya licitación se dará en semanas, cuenta con un presupuesto de 209 millones y buscará mecenas privados para su financiación tras la salida del Ministerio
Málaga se prepara para dar el pistoletazo de salida a su gran desafío cultural. El alcalde, Francisco de la Torre, ha lanzado un mensaje que llevaba meses guardado en el cajón: «Licitaremos dentro de pocas semanas». Así, sin paños calientes, el regidor ha confirmado que el concurso público para construir el ansiado Palacio de la Ópera, antes conocido como Auditorio de la Música, se convocará en un plazo de «un mes o dos». La inversión no es ninguna broma: 209 millones de euros que colocarán a Málaga en el mapa de la gran lírica internacional.
Y es que, aunque el Ministerio de Cultura decidiera bajarse del barco, el Ayuntamiento asegura tener el viento a favor para navegar solo. Al menos, por ahora. «Tenemos la parcela, tenemos el proyecto y tenemos el dinero para este año y el que viene con lo que aporta el Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y la Diputación», ha explicado De la Torre con esa mezcla de convicción y prudencia que le caracteriza. Porque él mismo lo matiza: «Yo lo intentaré, si la tramitación administrativa no lo frena». Nadie quiere lanzar las campanas al vuelo demasiado pronto.
El edificio, diseñado por los arquitectos Federico Soriano y Agustín Benedicto, promete ser mucho más que un teatro. Sus fachadas, revestidas de piezas de cerámica en tres tonalidades de azules —desde el cobalto hasta el celeste—, cambiarán de rostro según el ángulo desde el que se miren. Se elevará 40 metros sobre la cota de la calle, en la plataforma de San Andrés del Puerto, con la ambición de convertirse en «un nuevo referente» para la ciudad. Un espacio «contemporáneo y abierto» donde se ha priorizado «la simplicidad, la funcionalidad y la accesibilidad», según reza el dossier que el Consistorio ya ha comenzado a repartir entre potenciales inversores.
Un coloso con dos almas
De puertas para adentro, el Palacio de la Ópera latirá con dos corazones bien diferenciados. El principal, un Auditorio con capacidad para 1.900 almas, tendrá al público sentado a ambos lados del escenario, buscando una proximidad con los artistas que la música necesita como el aire. Se incide mucho en su flexibilidad, en que pueda transformarse según la obra. Será «inclusivo y accesible», y contará con lo último en tecnología: «una ópera de última generación», describen los documentos.
El segundo espacio en discordia será la Sala de Cámara, pensada para formatos más íntimos, con más de 500 butacas. Aquí se pretende «combinar la tradición musical europea con una visión contemporánea del siglo XXI». Pero no solo de música vivirá el edificio. La previsión es que acoja más de 200 eventos al año, desde convenciones y congresos –especialmente de turismo, tecnología y negocio– hasta festivales consolidados como el de Málaga, el de Jazz, los Premios Nacionales del Videojuego o el Congreso de Ciberseguridad de Andalucía. Se espera que medio millón de visitantes traspasen cada año sus puertas.
La búsqueda del mecenas
Ahora bien, construir un coloso de esta envergadura no es tarea de un día, y pagarlo, tampoco. Consciente de que las arcas públicas no pueden sostenerlo todo, el Ayuntamiento ha diseñado un ambicioso plan de mecenazgo que se pondrá en marcha «un año después del comienzo de la obra». La pieza más codiciada será el nombre del recinto. Poner nombre al Palacio costará 40 millones de euros, a pagar en 10 años desde la inauguración del edificio. Una cifra que solo grandes corporaciones podrán suscribir.
Hay más opciones, claro. Quien quiera ver su nombre ligado al proyecto pero no pueda llegar a esa cifra, podrá optar a la fórmula «mecenas empresa fundadora», con aportaciones de dos millones de euros en cinco años –400.000 euros por ejercicio– que contarán con beneficios fiscales. Precisamente, Fundación Unicaja ya ha mostrado su interés en apoyar la iniciativa. «Es un tema que está abierto y hemos hablado hace algún tiempo», confirmó el alcalde, con José Manuel Domínguez, presidente de la Fundación, asintiendo a su lado. También Cajamar ha emergido como una de las entidades interesadas en esta aventura.
Desafíos del proyecto
El cambio de nombre, de Auditorio de la Música a Palacio de la Ópera, no es un mero capricho estético. Busca englobar la amplia variedad de actividades que albergará, desde conciertos de música clásica hasta obras de teatro, pasando por convenciones y congresos. Además, se ha planteado la creación de un museo de artes escénicas dentro del complejo, añadiendo una capa más de atractivo cultural. Con este movimiento, el término 'auditorio' pasará a designar exclusivamente la sala principal del futuro Palacio.
Lo cierto es que Málaga es la única capital de provincia española que carece de un recinto adecuado para grandes producciones musicales. Una deuda histórica que, después de décadas de reivindicaciones, el equipo de gobierno ha decidido saldar por todo lo alto. Y lo hará, además, sin la participación del Ministerio de Cultura, que ha rechazado colaborar en el proyecto pese a la insistencia del regidor. Un obstáculo que, a todas luces, no ha frenado la maquinaria municipal.
De la Torre ha hecho de esta infraestructura una de las prioridades de su mandato. En las presentaciones a potenciales patrocinadores, se incide en el carácter «innovador», «sostenible» y «de vanguardia» del espacio. Se habla de inteligencia artificial, de accesibilidad digital, de conectividad global. Y se persigue un efecto: el 'wow'. Esa exclamación de asombro que, según los expertos, convierte un edificio en un icono. Ahora solo queda esperar a que los plazos se cumplan y, sobre todo, a que la maquinaria administrativa no juegue una mala pasada. Málaga lleva demasiado tiempo esperando esto.