Necrópolis de Puig des Molins, IbizaWikimedia Commons

Ibiza

¿Sabías que Ibiza tiene una necrópolis púnica considerada Patrimonio de la Humanidad?

Se trata de una de las necrópolis más importantes del Mediterráneo

Ibiza no es solo una isla para la fiesta y el descontrol. Es también un bello lugar, con playas paradisíacas, pueblos pintorescos y monumentos históricos que sorprenden a todos los que deciden acercarse a este enclave del Mediterráneo.

Entre esos lugares poco conocidos que impresionan a los visitantes se encuentra la necrópolis Fenicio-Púnica del Puig des Molins, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999. Esta necrópolis, una de las más importantes del Mediterráneo, fue el cementerio de la ciudad desde su fundación fenicia en el siglo VII a.C. y se caracteriza por sus miles de hipogeos (tumbas subterráneas) y un importante museo que exhibe el legado de las culturas fenicia, púnica y romana.

Los hallazgos de Puig des Molins

A lo largo de los siglos, los ajuares funerarios de los hipogeos han sido objeto de expolio continuo, una práctica que ha provocado graves daños estructurales en las cámaras subterráneas. Las finas paredes que originalmente separaban unas de otras han sido derribadas, facilitando el tránsito oculto entre ellas y generando, con el tiempo, un entramado de pasadizos que evoca el aspecto de una cueva laberíntica.

Los hipogeos albergan enterramientos que responden a distintos ritos funerarios según el periodo histórico: en algunos casos, se trata de inhumaciones, mientras que en otros se documentan cremaciones. En su interior, los arqueólogos han hallado ajuares que incluyen centenares de figurillas modeladas en barro cocido. En ciertas excavaciones incluso se han descubierto moldes utilizados para la elaboración de estas piezas, lo que evidencia una producción artesanal organizada.

Estas figuras, que en ocasiones representan al propio difunto y en otras a divinidades protectoras o a animales considerados sagrados, solían disponerse junto a diversos objetos simbólicos: amuletos, vasijas con ofrendas, lucernas empleadas como lámparas, pequeñas hachuelas de carácter votivo, algunas joyas —aunque en menor número— y monedas, probablemente vinculadas al pago del tránsito al más allá.

Las imágenes de carácter divino se relacionan casi siempre con el culto a Deméter y Coré, dos deidades asociadas a la fertilidad y al ciclo de la vida y la muerte, que gozaron de gran veneración en el ámbito mediterráneo, especialmente desde la segunda mitad del siglo V a. C.

Las representaciones del difunto varían, aunque predominan las femeninas, caracterizadas por una decoración minuciosa y una notable riqueza ornamental, todo ello ejecutado en terracota. Las figuras masculinas, con o sin barba, también están presentes, aunque en menor medida. Desde el punto de vista estilístico, estas piezas pueden clasificarse en tres grandes corrientes artísticas: egiptizante, púnica —la más recargada y ornamental— y griega.

La coexistencia de estos tres estilos responde a la amplitud cronológica de los enterramientos, que abarcan desde el siglo V a. C. hasta el periodo romano, lo cual refleja la diversidad cultural y las influencias artísticas que confluyeron en la isla a lo largo de los siglos.