Fachada de los corralones de la calle Castellar

Fachada de los corralones de la calle CastellarJ. Rodríguez González | El Debate

Sevilla

Los okupas de Castellar, la pesadilla de unos vecinos de Sevilla hartos de peleas y «yonkis»

Los vecinos tienen miedo a ser agredidos por los okupas, que se presentan como víctimas tras el último enfrentamiento con una empresa de desokupación

Ha sido una de las noticias de la semana en Sevilla. La Policía Nacional detuvo el martes a tres personas tras un intento de desokupación en los corralones de la calle Castellar, en pleno Casco Antiguo. Así se han saldado, por el momento, los incidentes que ha habido en los últimos días entre quienes viven ilegalmente en ese edificio desde hace años y una empresa dedicada a expulsar a ese tipo de inquilinos, contratada por la propiedad del inmueble.

El enfrentamiento suscitó inmediatamente un gran revuelo mediático, con multitud de cámaras de televisión en la puerta del inmueble. En los últimos días se han sucedido también los reportajes y entrevistas a las partes implicadas en el suceso, tanto a los okupas –que se presentan como vecinos– como al responsable de la empresa de desokupación, que ha lamentado el espectáculo y la agresión sufrida por un reportero gráfico del diario ABC que fue alcanzado por gas pimienta.

Según la Asamblea de los Corralones, «la propiedad Garajes Santa Inés, bajo el mando de Rocío M. B., ordenó a su empresa de matones realizar un allanamiento violento en Los Corralones, donde forzaron, agredieron y sacaron a la fuerza a las 3 personas que estaban dentro».

«Una vez en la calle, las vecinas y compañeras acudieron a socorrer a las personas agredidas por Desokupas García, al mando de ellos Miguel y Tamara. Mientras se esperaba la llegada de la policía, Desokupa ha cargado fuertemente contra las vecinas y personas que estaban en la calle pegando y rociando con gas pimienta, hasta el punto de necesitar atención médica y hospitalaria urgente 7 personas. Pero lo más importante: las inquilinas lograron entrar nuevamente a la casa. Hoy ha sido una victoria del barrio…».

Por su parte, en un comunicado de prensa, y lejos de defender la actuación de la empresa de desokupación, «la propiedad denuncia la situación que asegura estar sufriendo como consecuencia de la ocupación del inmueble. Según expone, las personas que permanecen en la finca accedieron a ella sin autorización y carecen de cualquier título o contrato que legitime su permanencia en la propiedad».

De hecho, existe una sentencia favorable de desahucio a la que ha tenido acceso El Debate. Lo cierto es que se trata del último documento oficial que existe alrededor de esta polémica. Notificado el 20 de octubre de 2021, efectivamente, señala el «lanzamiento de la parte arrendataria de la finca de C/ CASTELLAR 48-50, CORRALÓN LOCAL Nº 13 el próximo día OCHO DE MARZO DE 2022 A LAS 10:00 HORAS…». La parte arrendataria era Estefanía R. G., que regresó al inmueble pese a la sentencia.

El miedo de los vecinos

En medio de todo este conflicto se encuentran los vecinos del barrio de la Feria. Los más afectados, obviamente, quienes viven en la misma calle Castellar, hartos de peleas, ruidos y «yonkis». El Debate ha podido hablar con varios de ellos, que prefieren no identificarse por miedo a represalias por parte de los okupas, mismo motivo que han esgrimido para no salir en televisión. Hablando en plata, tienen miedo a ser agredidos por los okupas.

«Es el pan nuestro de cada día», afirma una vecina «de toda la vida del barrio», en referencia a lo sucedido este pasado martes. «En mi casa, en vez de ver Netflix, nos asomamos al balcón», añade otra, que se muestra igualmente indignada ante «periódicos que ponen de buenos a los okupas». «Es que incluso les dicen a los okupas que hagan las entrevistas desde el balcón aunque puedan bajar en realidad», apostilla.

Estefanía, considerada la líder de los okupas, se ha quejado en varias entrevistas de que los miembros de la empresa de desokupación no les dejaban salir del edificio. Sin embargo, El Debate ha podido constatar que se pasea tranquilamente por la calle en compañía de su pastor alemán. Los vecinos denuncian, por cierto, que este can, supuestamente sin chip ni vacunas, ha mordido a otros perros, pues anda suelto, sin su pertinente correa.

Los incidentes son recurrentes en los corralones, donde también se ubican el colegio Calderón de la Barca y talleres de artesanos que viven con incertidumbre esta situación. La zona también ha sufrido recientemente actos vandálicos, como pintadas en la fachada de un supermercado situado junto a la vecina plaza de San Marcos, replicadas en otros puntos. En ellas se podían leer mensajes como «NI UN HOTEL EN CASTELLAR».

Pintada contra la supuesta compraventa de los corralones a una empresa hotelera, en una

Pintada contra la supuesta compraventa de los corralones a una empresa hotelera, en una imagen del pasado mes de mayoCedida

La compraventa de los corralones para, precisamente, construir un hotel o apartamentos turísticos es un «bulo» para justificar la okupación del inmueble, según la propiedad, con la que ha contactado El Debate. Nos explica que un proyecto así es inviable desde el punto de vista urbanístico, aunque reconoce que su intención es vender el edificio tras acometer una reforma porque los alquileres ya no le son rentables y que recibió una oferta en 2016.

«Actualmente no hay absolutamente nada sobre la mesa ni en el Ayuntamiento. El edificio no tiene cédula de habitabilidad ni división horizontal como para montar apartamentos turísticos. Yo no sé de dónde leches han sacado eso, ni mucho menos un hotel. Hoy día ni siquiera puedo alquilarlo porque los okupas me lo han destrozado todo», nos cuenta Alejandro, propietario de los corralones y marido de Rocío M. B., mencionada por la Asamblea de los Corralones.

«Estamos destrozados. Nos persiguen, insultan y agreden físicamente. A mí me partieron la nariz al defender a mi mujer de una chica que la intentó apuñalar con un punzón en una manifestación que los okupas convocaron a través de redes sociales. Hubo más de 150 personas. No hay derecho», añade. La agresión está judicializada.

Agresión al portero

La propiedad contrató hace tres décadas a un hombre como portero del edificio. Hace unos meses también fue agredido por los okupas. Testigos de ello fueron los vecinos de la calle. Esta agresión fue, precisamente, el detonante para que la propiedad contratara en diciembre del año pasado a la empresa de desokupación, que «es completamente legal», al contrario de lo que se dice. «Así hemos evitado que nos okupen el edificio entero», afirma Alejandro.

A raíz de ello se han sucedido los enfrentamientos, con ataques como el protagonizado por un grupo de 40 encapuchados que, según los vecinos, apalizaron a varios 'antiokupas'. Esa imagen quedó grabada en vídeo y también en la memoria de una pequeña vecina que tiene recurrentemente pesadillas con ello, según otro residente. «El estruendo de esa manada corriendo, imagínate», asegura.

Los ruidos, en general, han ocasionado problemas de sueño en varios vecinos, que denuncian fiestas nocturnas en los corralones, así como menudeo de droga. «Mi hija no duerme con los jaleos que hay», señala una vecina. Hay también universitarios que no pueden estudiar en sus casas y se ven obligados a ir a la biblioteca para hacerlo.

Así pues, las situaciones de conflicto alrededor de los corralones de la calle Castellar van más allá de lo ocurrido este pasado martes. De hecho, vienen de lejos, aunque en los últimos meses la tensión se haya recrudecido ante los intentos de la propiedad por recuperar lo que es suyo.

El colegio Calderón de la Barca

Esta conflictividad alrededor de los corralones también afecta a los talleres de artesanos que funcionan en este enclave y empeora la situación que sufre el colegio Calderón de la Barca, ubicado en su número 52. Se trata de un centro gestionado por una cooperativa que tiene un concierto con la Junta de Andalucía y un contrato de alquiler que, según la propiedad, expira en un año.
A esta incertidumbre se suma un descenso continuado del alumnado, debido a la caída de la natalidad y a que muchas familias del Casco Antiguo evitan solicitar plaza en el colegio por la propia conflictividad que hay en su entorno. Esta circunstancia dificulta la captación de nuevas matriculaciones y agrava la delicada situación que atraviesa el centro.
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