La escritora posando con su libro
Entrevista
Cruz Sánchez de Lara: «Las mujeres malagueñas gobernaron la historia de España y EE.UU. desde la sombra»
La escritora descubre en su obra ‘Las gobernadoras’ el poder oculto de las mujeres en la fundación de Estados Unidos
Cruz Sánchez de Lara (Almería, 1972) es una reconocida abogada, activista en derechos humanos y sostenibilidad, entre otras facetas. Su trayectoria profesional incluye haber sido asesora ejecutiva de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para África Oriental, y actualmente preside la organización International Human Rights Law. Desde el mundo del derecho y el periodismo, Sánchez de Lara ha irrumpido en la narrativa histórica con su primera novela, «Las gobernadoras» (Espasa), donde rescata la figura de mujeres que, desde el silencio de los salones y los márgenes del poder, tejieron redes de influencia decisivas para la independencia de Estados Unidos. Su vínculo personal con la historia es profundo, ya que es descendiente directa del malagueño Luis de Unzaga, gobernador de la Luisiana española en el siglo XVIII, un personaje clave en la gesta independentista norteamericana. El Debate charla con ella.
–En Las gobernadoras rescata usted a mujeres que influyeron en decisiones históricas decisivas sin aparecer en los retratos oficiales. ¿Hasta qué punto cree que la historia de España —y también la de Málaga— sigue estando escrita desde una mirada incompleta?
–Por supuesto la historia se ha escrito con una perspectiva miope. Las mujeres, en muchas ocasiones, no podían representar ni ocupar ninguna posición pública, pero eso no supone que no tuvieran un papel fundamental. En el caso de Málaga, solo hay que mirar la Fundación de la Asociación de Damas en 1796, para comprobar la influencia social de muchas malagueñas.
–La novela sitúa a Málaga como algo más que un escenario secundario: casi como un lugar de memoria y origen emocional. ¿Qué tienen las mujeres malagueñas de aquella época que le interesaba especialmente reivindicar literariamente?
–En primer lugar, Luis de Unzaga fue el gobernador de Luisiana en la independencia de los EEUU. Además de ser mi séptimo abuelo fue uno de los protagonistas españoles de aquella época y su mujer, mi séptima abuela Isabel de Saint-Maxent, aunque era de origen criollo se instaló en la Alameda Principal, convirtiéndose en una de las malagueñas ilustres de la época. Pero no era solamente eso, era hermana de la esposa de Bernardo de Gálvez, con lo cual, la historia de Málaga y del nacimiento de los EE.UU., estaban unidos por las esposas criollas de los dos representantes de la Corona Española en los EE.UU. en la época.
Portada del ibro de Sánchez Lara
–Personajes como Isabel o Felícitas Saint-Maxent muestran un poder femenino ejercido desde los márgenes, desde los salones, las alianzas familiares o incluso el silencio. ¿Diría que esas mujeres gobernaban más de lo que la historia oficial ha querido admitir?
–Sí. De hecho, Isabel formó parte de las conversaciones diplomáticas en su casa en La Habana con el heredero del Imperio Británico, el que sería conocido como Guillermo IV.
–La novela conecta Málaga, Nueva Orleans y la independencia de Estados Unidos. Sorprende descubrir que detrás de ese episodio histórico hubo también una red femenina de influencia. ¿Qué fue lo que más le impactó durante la documentación de esa trama invisible?
No solamente me impactó la trama femenina, sino, cómo la Corona Española creó una red de espionaje y suministros para canalizar la ayuda a los colonos independentistas. De hecho, un sector de la CIA considera su precursor al malagueño Luis de Unzaga.
Cruz Sánchez de Lara
–El ingenio y la brillantez femenina han sido las catapultas que han utilizado algunas para trascender por su papel relevante en la historia, pese a estar condenadas al olvido.
–En pleno siglo XXI, cuando tanto se debate sobre memoria, identidad y papel de la mujer, ¿qué cree que pueden enseñarnos hoy aquellas mujeres malagueñas y criollas que «lo decidían todo» mientras el mundo apenas las veía?
–La enseñanza es, que olvidar todo lo que hicieron por nosotros, además de una necedad, supone un desconocimiento de nuestra historia. El debate podría centrarse en olvidar lo malo y lo ofensivo, pero no entiendo por qué este capítulo de la historia no debe formar parte del orgullo español y más en concreto del malagueño.