Las obras deberán estar finalizadas en diciembre de 2028 para cumplir con los plazos de la FIFA

Recreación de una de las opciones que se barajó para transformar el estadio de La RosaledaMálaga C.F.

Málaga

La Nueva Rosaleda podría jugarse lejos de su ubicación actual: así son las tres opciones más viables

El estudio encargado a Typsa y Fenwick Iribarren descarta dos de las cinco opciones iniciales y deja la decisión final para el próximo mes de mayo

Málaga respira hondo mientras la cuenta atrás para definir el hogar de su futuro estadio ya está en marcha. El próximo 15 de mayo, la unión temporal de empresas formada por Typsa y Fenwick Iribarren Architects, los mismos que han dejado su huella en el Santiago Bernabéu y en los estadios del Mundial de Catar, deberá entregar las llaves de la decisión: un informe detallado que dictamine cuál es el mejor solar para levantar la Nueva Rosaleda, un coloso con capacidad para acoger entre 45.000 y 55.000 almas.

Lo que parecía una carrera de cinco candidatos se ha quedado en un mano a mano entre tres contendientes. El primer filtro del análisis, cuyos resultados se conocieron este pasado domingo, ha dejado fuera a Lagar de Oliveros y a la conocida como Manzana Verde. El sueño de algunos aficionados de ver el estadio en esta última ubicación choca con la cruda realidad urbanística: es un suelo donde ya están previstas 923 viviendas, de las cuales 803 son de protección oficial. Un proyecto de barrio residencial que, simplemente, no casa con un gigante del fútbol.

Sin embargo, entre las opciones que siguen en liza, hay una que empieza a sonar con más fuerza en los despachos municipales. La parcela situada en la ampliación de la Universidad, en pleno corazón de Teatinos, parte con ventaja. No es para menos: cuenta con 66.037 metros cuadrados de suelo y un techo edificable de 14.441 metros cuadrados, pero lo más importante es que el terreno ya respira urbanización avanzada y tiene el planeamiento aprobado. Además, está literalmente abrazada por el Metro, el autobús y las principales vías de acceso. «Las condiciones de accesibilidad son extraordinarias», destacan desde el Consistorio.

El factor emocional de Martiricos

Ahora bien, no todo está escrito. Quien piense que el estadio se mudará a Teatinos sin más, quizá olvida el peso de los sentimientos. La actual Rosaleda, en Martiricos, sigue en la pelea y no piensa rendirse fácilmente. Su principal baza es precisamente esa: está en un «entorno urbano consolidado y con fuerte arraigo social». Es el hogar de siempre, el lugar donde miles de malagueños han crecido viendo jugar a su equipo. Pero las ataduras físicas pesan. Para alcanzar los 45.000 espectadores, habría que morder terreno al viario perimetral y lidiar con un vecino complicado: el cauce del Guadalmedina. Una obra de ingeniería que, cuanto menos, sería un dolor de cabeza.

La tercera en discordia, San Cayetano, juega en otra liga. Aquí hay espacio de sobra, con 124.893 metros cuadrados de disponibilidad, y capacidad de crecimiento a largo plazo. Es la opción que contempla el actual Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) desde 2011. Pero su talón de Aquiles es el tiempo. Para levantar allí el estadio habría que redactar y tramitar planes urbanísticos, ejecutar nuevas infraestructuras de movilidad... En definitiva, muchos años de papeleo y esperas. Demasiados, quizá, para la prisa que tiene el Ayuntamiento por ver el proyecto hecho realidad.

Resurrección tras el adiós al Mundial

Conviene recordar que todo este movimiento no es fruto de la casualidad. El germen del proyecto nació con la ambición de convertir Málaga en sede del Mundial 2030. Aunque la ciudad renunció finalmente a albergar partidos, el alcalde, Francisco de la Torre, lo dejó claro hace unos días: «El estadio nos iba a costar lo mismo con el Mundial que sin el Mundial». Dicho de otro modo, la oportunidad de dar el salto de calidad sigue intacta, aunque ahora sea un reto puramente local.

El regidor también explicó los motivos del portazo a la cita mundialista, y lo hizo sin pelos en la lengua. La respuesta del Ministerio de Transportes para garantizar la movilidad en el estadio actual fue, en sus propias palabras, «espeluznante». Los obstáculos burocráticos empujaron a Málaga a apartarse para no gastar el dinero en algo que podría no llegar a tiempo. «Un desastre para Málaga y España», sentenció De la Torre, dejando claro que la decisión fue tan dolorosa como necesaria .

Ahora, el objetivo ya no es una competición de tres partidos, sino un legado para las próximas décadas. Y ese legado, para ser rentable, no puede vivir solo del fútbol. El futuro estadio necesita ser un centro de negocio activo los 365 días del año. Por eso, el análisis de Typsa y Fenwick Iribarren no solo mira el terreno, sino que incluye un estudio de viabilidad económica preliminar. Se buscan «usos alternativos adicionales al deportivo para conseguir ingresos extra por la explotación del estadio». Restaurantes, tiendas, oficinas o espacios para eventos serán clave para que la operación no sea un lastre para las arcas públicas.

Multicriterio y decisión no vinculante

Las próximas semanas serán cruciales. La segunda fase del trabajo consiste en un detallado análisis multicriterio (AMC) que sopesará con frialdad aspectos urbanísticos, de movilidad, sostenibilidad e impacto social. Con la calculadora en una mano y el plano en la otra, los técnicos deberán proponer la ubicación óptima. Sin embargo, aquí viene el matiz importante: esa propuesta no será vinculante.

El Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y la Diputación, como propietarios del estadio, tendrán la última palabra. De hecho, el pliego de condiciones especifica que la decisión final corresponderá a las administraciones promotoras, que incluso podrían encargar estudios complementarios para confirmar la idoneidad del emplazamiento elegido. Es decir, que el 15 de mayo no será un punto y final, sino un punto y seguido. Lo que ocurra después dependerá de la voluntad política y de la capacidad de acuerdo entre las tres administraciones.

Mientras tanto, los aficionados del Málaga CF sueñan con un estadio a la altura de una ciudad que no deja de crecer. Un estadio que, según los estándares exigidos, deberá cumplir con la normativa UEFA Nivel 4 y tener «la inversión más optimizada posible» . Porque no se trata solo de gastar, sino de invertir bien. Y en ese equilibrio entre el corazón de Martiricos, la lógica urbanística de Teatinos y la pizarra en blanco de San Cayetano, se juega el futuro del fútbol malagueño.

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