No solo sardinas... Los espetos de Araceli también son de doradas y calamares, entre otros

Reportaje a una mujer echa a sí misma

Araceli, la espetera que desafía el fuego y el oficio de 'hombres' en la Costa del Sol

Esta cocinera, llegada del secano cordobés, se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la falta de relevo generacional en un oficio que quema y no entiende de género

El espeto de sardinas es más que un plato. Es un ritual, una forma de vida y el mar en Málaga. En esta tradición que huele a madera de olivo y sal, hay un oficio que está sufriendo su peor declive: la falta de espeteros. Entonces, una mujer de Córdoba ha tomado la parrilla para demostrar que no hace falta nacer junto a la playa para dominar el fuego. Su nombre es Araceli; ella sigue siendo un soplo de aire fresco en un sector en crisis.

«Podemos hacer cualquier cosa»

Araceli llegó a la Costa del Sol desde el campo cordobés, de la tierra seca al mar. Cuando surgió una vacante en el chiringuito, se ofreció a buscar a alguien más, pero terminó frente al fuego. «Empecé, me gustó, confiaron en mí, y puse todo mi entusiasmo en la sardina», confiesa a El Debate.

Sabe que su presencia sigue siendo sorprendente: «La gente se sorprende al ver a una mujer frente al fuego», admite. Pero su mano no tiembla: «Absolutamente, es un trabajo de hombres, pero las mujeres podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos». Y lo demuestra cada día, soportando temperaturas de 60 grados o más para asegurarse de que la sardina esté bien cocida.

Arte aprendido con la vista en el mar

El espeto no es solo clavar una sardina en un palo. Tiene su ciencia, y Araceli la ha dominado perfectamente. «La espina hace una V, con la cabeza mirando al mar y la cola hacia la montaña. La giras y no se cae», explica con facilidad y con la soltura que da la experiencia.

Y con su inclinación, la sardina se asa, «soltando su grasa». Pero el fuego es traicionero. Más de una marca me ha dejado. Marcas que se quedan y poco a poco se desvanecen. El fuego es fuego, dice, y son las cicatrices las que forman el carnet de identidad de un oficio que no admite idas y venidas. «Sí, se puede hacer. Es un trabajo bonito con buena materia prima», afirma.

No solo sardinas, por las manos de Araceli pasan doradas y calamares para espetar

«Muy nuestro, no se puede perder»

Por eso la historia de Araceli es tan importante para nosotros. Su ejemplo muestra que si tienes ganas, entusiasmo, amor y cariño, todo se puede hacer bien, argumenta; el oficio puede tener un futuro. La Junta del Espeto sigue luchando para que esta tradición sea designada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO y talleres de formación para esta tradición. «Tenemos que valorar esta profesión que ni siquiera es un oficio», dice. "Queremos inspirar a los jóvenes”, alega Trigueros. Araceli ya ha dado el primer paso.