El flamante campeón haciendo una de sus especialidades
Reportaje
Javi, el joven de 20 años que se ha coronado campeón espetero de Málaga: «Quiero ser el Messi de las sardinas»
El joven de Playa Candela, en Torre de Benagalbón, ganador de la Ruta del Espeto, desvela a El Debate los secretos de su oficio y su ambición de tener su propio chiringuito: «Gano dos o tres mil euros al mes»
Huele a sal, a madera de olivo y a brasa. Ese aroma, tan característico de la Costa del Sol, es el hábitat natural de Javi Vilchez. Con solo 20 años, este malagueño acaba de ser coronado como el mejor espetero de la provincia en la IX Ruta del Espeto, un concurso que reunió a 81 establecimientos. Y no piensa parar ahí.
«Empecé con 16 años»
Javi no llegó a las brasas por casualidad. Creció en el restaurante de su padre, El Zagal, en El Palo. «Me he criado en un bar desde chiquitito», relata. Con 16 años, su progenitor ya lo ponía a prueba. «Tengo 20 años, pero con 16 mi padre me decía que pusiera a hacerlos», confiesa a El Debate. Aquellos primeros espetos, hechos casi como un juego, fueron el germen de todo.
El oficio, además, le venía de sangre. Javi descubrió hablando con su madre que el padre de su abuela ya era espetero. «No tenía ni idea hasta hace nada», recuerda. Un legado que él ha llevado a la cima, aunque el camino no fue fácil. Dejó los estudios a los 15 o 16 años y empezó como camarero. Pronto, dos horas cubriendo descansos del espetero le bastaron para demostrar su valía.
«Contra 80 bares... El niño viene fuerte»
La final de la Ruta del Espeto se celebró en el Balneario - Baños del Carmen. Allí, Javi se midió con los mejores. «Te enfrentas a 80 bares... me conocían y el niño viene fuerte», presume. Y vino, y ganó. Se llevó el premio del jurado por unanimidad y también el del público, un doble reconocimiento que lo confirma como el mejor.
«Gané unánime, también el del público, pero solo me podían dar uno», explica. El jurado valoró múltiples aspectos: el manejo de la candela, la elección de las sardinas por tamaño, dureza y color. «Se valoraba candela, la manejé bien, acerté de dónde venían las sardinas», detalla. Una prueba de fuego en la que cada espetero contaba con solo 15 minutos para elaborar cuatro espetos con dos tipos de pescado.
Javi posa con su premio al mejor espetero entre 80 candidatos
«El fuego es el 80 por ciento»
Para Javi, el éxito no es casualidad. «Mucho cariño, ganas, pasión. La técnica es el día a día», sentencia. Y desvela algunos de sus secretos: «30 grados de inclinación, madera de olivo, el humillo le da saborcillo». La madera de olivo y la inclinación exacta son claves para que el humo impregne el pescado. «El fuego es el 80 por ciento», afirma rotundo.
La técnica, sin embargo, es solo una parte. «O tienes ojos o se te queman», advierte. Porque la vista lo es todo. Distingue una sardina fresca de una que no lo es por el color de los ojos, la piel o la firmeza del cuerpo. «Todos los días me veo este pescado y sé si es bueno o no», asegura. Un ojo clínico que solo da la experiencia.
«Espeto sin mirar»
Esa experiencia le ha dado una destreza casi sobrenatural. «Hablo contigo y puedo espetar las sardinas sin mirar», dice con la seguridad de quien ha pinchado miles de cañas. «Se espetan por detrás de la espina, se ponen de cara y la espina lo aguanta», explica. Pero matiza: «Me lo han enseñado, pero también la práctica. La espina no aguanta para que no se caiga». Un detalle que solo los auténticos maestros conocen.
Su habilidad le ha valido comparaciones, pero él las frena. «Para ser el Messi de los espeteros tiene trabajo, no hay otra», admite con humildad. A pesar de su juventud, Javi se ha ganado el respeto de un sector que, al principio, lo miraba por encima del hombro. «Tú eres muy niño, no vas a poder», le decían. Hoy, calla bocas con cada espeto que clava en la candela.
El mejor espetero con otros productos del mar que pasan por sus brasas
«Muchos que estudian no viven»
Javi no es un joven al uso. Mientras muchos de sus amigos prefieren la playa, él está pegando la espalda al sol, oliendo a pescado y tragando humo. «A mis amigos les digo que se vengan y prefieren la playa», cuenta. Y lanza una reflexión que invita a pensar: «Conozco muchos que estudian y no viven». No menosprecia los estudios, pero defiende los oficios: «Es bueno estudiar, pero hay trabajos como albañil».
Y es que, en su oficio, el esfuerzo tiene recompensa. «Si son como yo, buenos, pueden ganar mucho dinero. 2 o 3 mil euros al mes», asegura. Una cifra que contrasta con la precariedad de muchos empleos para jóvenes. «Un buen espetero gana muy bien. Si eres bueno, puedes pedir lo que quieras», sentencia.
El deseo de tener su negocio
El futuro de Javi pasa por las brasas. «Quiero ganar muchos premios y ser dueño de mi propio chiringuito», confiesa a El Debate. Un sueño que no parece tan lejano para quien ya ha demostrado ser el mejor. «¿Te imaginas yo con un negocio propio?», lanza al aire, con la mirada puesta en un horizonte que huele a sardina y a mar.
Mientras tanto, el «niño» que llegó fuerte a la Ruta del Espeto ya es un hombre hecho y derecho. Un espetero que no necesita mirar para pinchar, que conoce el punto exacto de las brasas y que aspira a ser dueño de su propio destino. Y, quién sabe, quizá el próximo Messi de las sardinas.