Más de 40 tejedoras de lana cubren una de las calles principales del pueblo para dar sombra
Ha llamado la atención en todo el mundo
El pueblo de Málaga que se viste de lana en verano para dar sombra con figuras de famosos en sus calles
40 mujeres convierten el calor en arte con toldos de crochet reciclado mientras construyen una segunda familia
El verano aprieta en Alhaurín de la Torre y el termómetro no baja de los 35 grados En julio y agosto, rozar los 40 grados es casi un trámite. Y, sin embargo, pasear por la calle Málaga se ha vuelto una experiencia casi refrescante. ¿El secreto? Un colorido techo tejido a mano que cubre unos 60 metros de longitud y unos 500 metros cuadrados de superficie. Detrás de esa sombra hay cuarenta mujeres con agujas, paciencia y mucho corazón. Seis de esas mujeres, Soledad, María, Sandra, Luisa, Victoria
y Carmen, atienden a El Debate para contar cómo esta iniciativa se les ha ido de las manos,
Se hacen llamar las ganchilleras de Alhaurín, aunque su monitora, Eva Pacheco, las define con otra palabra: «Pese a que tienen entre 47 y 80 años —algunas incluso han llegado a los 86—, para mí son mis niñas. Es inevitable. A veces me vuelven loca, pero la verdad es que más que enseñarles yo, ellas me enseñan a mí. Hay mujeres con muchísimo nivel», asegura con orgullo y ternura.
Eva, que trabaja limpiando aviones en el aeropuerto de Málaga, compagina su jornada con la docencia de crochet. Y es que el taller no surgió por casualidad: nació en 2019, cuando el Ayuntamiento quiso sustituir los antiguos toldos de plástico que, en lugar de refrescar, generaban un efecto invernadero terrible.
Un proyecto que teje rostros de cine
Lo que empezó con siete mujeres se ha convertido en una piña de cuarenta. Y el resultado es espectacular: los techos de crochet no solo bajan la temperatura ambiente varios grados, sino que también se han convertido en toda una galería de arte callejero. Las tejedoras han recreado rostros de famosos como Antonio Banderas, Paz Padilla, Bisbal con sus rizos, Rafael, Juanito Valderrama o Blas Infante.
También hay hueco para Sophia Loren, Marilyn Monroe, entre otros, y hasta la bandera de Ceuta. «¿Yo buena mano? (ríe) yo ya he hecho tres toldos y desbaratado cinco. Sentimos orgullo cuando gusta. Llevo cinco años y no me quiero ir», confiesa una de ellas, con una sinceridad que desarma. El trabajo es titánico: cada pieza puede llevar hasta dos meses de elaboración y se planifica durante todo el año. «Esto tiene un trabajo de todo el año. Y en casa también», añade.
Antonio Banderas o Sophia Loren, algunos de los rostros del cine retratados a punto de crochet
Pero, más allá del resultado estético, lo que realmente emociona es lo que ocurre entre puntada y puntada. «Haciendo crochet, nos relaja y da sombra. Unos cinco grados baja. Con esto llevamos para siete años, renovamos y cambiamos temáticas y colores», explican. «Aquí hablamos más de lo que tejemos. Somos mayores, algunas estamos solas y esto es una segunda familia».
Otra de ellas lo corrobora mientras un vecino pasa en bici y suelta: «Qué fresquito aquí con la bici. Muy bonito». El grupo se ríe, y una clienta anónima lo resume a la perfección: «El descanso de unos es el trabajo de otros. Es duro pero lo hacen fenomenal».
Admiración mundial
Todo el material es reciclado y donado. Nada de cuadritos aburridos como en otros pueblos: «No queremos como todos los pueblos de cuadritos, aquí innovamos». El proyecto ha dado tanto que hablar que hasta les han pedido réplicas desde Finlandia. Eva lo explica con claridad: «Para nuestra tierra lo hacemos gratis, pero el crochet tiene mucha mano de obra. Una manta de dos por dos puede costar 300 euros… imagínate un toldo. Eso no lo entiende mucha gente. Más allá del material, lo que más deberían valorar es la dedicación y el cariño con que se hace».
Las piezas colocadas en la calle vistas desde arriba cobran otra panorámica espectacular
El alcalde, Joaquín Vilanova, no ha ocultado su satisfacción por el tirón turístico de la iniciativa. Y es que las imágenes de estos techos han acumulado más de 427.000 visualizaciones en redes sociales, con felicitaciones llegadas de todo el mundo.
«Ven, a que hace más fresquito aquí? Sí, sí…» dicen ellas mientras una de las integrantes, con una sonrisa de oreja a oreja, señala una pieza: «Ese toldo lo he hecho yo, de una pieza. Rebautizamos Alhaurín de la Torre por Alhaurín del Crochet». Y lo cierto es que no les falta razón. Verlo desde arriba, confiesan, «es también precioso, un mar de manto». La historia más emotiva, sin embargo, es la de Pepa, una de las integrantes que falleció tras tejer catorce piezas en apenas nueve meses, incluso durante sus ingresos hospitalarios. Tejer fue para ella una forma de seguir viva, de seguir siendo útil y de regalar sombra hasta el último momento. Las ganchilleras de Alhaurín no solo han cubierto una calle. Han tejido un refugio, una familia y un orgullo que no se deshace con las agujas.